¿Quiénes eran los Reyes Magos?

 

Magos de Oriente. Verdad y curiosidades Reyes Magos

Imágenes obtenidas de freepik.es 

Hace dos mil años, en un establo de la ciudad de Belén, nació un niño considerado el Hijo de Dios. Ocurrió además que tres reyes magos, llamados Melchor, Gaspar y Baltasar, se presentaron ante él tras un largo viaje desde oriente siguiendo una estrella. Adoraron al recién nacido y le regalaron incienso, oro y mirra. Así nos lo cuenta la tradición, pero, ¿qué hay de cierto en todo esto?, ¿qué sabemos sobre estos personajes?, ¿existieron?


Para conocer la realidad detrás de toda historia, debemos comenzar por su origen, que en este caso es el Evangelio de Mateo , de finales del s. II d.C. (Nieto y Torres, 2024), el único evangelio que nos habla de ellos. El autor de esta obra nos habla unos “magos de las partes de oriente”, que aparecen en Jerusalén ante el rey Herodes preguntando por el rey de los judíos que ha nacido, pues vieron su estrella y vienen a postrarse ante él. Herodes, tras convocar, a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, les responde que según la profecía debía nacer en Belén. Una vez allí: “Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y se postraron ante él. Luego abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalos oro, incienso y mirra”. Si comparamos este pasaje con la historia que nos ha llegado, encontramos grandes diferencias, y es que muchos elementos son añadidos posteriores que irán surgiendo a lo largo del tiempo con el objetivo de completar la historia y responder a las cuestiones que surgen al intentar conocer a estos personajes. Establecer un origen y una cronología exactos sobre cada uno de los elementos añadidos resulta muy complejo y en muchos casos imposible, por lo que no podemos presentar la evolución exacta de la historia de los reyes magos. No obstante, sí una evolución aproximada, como haremos a continuación.


Lo único que conocían los primeros cristianos acerca de estas misteriosas e importantes figuras es lo relatado en el Evangelio de Mateo. Es por ello, que como hemos comentado, empiezan a surgir diferentes cuestiones y por tanto consecuentes teorías o suposiciones. Una de ellas es su número. En las primeras representaciones que tenemos de la Adoración de los Magos entre los siglos III-IV d.C. el número varía entre dos y cuatro, aunque también encontramos números más grandes en otras tradiciones como entre los coptos, dónde aparecen doce (U. de Navarra). Aunque en la primera representación que conocemos, una pintura perteneciente a la Capella Greca de las catacumbas de Priscila (Roma), aparece ya el número exacto de tres. La suposición de este número parece que fue el vencedor, cifra que ya defendía el teólogo Orígenes de Alejandría, del siglo III s. C. El motivo parece ser sencillo. Según piensan la mayoría de expertos de este tema, la idea de que fueran tres magos provendría de asociar el número de personas al número de regalos (incienso, oro y mirra). Cada regalo sería de un mago. Además, este número siempre ha tenido mucha importancia en el plano de la religión, como bien sabemos. La tradición repitió esta suposición, como vemos en distintos evangelios apócrifos que iremos comentando a continuación, hasta que el papa León I lo oficializa en el s. V d.C.  


Quiénes eran los Reyes Magos

Representación de los Magos en número de tres en una pintura de la Capella 
Greca en las catacumbas de Priscila, Roma) (s. II d.C.). 
Imagen obtenida de  (enlace)

Quiénes eran los Reyes Magos de Oriente. Verdad y curiosidades Reyes Magos

Representación de los Magos en número de dos en una pintura de la 
Catacumba de los Santos Pedro y Marcelino, Roma (s. IV d.C.).
Imagen obtenida de (enlace).

La cuestión de los nombres resulta más compleja, siendo su origen desconocido. Los nombres irían variando según el lugar y el tiempo, así como presentando variaciones al traducirse de un idioma a otro. Los que trascendieron y que conocemos hoy en día, “Melchor, Gaspar y Baltasar”,en su versión castellanizada, los encontramos por primera vez en el siglo VI d.C. (aunque ya encontramos formas parecidas antes). Por un lado, tenemos el muy conocido mosaico de la Basílica de San Apolinar Nuovo en Rávena, donde aparecen escritos junto a las figuras. Por otro lado, tenemos el Evangelio Armenio de la Infancia, un texto apócrifo cuya datación resulta compleja y varía según el autor, aunque podría situarse en el siglo mencionado. Este texto resulta de lo más interesante, ya que nos relata una gran historia detrás de los magos, y que respondería al gran interés que fue surgiendo acerca de estos personajes. Entre muchas cosas que nos cuentan, cómo que iban acompañados de un gran ejército de 12.000 jinetes, se nos dice lo siguiente: “Y los reyes de los magos eran tres hermanos: el primero, Melkon, que imperaba sobre los persas; el segundo, Baltasar, que prevalecía sobre los indios; y el tercero, Gaspar, que poseía el país de los árabes”. Aquí vemos no solo los nombres, sino la mención a que eran reyes, idea que ha perdurado hasta hoy, además de sus nacionalidades y curiosamente, que serían hermanos. Fueron muchas las historias que fueron surgiendo acerca de los magos, cada una con sus diferencias y similitudes. 


Quiénes eran los Reyes Magos de Oriente. Verdad y curiosidades Reyes Magos

La adoración de los Magos en un mosaico de la Basílica de 
San Apolinar Nuovo, Rávena (s. VI d.C.).
Imagen obtenida de (enlace).

El Evangelio árabe de la Infancia, tal vez del siglo VII d.C. (U. de Navarra), nos habla, entre muchas otras cosas, de que los magos eran tres hijos de reyes persas, una versión diferente a la del otro evangelio apócrifo. Como curiosidad, sitúa el nacimiento de Jesús en una cueva, un elemento muy común en los textos apócrifos. Otro texto que mencionaremos es el Evangelio de pseudo-Mateo, cuya datación podría situarse entre los siglos V-VI d.C. (Nieto y Torres, 2024), en él, aparece la idea antes mencionada de que cada regalo pertenecía a un mago, siendo tres por supuesto. Además cada uno le ofreció al recién nacido una pieza de oro. 


El sentido de cada uno de los regalos es un tema que como el resto surgiría y evolucionaría con el paso del tiempo. “Según el Papa San Gregorio I Magno (540-604 d.C.), se ofrece oro a Jesucristo cuando se le venera como a rey del mundo, incienso cuando se le adora como a verdadero Dios y mirra, cuando se conmemora su humanidad” (U. de Navarra). En el Excerptiones Patrum, texto atribuido erróneamente al erudito y monje anglosajón Beda el Venerable (673-735 d.C.), se nos dice lo siguiente: “El primero de los Magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera cana y luenga barba…fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena, testimonió ofreciéndole mirra, que significa que el Hijo del Hombre debía morir”. Aquí se muestra también la cuestión de las edades, representando cada mago una edad del hombre. Aunque la versión que nos llegará será la que encontramos en la obra Catalogus Sanctorum (s. XV) de Petrus de Natalibus, donde Melchor tenía sesenta años, Gaspar cuarenta y Baltasar veinte. Volviendo a Excerptiones Patrum, también vemos por primera vez a Baltasar con la piel negra, y así lo veremos representado, eso sí, no hasta el el s. XV. Y es que “a partir del siglo XIV, por la vocación ecuménica de los predicadores y en el contexto de los viajes y descubrimientos de la época, un simbolismo inédito hasta entonces identificó a los tres Magos con los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, que según el Antiguo Testamento, representaban las tres partes del mundo y las tres razas humanas que lo poblaban. De este modo, Melchor pasó a simbolizar a los herederos de Jafet, los europeos; Gaspar representaría a los semitas de Asia; Baltasar personificaría a los hijos de Cam, los africanos. De ahí arranca asimismo la tradición de representar a los Magos montados sobre animales correspondientes a sus geografías: un caballo, un dromedario y un elefante, respectivamente” (U. de Navarra). Vemos que con el paso del tiempo se les fue dotando de un importante simbolismo, representando cada uno una parte del mundo y a una edad del ser humano, representando la adoración de todas la humanidad ante el nuevo Mesías.


Quiénes eran los Reyes Magos de Oriente

"La Adoración de los Reyes Magos" (1565 - 1570), Luis de Morales. 
Conservado en el Museo del Prado (Madrid). 
Imagen obtenida de (enlace).

Como hemos visto, casi todo lo que conocemos de los magos que según el Evangelio de Mateo adoraron a Jesús, proviene de una larga tradición que surgió a partir de suposiciones y leyendas, siendo algunas las que se mantendrían con el paso del tiempo, y siendo otras abandonadas o no heredadas por la tradición cristiana occidental. Muchas de estas ideas serían recogidas y expandidas por textos apócrifos que no tendrían porqué ser el origen de las historias o ideas que contienen, sino sobre todo la puesta en escrito y recopilación de leyendas transmitidas de forma oral. El relato de los magos y su adoración iría construyéndose con el paso del tiempo, siendo muy tratado en la antigüedad tardía y principios de la Edad Media, hasta que se conformaría la historia que nos ha llegado hasta nuestros días, así como lo que representan. 


Una vez separados los elementos entre los que forman parte del pasaje original y los que fueron añadiendose a lo largo de la tradición cristiana, volvemos al Evangelio de Mateo para tratar los aquí presentes, y analizar por tanto directamente quienes eran aquellos personajes. La realidad es que todo lo que conocemos del nacimiento de Jesús, como defienden gran parte de los entendidos de este campo, es ficticio. Conforme los seguidores de Jesús fueron creciendo y se fue formando la religión, fueron surgiendo cuestiones y preguntas acerca de la vida y divinidad de Jesús, siendo su nacimiento algo clave en ello. Era un tema recurrente en todas las religiones de la época. Ante la falta de conocimiento de cómo se produjo este acontecimiento, debió ocurrir como con la historia de los Reyes Magos, surgirían ideas divergentes que irían uniéndose y abandonandose a la vez que se construirían uno o varios relatos que se transmitirían durante los primeros años de la tradición cristiana. Es por ello que en el evangelio de Marcos, el más antiguo, datado aproximadamente entre el 60-75 d.C. (Nieto y Torres, 2024), no se nos cuenta nada acerca del nacimiento. Será más tarde cuando aparezca la historia del nacimiento, exactamente en los evangelios de Lucas y Mateo, ambos del 80-95 d. C. (Nieto y Torres, 2024). El de Juan por su parte tampoco menciona nada, seguramente porque en la tradición que ellos seguían, no debió haber tanta preocupación por este tema o no buscaron darle respuesta. Los evangelios que sí tratan la cuestión del nacimiento, Lucas y Mateo, no presentan una simultáneo historicidad. Si bien tienen puntos en común como la anunciación, la virginidad de María, y Belén como el lugar del nacimiento, hay muchos elementos contradictorios. De hecho, a diferencia de la versión más conocida procedente de Lucas de Jesús naciendo en un establo, según el autor de Mateo, Jesús nació en su propia casa en Belén: "Entraron en la casa y vieron al niño con María”. Por tanto, la imágen de los Magos entrando en un establo es errónea, no aparece en el Nuevo Testamento, y surge de la mezcla de ambos relatos por la tradición posterior. Volviendo a la línea principal tratada, si bien este es un tema que para muchos es cuestión de fe, desde el análisis del historiador, se entiende que la aparición y adoración de los Magos, no es sino un elemento legendario que el autor de Mateo introduce en el relato del nacimiento de Jesús. Debemos por tanto, no intentar descubrir quienes eran en realidad, sino que representan o simbolizan.


Y eso nos lleva a la primera e inevitable pregunta, ¿qué era un “mago”? Esta era: “una palabra persa que designaba a los miembros de la casta sacerdotal, término adoptado en el mundo griego para designar a sabios, teólogos y astrólogos de diversa procedencia oriental. La actitud del mundo helenístico y romano hacia los magos y la magia es ambigua. Entre los judíos predominaba la visión negativa (véase Dn 2,2-10), por lo cual cabe constatar el efecto sorpresa de este episodio narrado por Mt.” (Antonio Piñero, 2021).


Quiénes eran los Reyes Magos. Verdad y curiosidades Reyes Magos

Sacerdotes zoroástricos, religión predominante del Imperio Persa. Grabado de 'Usi e Costumi di Tutti i Popoli dell'Universo' de Borroni y Scotti", 1860. Imágen obtenida de (enlace).


La adoración de unos magos ante Jesús, podría representar, cómo interpretan la mayoría de estudiosos, el reconocimiento y la reverencia de los más sabios de la época, y de las demás religiones, ante el nuevo Dios. Aquellos que leyesen este pasaje, sin duda pensarían que si sabios de otras religiones fueron a adorar a Jesús, este sería el único y verdadero.  La utilización de magos para transmitir este mensaje, a pesar de la visión negativa dentro del judaísmo hacia estos, y más allá de que esté escrito directamente en griego (koiné) es una muestra de que el cristianismo nace en un contexto cultural griego además de judío. Un detalle también a mencionar en relación a la palabra “mago”, es que su origen persa debió de ser el motivo por el que la tradición cristiana en época antigua soliese atribuir la nacionalidad persa a estos personajes. 


Los otros dos elementos a comentar que aparecen en el pasaje son los regalos y la estrella. La interpretación que se le da al significado de los regalos actual, ya hemos visto que surgió tiempo después. El sentido original pudo ser, o bien ese, o bien alguno que desconocemos, o directamente no tener ninguno exacto. El oro, el incienso y la mirra, eran elementos típicos en las ofrendas religiosas en la antigüedad. Seguramente no signficasen nada individualmente, sino que lo que el autor nos quería decir con estos presentes, es que los magos lo trataron como a un Dios. En cuanto a la estrella, la tradición nos ha hecho llegar de que se trataba tanto de una estrella fija como de una en movimiento, es decir un cometa. En el Evangelio de Mateo, los Magos dicen lo siguiente: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en oriente y hemos venido a postrarnos ante él”. Es decir, dicen que han visto la estrella del “rey de los judíos”, es decir, de Jesús. Resulta muy interesante el comentario que hace Antonio Piñero sobre ello: “gr. áster, «estrella» o «planeta», pero no cometa (kometés). La idea de que cada ser humano tiene su estrella se halla ya en Platón (Timeo 41, d) y era una creencia popular en el ámbito de la astrología (véase Clemente de Alejandría, Eclogae 55.1; Excerpta ex Theodoto 69-71;Hipólito, Refutatio IV 1-7; Evangelio de Judas, 42,7-8), aunque combatida por los ilustrados (véase Plinio el Viejo, Historia natural II 28). El tema no es bíblico; aparece una sola vez en Nm 24,17, donde el profeta Balaán habla de la estrella de Jacob que se levanta” (Antonio Piñero, 2021). Si cada ser humano tenía su estrella, cuando Jesús nació, debió aparecer una nueva. La cuestión aquí es que si Jesús era el Hijo de Dios, sin duda su estrella debería brillar más que el resto, idea que vemos en los evangelios apócrifos. El autor de Mateo recurre a esta creencia astrológica para explicar el porqué de la llegada de los Magos. Además de dar “un argumento científico” a favor de la divinidad de Jesús.


Quiénes eran los Reyes Magos

"La Adoración de los Reyes Magos" (1609), Rubens. 
Conservado en el Museo del Prado (Madrid).

Todas estas historias que nacen para explicar aspectos de la vida de Jesús y la nueva religión así como para resolver cuestiones y preguntas ante temas que se desconocían, como el nacimiento, se enfrentarían a constantes añadidos fantásticos así como a intentos de ser explicadas. Que las figuras de los Magos naciesen para convencer a los no creyentes de la naturaleza divina auténtica de Jesús con la adoración de los sabios de otras religiones, no quiere decir que no se intentase con el paso del tiempo explicar o buscar sentido a estos personajes o a este acontecimiento. ¿No seguimos a día de hoy intentando comprender quienes eran y el porqué de su adoración? Cuestión de la que nace este texto. En definitiva, todo apunta a que estas legendarias figuras fueron creadas con un sentido simbólico para mostrar al mundo a Jesús como el verdadero y único Mesías y Dios en la Tierra. Como toda leyenda contada de boca en boca, el relato iría construyéndose hasta quedar reflejada en el Evangelio de Mateo. Y tras ello, ante las muchas dudas sobre estos personajes que irán surgiendo, se irán creando todo tipo de ideas sobre ellos creando la tradición todo lo que se dice de ellos hoy en día. Desde entonces, existiesen o no, fuesen pocos o muchos, visitan las casas de muchos niños cada año trayendo ilusión a las casas.


-Bibliografía y notas: 

-González, E. "Los Evangelios Apócrifos" (digitalizados por la Universidad de Granada

-Nieto, J. M. y Torres J. M.(2024) "Historia de la literatura cristiana en la Antigüedad" , Ciudad Nueva

-Piñero, A. (2021) "Los libros del Nuevo Testamento. Traducción y comentario", Trotta.

-Universidad de Navarra (2013), Guía de la exposición: "Los Reyes Magos. Entre los textos y el arte".


Notas: Las citas al Evangelio de Mateo proceden de la traducción de la obra de Antonio Piñero, las de Excerptiones Patrum, de la guía de la exposición de la Universidad de Granada. El resto, de la obra de Edmundo González.






La resistencia de Numancia

 

La guerra numantina. Batalla de Numancia. Asedio de Numancia.

Ilustración susperior de Radu Oltean para Desperta Ferro. Cuadro inferior "El último 
día de Numancia" (1881), de Alejo Vera, en la Diputación Provincial de Soria.



“Numancia, así como en riqueza fue inferior a Cartago, Capua y Corinto, por su valor y dignidad fue igual a todas, y por lo que respecta a sus guerreros, la mayor honra de Hispania” (Floro, I.34.1;trad. g. Hinojosa e I. Monero). Pocas ciudades han pasado a la Historia siendo admiradas por Roma. Incluso los propios autores romanos intentaron aumentar su gesta escribiendo que la ciudad no tenía murallas, y es que la resistencia de los numantinos es sin duda una de las más admirables que encontramos en la antigüedad, y a la vez un episodio marcado por el sufrimiento y que muestra hasta dónde es capaz de llegar el ser humano por no rendirse ante su enemigo. Pero, ¿cómo se llegó a ese punto?


Nos situamos en el siglo II a. C. Desde que Roma se hizo con el control de gran parte de la Península Ibérica tras su guerra contra Cartago, los intereses expansionistas y económicos de la Gran Urbe fueron chocando con los deseos de las ciudades del interior de mantener su independencia, teniendo lugar como consecuencia de ello las llamadas Guerras celtíberas. Al suroeste del río Ebro se encontraban los conocidos por los romanos como los pueblos celtíberos, debido a su mezcla cultural entre iberos y celtas. Estos eran diferentes pueblos formados por ciudades independientes que ejercían hegemonías y alianzas entre ellos, llegando, fruto de esto último, a formar grandes ejércitos si era necesario. Y lo fue en su guerra contra Roma. No obstante, como de costumbre, esta no faltó a su cita con la victoria, logrando imponer su dominio en las dos primeras guerras celtíberas. Eso sí, no fácilmente. Habría además una tercera guerra, en la que nosotros nos situamos, cuyo resultado fue el mismo, pero su desarrollo, digno de mención.


Conquista romana de Hispania
 
Mapa donde se muestra la localización de Numancia y el área de expansión 
romana en la época de la guerra numantina. Fuente: (Ver enlace)

Las hostilidades entre celtíberos y romanos volvieron en el año 143 a.C., tal vez, por los triunfos de Viriato más al sur, como nos dice Apiano. Parecía ser un buen momento para la sublevación, y así lo aprovecharon. El primer cónsul romano que aparece en escena será el exitoso Metelo, quién logrará una serie de victorias iniciales hasta ser sustituido por Quinto Pompeyo Aulo. Recordemos que el puesto de cónsul durante la República romana (eran dos) era renovado anualmente, por lo que en las guerras republicanas vamos a encontrar constantemente un cambio de generales, y esta no es una excepción. El nuevo general acampará cerca de Numancia, la ciudad que lideraba la guerra, pero se verá obligado a huir. Numancia disfrutaba de una gran localización estratégica, ocupando el elevado y extenso cerro de La Muela De Garray (Soria), desde donde dominaba una amplia llanura que atravesaba el río Duero. Un río navegable que además, junto al Merdancho, daba protección natural a la ciudad. Al igual que las zonas lagunares y pantanosas, y espesos bosques que se encontraban en los alrededores. 


La guerra numantina. Batalla de Numancia. Asedio de Numancia.

Fotografía aérea de los restos de Numancia.


La guerra continuará trayendo consigo un gran número de bajas, y no solo por las batallas, sino sobre todo por las malas condiciones de vida y las enfermedades, quedando el ejército romano bastante diezmado. Quinto Pompeyo, ante esta situación, llegará a un acuerdo de paz que él mismo rechazará después. E igual lo hará su sucesor. Los numantinos protestarán el incumplimiento del acuerdo con una embajada ante la propia Roma, pero ésta decretará la continuidad de la guerra. De nuevo de fracasará intentando tomar la ciudad de Numancia. Nos situamos ya en el 137 a.C., con la llegada del nuevo cónsul Hostilio Mancino. Su labor se caracteriza, según las fuentes, por resultar en un estrepitoso fracaso que acabó con un nuevo tratado de paz con tal de salvar a su ejército.


Batalla de Numancia. Conquista romana de Hispania.

Emboscada a caravana romana (Autor Akshay Misra).


Mientras Roma se pronunciaba sobre este, M. Emilio Lépido, el nuevo cónsul, incumplía órdenes del Senado emprendiendo una guerra contra los vacceos, pueblo situado más al oeste, resultando esta en un fracaso que provocaría que fuese relegado. Sus intenciones eran cortar las rutas de suministros de Numancia y poder aislarla. Roma, por su parte, declarará indignos los tratados de paz de Pompeyo y Mancino, siendo este último entregado atado y desnudo a los numantinos. El encargado de tal tarea será el nuevo cónsul L. Furio Filón, quién como sus antecesores, no logró resolver el conflicto. Sus ataques se limitaron a los vacceos nuevamente, que se había convertido en una forma de evitar el conflicto directo con los numantinos. Pero todos sabían que para acabar con la guerra, Numancia debía caer. 

La mejor forma de superar una pesadilla, y Numancia se había convertido en una, era mediante otra pesadilla. Y esta también tenía nombre propio: Publio Cornelio Escipión Emiliano, nieto adoptivo del famoso Espición Africano, y autor de la derrota definitiva de Cartago con su destrucción. 

Lo primero que hará nada más llegar a Hispania en el 134 a.C. será imponer disciplina un ejército desmoralizado. Tras ello, emprenderá una campaña contra los vacceos al igual que sus antecesores pero consiguiendo definitivamente cortar el abastecimiento de suministros. El primer paso ya estaba hecho. Ahora quedaba lo más difícil. No obstante, aprendiendo de los errores de quiénes ya lo habían intentado, Escipión recurrió a un plan tan antiguo como eficaz, cercar la ciudad. Para ello construirá hasta 7 fuertes y 2 campamentos. El cerco en sí constará de hasta dos empalizadas, dos fosos y un muro. Además cortará el paso del Duero con dos puestos fortificados. En todo lo mencionado estarían apostados unos 60.000 hombres, siendo la mitad auxiliares hispanos. En el otro lado, dentro de la ciudad, tan solo 4.000 hombres (según las fuentes) esperaban resistir con éxito a tan grande ejército.


La guerra numantina.  Asedio de Numancia. Albert Álvarez Marsal.

Vista desde el fuerte Dehesilla con Numancia al fondo y las defensas que cortaban el 
Duero a la derecha (Autor Albert Álvarez Marsal).

La guerra numantina. Emiliano Escipión Numantino. Asedio de Numancia.
 
Mapa donde se muestra el cerco de Escipión a Numancia.


Durante 11 meses lo lograron, consiguiendo incluso superar el cerco en algún momento para pedir ayuda y refuerzos, aunque sin éxito. La situación era de hambruna y penuria extrema. Apiano nos llega a decir que se quitaban la vida ellos mismos, prefiriendo el suicidio a la rendición. E incluso estaban recurriendo al canibalismo. Cuando la esperanza desapareció los numantinos mandaron una delegación para evocar una capitulación honrosa, rechazada por Escipión, quién ofreció una rendición incondicional. Rendición que llegó, siendo los supervivientes vendidos como esclavos. La ciudad en sí, será arrasada por Escipión como castigo, y el terreno cedido a las ciudades próximas aliadas de Roma. Éstas reconstruirán la ciudad, aunque será nuevamente destruida en las guerras sertorianas. Numancia volverá a ver la luz nuevamente, esta vez bajo dominio total romano, aunque no llegará hasta nuestros días. Tan solo lo hará el recuerdo de aquellos que lucharon hasta el final. Escipión por su parte, pasará a tener el título de "Numantino" por su hazaña. 


La guerra numantina. Emiliano Escipión Numantino. Asedio de Numancia.
 
La rendición de los numantinos ante Escipión Emiliano
 (Autor Albert Álvarez Marsal).

Actualmente los restos de la antigua ciudad son visitables, y se encuentran reconstruidas una casa y un fragmento de la muralla de la época celtíbera. A tan solo 7 km de la ciudad de Soria, resulta una visita obligada para todos los amantes del Mundo Antiguo.


La guerra numantina. Batalla de Numancia. Asedio de Numancia.

Fotografías de las resconstrucciones que encontramos en los restos de la ciudad.


Bibliografía:

-Revista "Numancia" Desperta Ferro Antigua y Medieval Nº 41:

                 -Artículo: "Numancia y su entorno" por Alfredo Jimeno

              -Artículo: "La Guerra Numantina. Resistencia, acoso y derribo de una ciudad" por Eduardo                         Sánchez Moreno.





El Vesubio y el fin de Pompeya

 

Antigua Roma. Pompeya. Pompeii. Vesubio

Ilustración superior de Michael Heath. Óleo inferior titulado "El último día de Pompeya", 
realizado por Karl Briulov (1830-1833). Museo Estatal de San Petersburgo, Rusia.



Pompeya no era más que una de las muchas ciudades que formaban parte del extenso Imperio romano. Si hiciésemos una lista de todas las poblaciones romanas de la época, ordenadas por popularidad, no tendría ni mucho menos un lugar destacado. De orígenes diversos, habiendo sido poblada tanto por etruscos, griegos, samnitas, y romanos, fue organizada como colonia en el año 80 a.C. pasando a llamarse como Colonia Cornelia Veneria Pompeianorum, en honor al dictador Sila y a la diosa Venus, protectora de la ciudad.  Para el siglo I d.C., Pompeya era una próspera ciudad de la Campania de unos 10.000 habitantes (gran parte eran esclavos) donde la producción de vino y garum eran dos de sus principales actividades, siendo un rico centro comercial. Por ello entre sus calles nos encontrábamos con una clase media acomodada de comerciantes y terratenientes ricos. Calles por las cuales podían escucharse tanto el griego, como el osco, como el latín. Recordemos sus diferentes orígenes culturales, que habían dejado su huella tras 8 siglos de historia. Estaba muy cerca de la orilla del mar, teniendo puerto, además estaba conectada con el río Sarno, aunque desconocemos las distancias exactas. Por otro lado, desde no hacía mucho se había convertido en uno de los lugares de retiro preferidos por la aristocracia romana. El clima, las vistas hermosas, y la fertilidad de las tierras, motivaron la construcción de lujosas villas de ocio donde hombres como Cicerón, aprovechaban para retirarse. En definitiva, una tranquila ciudad comercial, típica de provincia, sin ningún peso económico ni político en el imperio, pero muy próspera. 


Calle de Pompeya. Autor Peter Connolly.


Si volviésemos a hacer una lista con las ciudades romanas más populares, pero esta vez en la cultura popular de hoy en día, la posición de Pompeya sería muy diferente, quedando en un lugar destacado. Y esto, como bien es sabido, es porque la ciudad formó parte de un gran evento, aunque no positivo. Aquello que permitió que Pompeya viajase en el tiempo hasta nuestra época, no se debe a otra cosa que a su propio final. Aquello, que la destruyó para siempre, fue lo que la hizo inmortal. Y aquello, tiene nombre: Vesubio.

La relación entre Pompeya y el monte Vesubio no se limita al famoso episodio. Este daba lugar a extensas tierras fértiles a su alrededor, y la explotación agrícola y la actividad comercial de la que vivía la ciudad, dependía en gran parte de ellas. Pero no todo era bueno. Tener un volcán cerca también suele provocar movimientos sísmicos, y los pompeyanos estaban acostumbrados a ello, así nos lo cuenta Plinio (Cartas VI.20). No obstante, a veces las consecuencias eran peores de lo esperado. El 5 de febrero del año 62 d. C. (o 63 según Séneca), fue testigo de ello. Sabemos que ese día un terremoto destruyó parte de la ciudad, y así lo demuestra la arqueología. 

Vesubio

Fresco "Baco y el Vesubio", hallado en la llamada 
Casa del Centenario (Pompeya).


Para el año 79 d.C., muchos edificios de Pompeya se encontraban en plena reconstrucción, aunque nunca serían terminados, pues una nueva catástrofe, mucho peor que la anterior, paralizó la vida de la ciudad para siempre. Aquella solitaria y siempre vigilante montaña, despertó para sorpresa y lamento de todos los habitantes de los alrededores, incluidos los pompeyanos. Se desconoce si fue un 24 de agosto o de octubre, hay debate entre los investigadores. Pero lo que pasó, sí lo conocemos con bastante detalle. Desde las 9 de la mañana comenzó a haber pequeñas explosiones que anunciaban lo que ocurriría. Ya a medio día, la presión del gas de la cámara magmática, salió de esta dando lugar a su expansión y violentas explosiones. Una lluvía de cenizas, lapilli y pumita empezó a caer sobre Pompeya y sus alrededores. La lluvía volcánica comenzó a producir los primeros daños significativos a la ciudad. Fue entonces cuando aparece en escena el escritor Plinio El Viejo, autor de la famosa enciclopedia titulada Historia Natural. Este era también prefecto de la flota romana, estacionada en el cercano puerto de Miseno, por lo que acudió a socorrer a la población afectada. La correspondencia entre él y Plinio el Joven, su sobrino e hijo adoptivo, y todo lo que este último escribió para Tácito documentando lo ocurrido, nos permite conocer los detalles de la catástrofe.

Desperta Ferro. Destrucción de Pompeya.

Los pompeyanos huyen de la ciudad.
ªRU-MOR para Desperta Ferro.


Las horas siguieron pasando, y ya por la tarde, la cenizas y materiales que el Vesubio había hecho llegar hasta las calles de Pompeya, cubrían hasta medio metro de estas. Los techos seguían derrumbándose, y los habitantes afectados huían aterrorizadas, se escondían, o buscaban poner a salvo sus pertenencias. El gran peligro al que se enfrentaban no eran solo los incendios provocados ni las rocas que caían sobre sus cabezas, ni siquiera incluso todos aquellos que aprovecharon para dedicarse al vandalismo. El gran peligro era la asfixia provocada por la densidad de las cenizas en el aire. Tan contaminado estaba este, que en la lejanía era difícil ver que estaba ocurriendo en realidad. De hecho el propio Plinio descansaba en la casa de su viejo amigo Pomponiano, esperando con la mente tranquila a que todo pasase. Por su parte, muchos pompeyanos esperaban igualmente a la calma, aunque desde dentro de la tormenta. Ya por la noche, la columna pliniana alcanzaba los 32 km de cota, desencadenando dos oleadas mortales que sepultaron diferentes ciudades como Herculano o Terzigno. Pompeya por su parte, se encontraba ya con un manto de cenizas y rocas de 2,5 m de altura.


Mapa Pompeya y el Vesubio

Mapa donde se muestra la expansión de las cenizas y rocas. 
Línea de la costa actual. Fuente Wikipedia.


La noche acabó y regresó el día, pero no la luz. El peligro no solo no había acabado, sino que aumentó. Muchos pompeyanos que habían intentado regresar a sus viviendas para salvar lo que pudiesen, se encontraron con nuevas oleadas que acabaron con sus vidas. Plinio el Viejo, también se encontró por sorpresa con que la furia del Vesubio no se había apaciguado, y mientras intentaba huir de la casa en la que se encontraba con un cojín atado a la cabeza, murió. La última fase de la erupción fue la más destructiva y violenta. Cada vez había más terremotos y la espesa nube de ceniza se extendió cubriendo el golfo de Nápoles alcanzando a mucha población en fuga. A las ocho, Pompeya fue cubierta casi por completo por la última de las oleadas, llegando el manto de depósitos volcánicos hasta los cuatro metros, nivelándose con las viviendas. Fue entonces cuando el Vesubio se calmó, acompañado por un eterno silencio que se adueñó para siempre de la vida de la ciudad.




Recreación de la destrucción de Pompeya por parte del Vesubio. 
Ver vídeo realizado por Zero One Animation pulsando este enlace.


Sin duda, se trató de un infierno. La caída de materiales volcánicos, el probable caos y la violencia provocados, el shock térmico por las altas temperaturas, y sobre todo la asfixia, acabaron con la vida de bastantes personas. No obstante, solo 1.000 cuerpos han sido encontrados en Pompeya. Aunque hay que tener en cuenta que tal destino fatal también les llegó a muchos en los alrededores, y sobre todo en otras poblaciones, lo que ocurrió en Pompeya aquellos dos días, sólo supuso la muerte de una pequeña parte de la población. Esto no quita lo catastrófico de lo ocurrido, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de las personas que allí se encontraban, sobrevivieron. De hecho, otra erupción ocurrida en el 1631, produjo más muertes. Y es que el Vesubio, volvió a despertarse más veces, siendo la última en el 1944. Pompeya por su parte, durmió para siempre.

Estuvo totalmente sepultada hasta que en el siglo XVIII, comenzó a excavarse. Desde entonces, y sobre todo en la actualidad gracias a la arqueología, se ha convertido en una ventana del pasado. Pompeya no es sólo una de nuestras mejores fuentes para conocer el mundo romano, sino también una gran transmisora de su propia historia a través de sus ruinas. 



Vista aérea de las ruinas de Pompeya. Fuente Civitatis.



Quién le iba a decir a los propios pompeyanos, que su final les daría vida para el resto de la Historia. Y es que a pesar de que contamos con muchos y muy bien conservados restos de la ciudad, así como podemos conocer el final de muchos de sus habitantes a través de los famosos moldes de yeso, resulta difícil imaginar la catástrofe que ocurrió. Y así lo pensaban los propios romanos, como el poeta Papinio Estacio cuando escribió: “¿Podrán creer las generaciones venideras, cuando de nuevo crezcan las mieses y verdeen estos desiertos, que yacen debajo ciudades y gentes, y que las campiñas de sus antepasados han sucumbido en un mar de fuego”  (Silvas IV.4.78-86). 

Pompeya no era más que una de las muchas ciudades que formaban parte del extenso Imperio romano, pero dejó de serlo para siempre.


-Bibliografía: 


-Revista "Los últimos días de Pompeya" de Desperta Ferro: Arqueología E Historia Nº 24.

-Pompeya. Arqueología. National Geographic. Textos de Elena Castillo.







El primer pelota de la Historia

 



Sumeria. Sumer. Colegio en la antigüedad. Escuela. La historia comienza en Sumer. Sumerian.


Todos hemos sido pelotas alguna vez, halagando a una persona o actuando hacía ella con la intención de obtener beneficios por su parte, probablemente con nuestros padres, algún profesor o algún jefe. Y llevamos siéndolo toda la historia, o al menos, cuatro mil años. Y es que ha llegado hasta nuestros días un texto sumerio del 2.000 a. C. donde aparece el primer caso de peloteo registrado. En el texto en cuestión, escrito por un maestro de escuela anónimo, un alumno relata lo vivido un par de días en relación a la escuela. Resulta de lo más curioso e interesante el hecho de que no es muy diferente a lo que vive un niño en el colegio hoy en día. Se levanta, su madre le da el desayuno, va a la escuela, se le castiga por portarse mal, y vuelve a su casa para hacer la tarea y enseñarsela orgulloso a su padre. Eso sí, con la afortunada diferencia de que actualmente los profesores no suelen golpear al alumno si no se porta correctamente. 


El niño, tras la pregunta del profesor de que ha hecho en la escuela, cuenta todo lo que veremos a continuación. Comienza comentando que ha hecho distintas tareas relacionadas con la escritura de tablillas, tanto recitación como escritura. Después, fue a su casa y le contó a su padre lo que había hecho, recitándole su tablilla, tras lo cual el padre quedó muy contento. 


Sumeria. Sumer. La historia comienza en Sumer. Sumerian.

Ilustración que recrea una escuela sumeria. Autor desconocido.


Al día siguiente se levantó y le pidió a su madre que le diese el almuerzo, dándole esta dos “panecillos”. A pesar de apremiar a la madre por miedo a llegar tarde, no consiguió llegar a tiempo y tuvo que pedirle perdón al profesor. No fue seguro el mejor día de colegio para él, pues nos cuenta que fue azotado varias veces tanto por hablar durante la clase como por levantarse o salir indebidamente del recinto. Incluso porque su escritura no era buena, lo cual fue acompañado de la riña del profesor. Sin duda parece que no fue un alumno ejemplar ese día, y seguramente tampoco lo fuese por lo general. Para arreglar la situación, en vez de trabajar más y mejor y cambiar su actitud en clase, el niño decidió recurrir a algo que nunca falla, el peloteo. Cuando llegó a su casa insinuó a su padre que sería buena idea invitar al maestro a casa y ablandarlo con algunos regalos. Le pareció buena idea, y así lo hicieron. No solo se le trató como invitado de honor al profesor, sino que además de ofrecerserle vino y comida, se le regaló un traje nuevo y un anillo. Nuestro alumno aprovechó también y, poniendo algo de su parte, hizo ostentación de lo aprendido ante su padre y bajo la atención de su profesor. ¿Sirvió todo esto? Sí, el peloteo fue más que efectivo. El maestro, ante el buen trato recibido, dijo lo siguiente:

«Muchacho: puesto que no has desdeñado mi palabra, ni la has echado en olvido, te deseo que puedas alcanzar el pináculo del arte de escriba y que puedas alcanzarlo plenamente.... Que puedas ser el guía de tus hermanos y el jefe de tus amigos; que puedas conseguir el más alto rango entre los alumnos.... Has cumplido bien con tus tareas escolares, y hete aquí que te has transformado en un hombre de saber». Así termina el texto.

Tuvo que ser muy popular en su época ya que se han encontrado hasta 21 copias en distintos estados de conservación. A partir de todas estas se ha podido reconstruir el texto, lo cual no fue posible hasta el 1949, aunque todavía quedan algunos puntos que traducir con más exactitud. Gracias a todo el trabajo que hay detrás de ello, podemos conocer como era, en cierto modo, la vida de un alumno sumerio, que ya hemos visto que no era muy diferente al del alumno actual. Y además, como nos dice directamente el título de este artículo, podemos conocer el “primer caso de peloteo de la historia” (del que tenemos registro claro).

 


-Bibliografía: 


-Samuel Noah Kramer, "La historia empieza en Sumer", 2019.



Cuando los gansos salvaron Roma


Ilustración inferior (recortada) de Plamen Genov para SEGA.



Roma fue salvada a lo largo de su historia por protagonistas tan importantes como diferentes. Desde el joven Escipión ante el invencible Aníbal, hasta las siempre presentes epidemias que frenaron al insaciable Atila cuando se disponía a arrasar Roma. Sin embargo, otras veces, el destino de Roma no se salvó por el ingenio de un hombre o por el mortal capricho de la naturaleza, sino por otros motivos como pueden ser unos pequeños animales inexpresivos, plumados y de cuello largo, unos gansos.

Nos situamos en el año 390 o 387 a.C., dependiendo de la tradición romana o griega. Diferentes tribus galas habían invadido el norte de Italia, llegando los seunones, liderados por Breno, hasta el interior de la península. Según nos cuenta Tito Livio, por quien conocemos toda la historia aquí contada, la ciudad etrusca de Clusium pidió ayuda a Roma, la cual envió embajadores a negociar terminando el encuentro con la muerte de un jefe galo y el consecuente ataque de estos a la propia Roma. Los romanos, para frenar el avance galo, mandaron a su ejército produciéndose una batalla en las orillas del río Alia, aunque para su lamento, fueron derrotados. Seguidamente, los galos entraron en Roma cometiendo un gran saqueo de la ciudad provocando la huida de los supervivientes a la ciudadela de la Colina Capitolina. Debido a lo escarpada que era esta, los allí presentes parecían seguros. No era así.

Una noche, los asaltantes encontraron una forma de acceder al recinto. Silenciosamente, consiguieron subir sin alertar ni a los guardias ni a los perros. Es aquí cuando aparecen los protagonistas de nuestra historia. Debido a la presencia de un templo dedicado a Juno, allí se encontraban gansos sagrados de esta diosa. Estos sí se percataron de la llegada de los galos y con sus graznidos y aleteos, alertaron al soldado Marco Manlio.
 

Ilustración de Henry Motte.


Este se dispuso enseguida a dar la voz de alarma y derribar al galo que a punto se encontraba de llegar a la cima, llegando seguidamente el resto de la guarnición y provocando la huida de los atacantes galos. Al amanecer fue Manlio fue recompensado así como asesinado aquel vigía al que se le culpó de no haber estado alerta. Los días posteriores, el hambre y las enfermedades marcaron el devenir de aquella situación, llegando a una tregua y produciendose un acuerdo según el cual Roma debía pagar una gran cantidad de oro a los galos a cambio de su partida. 


Ilustración de Jarek Nocon para Desperta Ferro (enlace).


Pago que no se llegó a realizar debido a la llegada de Marco Furio Camilo, uno de los grandes héroes de Roma, con un ejército. La victoria sería para Roma, la derrota para los galos. Si bien así lo relata Tito Livio, tal vez este último enfrentamiento fuese una invención con tal de borrar la humillación sufrida, y ese pago sí se llegase a producir. Leyendo a Polibio (cf. 2.18.3), así podría entenderse. En cualquier caso, Roma se salvó del que podría haber sido su final, mucho antes de convertirse en la potencia que más tarde será. Así lo quiso Juno, que intervino en el mundo de los hombres para salvar a la gran Urbe por medio de sus pequeños amigos. O bien, simplemente, un ganso se asustó al ver a un hombre en mitad de la noche.

Fuese cual fuese el culpable de salvar el destino de Roma, desde entonces, cada año, entre julio y agosto, se empezó a celebrar el supplicia canum. En esta festividad se realizaba una procesión donde se llevaban gansos entre oro y púrpura mientras se sacrificaban perros. De esta forma se honraba a los gansos en representación de Juno así como se castigaba a los perros por no ladrar aquel día. En realidad, hay que tener en cuenta, que habría un mayor trasfondo mágico, y no siendo el sacrificio de los perros únicamente un “castigo”. Esta celebración sería abandonada con la llegada del cristianismo. No obstante, para entonces, unos pequeños animales inexpresivos, plumados y de cuello largo, ya habrían entrado entre la exclusiva lista de aquellos protagonistas que salvaron Roma para convertirla en la Ciudad Eterna.


"Ganso sagrado del Capitolio"  Henri Paul Motte, 1889.

-Bibliografía: 


-Tito Livio, Ad Urbe Condita.

-Peter Jones, "Veni, vidi, vici: hechos, personajes y curiosidades de la antigua Roma", 2013.

-Artículo: "La Invasión de Roma por los Galos según la Historia Regum Britanniae" de Gloria Torres Asensio, 2018-2019.

-Artículo Web de National Geopraphic: "Los gansos que salvaron Roma de los galos" de Abel G.M. (enlace).


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