Mostrando entradas con la etiqueta Oriente Medio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oriente Medio. Mostrar todas las entradas

Los misteriosos pueblos del mar

 


Durante la Edad del Bronce, en el siglo XIII a. C., una serie de oleadas migratorias masivas provenientes del norte llegaron al Mediterráneo de una forma violenta.


Lo poco que conocemos sobre ellos ha sido tanto motivo de debate entre historiadores, como causa de todos los misterios y leyendas que rodean a los que conocemos como los pueblos del mar. Diferentes hipótesis y teorías de diferentes historiadores se siguen debatiendo, dudandose incluso de la existencia de estos pueblos. 

Durante la Edad del Bronce, en el siglo XIII a. C., una serie de oleadas migratorias masivas provenientes del norte llegaron al Mediterráneo Oriental de una forma violenta. Las causas se desconocen, aunque se piensa que iban en búsqueda de nuevas tierras y recursos. Las consecuencias, sin embargo, si son conocidas. En poco tiempo se enfrentaron y destruyeron a todas las culturas y pueblos que se encontraron. Hablamos por ejemplo de los micénicos, asentados en la actual Grecia, y del famoso Imperio Hitita, situado en Oriente Próximo. Sus victorias se deberian posiblemente a la superioridad numérica y a un posible empleo en las armas de nuevos metales más resistentes como el hierro. 


Si bien los agrupamos como si fueran un mismo conjunto de pueblos, eran en su mayoría independientes y no tenían relación entre ellos, es decir, no estamos hablamos de una confederación de pueblos, si no de distintos pueblos que fueron llegando a esa zona del Mediterráneo de forma seguida y a veces llegaron a aliarse entre sí por intereses comunes.



Posibles movimientos de los pueblos del mar junto a otras invasiones y migraciones

Aunque no todos fueron vencidos, el Imperio Egipcio reinado por Ramses III consiguió vencer a una alianza de estos  pueblos  en varias ocasiones, siendo clave la victoria de la Batalla del Delta del Nilo. La poca información que nos ha llegado de los pueblos del mar es gracias a los egipcios, que fueron el único gran pueblo que supo defenderse.  Procede de ellos el nombre actual que le damos de "pueblos del mar", pues así los llamaban los egipcios debido a que llegaron a las tierras del faraón por el mar.



Batalla del Delta. Bajorrelieve del templo de Medinet Habu

Batalla del Delta (Igor Dzis)


¿Pero cómo acabó esa ola de devastación? ¿Cómo fué detenido el avance de esos pueblos? Como hemos dicho fueron pueblos migratorios, el avance se detuvo con el asentamiento de estos pueblos en las zonas conquistadas, en algunos casos mezclandose con los ya antes asentados. De esta forma se formaron nuevas culturas y pueblos, como posiblemente los filisteos. 


Los gálatas, una cultura entre culturas

 

Ilustración superior de Jose Daniel Cabrera, inferior de Angus McBride


La historia nos deja grandes historias donde se mezclan culturas tan distintas como interesantes, y este es un gran caso de ello. Este es el extraordinario caso de cómo se llegaron a unir la cultura celta con la cultura oriental y el helenismo griego.

Según cuenta el historiador y geógrafo griego del siglo II, Pausanias, en el año 279 a. C., algunas tribus de galos se dirigieron hacia Grecia a través de los Balcanes llegando a atacar el oráculo de Delfos y el santuario de Apolo, siendo finalmente derrotados, resultando muerto su comandante Breno.

Tras haber sido rechazada su invasión de los Balcanes, los gálatas, ahora comandados por Comontoris, uno de los generales de Breno, se establecieron en Tracia, donde fundaron una ciudad-estado llamada Tilis,​ que sobrevivirá hasta el siglo III a. C. Mientras asediaban la ciudad de Bizancio en el 277 a. C., una delegación bitinia los invitó a cruzar a Asia Menor para asistir a Nicomedes en la guerra civil contra su hermano Cipetes, que usurpaba una parte del reino. Tras ser provistos con los medios adecuados para atravesar el mar de Mármara, los gálatas, liderados ahora por Leonorio y Lutario, desembarcaron en la otra orilla del mar, y junto a Nicomedes, derrotaron y dieron muerte a Cipetes.



En vista de los resultados obtenidos por su vecino con ayuda de la fuerza extranjera, Mitrídates I del Ponto, aliado del rey seléucida Antíoco I, se decidió a reclutarlos contra el rey egipcio Ptolomeo II en la Primera Guerra Siria. Pronto pudo saber lo acertada que fue su elección, pues sus nuevos mercenarios obtuvieron numerosas victorias en Capadocia. Eventualmente, y quizá como recompensa por sus servicios a Mitrídates, se les permitió asentarse en la región que posteriormente sería conocida como Galacia. 


Mercenarios gálatas desfilando victoriosos en Egipto (Angus McBride)


Los gálatas sobrevivieron a través del comercio, los saqueos y sus grandes servicios como mercenarios. En el año 25 a. C., la región pasó a ser provincia romana.

Hacia el siglo V d. C. tenemos testimonios de que los gálatas, quienes aun habiendo adoptado una cultura y modo de vida ya típicamente griegos, conservaron su lengua. Así Pablo en la carta a los gálatas menciona nombres claramente celtas, y San Jerónimo dejó constancia en sus escritos de que la lengua de los gálatas resultaba parecida al dialecto galo de Tréveris.



Figura de un guerrero gálata junto a otro etíope



Poncio Pilato y la Judea romana

 




Nos situamos en Judea, territorio que se convirtió en provincia romana en el año 6 d. C., por lo que comenzaba a estar directamente por Roma. En el año 26 d. C., Poncio Pilato se convertía en el quinto prefecto que gobernaba la provincia en apenas 20 años. ¿Qué sabemos de Poncio Pilato? 



Podemos suponer que pertenecía a la orden ecuestre, es decir, que formaba parte de la alta sociedad romana y que provenía de una familia rica. También que probablemente tuvo algún tipo de carrera militar en la que se distinguió de alguna manera como oficial. 

Las principales fuentes sobre la vida de Poncio Pilatos son, por un lado, el filósofo Filón de Alejandría (15 a. C. - 45 d. C.) y el historiador Flavio Josefo (37 d. C. - 100 d. C.), ambos críticos con su persona. El primero definió al prefecto como un hombre "de carácter inflexible y duro, sin ninguna consideración". Si es cierta la descripción que hace en cuanto a su personalidad, podríamos deducir que se le fue asignada la provincia de Judea para que la controlase con mano dura, ya que era una provincia muy problemática debido a los disturbios. Por otro lado, debemos tener en cuenta que por ello es muy probable que ningún romano quisiese gobernar tal provincia y que en ese caso, es posible que Pilato no fuera una excepción, teniendo que aceptar tal cargo por algún motivo. 

Su imagen en el Nuevo Testamento, intentado evitar la muerte de Jesús y finalmente lavándose las manos para no ser culpable seguramente fuese falsa. Debemos tener en cuenta que a excepción del evangelio de Mateo, los demás fueron hechos dirigidos a comunidades cristianas pertenecientes a territorios del imperio romano. Para evitar problemas con las autoridades romanas y evitar conflictos, es razonable pensar que se culpase más a los judíos que a los romanos y a Pilato, quitándole responsabilidad del asesinato de Jesús.  

Según el evangelio de Mateo, Pilato estaba casado y su esposa, quien soñó con Jesús, le suplicó a Pilato que no se involucrara en la muerte de Jesús. Aunque no dice su nombre, según la tradición cristiana se llamaba Claudia Prócula. 



Jesús de Nazaret ante Pilato

Por último y para terminar, en Judea cuando murió Jesús en torno al 33 d. C., no encontramos legionarios, ya que no había ninguna legión. Lo que sí encontramos son cohortes auxiliares guarnecidas en la región. Los auxiliares se distinguían de los legionarios en que no tenían la ciudadanía romana y procedían de territorios conquistados por los romanos. Es muy probable que los soldados fuesen de territorios próximos a Judea y enemistados con esta, por lo que no se llevarían muy bien con el pueblo judío. 

En esta imagen podemos ver cómo irían cuando se encontrasen patrullando o de guardia, menos armados y de forma más ligera.


Auxiliares romanos de Judea (Graham Summer)

Auxiliares romanos de Judea (Graham Summer)





Simón el mago

 


Imagen superior perteneciente a la Portada-Relieve de la Puerta de 
Miègeville de la Basílica de Saint-Sernin en Toulouse


En torno al Mediterráneo oriental y durante los siglos I y II d. C. surgieron numerosas religiones, sectas, corrientes de pensamiento...etc. Además de Jesús, fueron muchos los personajes que reunían numerosos discípulos que seguían sus enseñanzas. En esta ocasión hablaremos de Simón el mago, cuya historia es tan desconocida como interesante. Lo primero que debemos tener en cuenta es que es una figura muy misteriosa rodeada de leyendas, de quien no sabemos nada seguro, incluso se discute si existió como tal o es la mezcla de varias personas. Hablaremos de él  sin profundizar, ya que son muchas las versiones de él, ninguna más verdadera que otra. 

Simón el Mago, llamado también Simón de Gitta, fue un líder religioso procedente de Samaria. Se le considera de carácter gnóstico, es decir, perteneciente a una doctrina religiosa en la que se prometía a sus seguidores conseguir un conocimiento intuitivo, misterioso y secreto de las cosas divinas que les conduciría a la salvación. Lo que sabemos de él procede exclusivamente de textos cristianos, como de Hechos de los Apóstoles y menciones en sus escritos por parte de importantes cristianos del siglo II d. C. como Ireneo de Lyon. De él se nos cuenta lo siguiente. 

Simón fue un hombre conocido por sus grandes poderes divinos, de ahí el sobrenombre de "el mago", el cual consiguió reunir una gran cantidad de seguidores tras él, e incluso llegó a ser considerado por muchos judíos como el verdadero mesías. En busca de nuevos poderes, decidió bautizarse y convertirse al cristianismo, llegando incluso a ofrecerle dinero a San Juan y San Pedro a cambio del poder de transmitir el Espíritu Santo, proposición que ambos apóstoles rechazaron escandalizados. 



En el texto cristiano apócrifo de los Hechos de Pedro se narra una de las fantasiosas leyendas más conocidas acerca de Simón el Mago. Cuando exhibía sus poderes mágicos en Roma, volando ante el emperador romano Nerón en el Foro Romano para probar su condición divina, los apóstoles Pedro y Pablo rogaron a Dios que detuviese su vuelo. Simón paró en seco y cayó a tierra, donde murió. 



Tras su muerte y durante el siglo II d. C., surgió el simonianismo. Esta secta gnóstica consideraba a Simón como un dios en forma humana. Los simonianos creían que Ennoia fue el primer pensamiento, surgido de la mente de Dios Padre, manifestándose a través de los ángeles. Según Simón, estos ángeles fueron los que realmente crearon el mundo tangible y expulsaron lejos al primer pensamiento, celosos de su poder. Ennoia, como no podía retornar a Dios, se vio obligada a pasar de humano a humano durante años, culminando en la posesión de Helena (la consorte del propio Simón) por parte de Ennoia. Por tanto los simonianos siguen a aquel Simón que no es otro que el Padre bajo forma humana, intentando reunirse con el primer pensamiento para traer así la salvación al mundo. Eran Simón y Helena quienes decidirán los destinos de la raza mortal, determinando quién iría al cielo y al infierno.


Los últimos rebeldes y Masada





Jerusalén había caído, pero todavía quedaban algunos focos de resistencia judía al sur de Judea. Le fue dado el mando de las tropas a Sexto Lucilio Baso, quien a principios del 72 d. C., al mando de la X Fretensis, marchó hacia la gran fortaleza de Maqueronte, que se encontraba muy bien defendida. Tras un elaborado sitio, la fortaleza cayó y la mayoría de sus defensores asesinados.Tras convertir Macareo en una ruina humeante, Baso partió hacia el bosque de Jardes, donde atraparon y masacraron a 3.000 rebeldes judíos, teniendo solo 12 bajas. Solo quedaba un último reducto rebelde, la fortaleza de Masada. Baso murió antes de poder marchar a Masada, y fue sustituido por el legado Flavio Silva. Masada, al igual que Maqueronte, era una de las muchos palacio-fortalezas construidos bajo el reinado de Herodes I el Grande.
 
Ataque a Masada.

Masada (Jean-Claude Golvin)

Esta fortaleza se encontraba en lo alto de una montaña y era muy difícil de tomar. Estaba además defendida por la secta de los sicarios (sicarii), bajo el mando de Eleazar ben Yair. Josefo contó 967 personas dentro de la fortaleza, aunque muchos de los cuales serían mujeres y niños. Para asaltar Masada, los legionarios construyeron una gigantesca rampa con tierra y piedras por la cual subieron una torre de asedio. Sobre esta rampa (aún existente hoy en día), ascendió una torre de asedio cuyo ariete consiguió abrir una brecha en la muralla.




Fotografía aérea de Masada actualmente


Una vez dentro de la fortaleza, los legionarios descubrieron que los judíos habían construido una segunda muralla con madera y piedras. El comandante de la legión, Silva, mandó a prenderle fuego a ese muro y asaltarlo al día siguiente al alba. Era el 2 mayo del año 73 d. C., y Masada casi había caído. Como estaba previsto, al día siguiente los soldados de la X Fretensis atravesaron el muro con la esperanza de acabar con los rebeldes judíos pero para su sorpresa, no había nadie. Todos los supervivientes, a excepción de algunas mujeres  niños, se habían quitado la vida, prefiriendo morir así antes que caer prisioneros de los romanos. Masada había caído, y con ella la gran revuelta.

Tras 7 años de guerra, más de un millón de judíos habían perdido la vida, Judea estaba en ruinas y Jerusalén...casi destruida. A pesar de todo, 42 años después, la guerra volvería comenzando la segunda de las tres guerras judeo-romanas. 

Fuente: 

-Desperta Ferro Historia Antigua y medieval  n.º 23 "La Primera Guerra Judeo-Romana"

-Legiones de Roma: La historia definitiva de todas las legiones imperiales romanas (Stephen Dando Collins)


Tito y el sitio de Jerusalén

 

Ataque a Jerusalén. Saqueo del Templo. Tito. Vespasiano.


Casi toda Judea había sido sometida, pero todavía quedaba lo más importante, Jerusalén. El asesinato de Nerón y la inestabilidad política de Roma en esos momentos hicieron que Vespasiano tuviera que detener su ofensiva y retirarse el año 69 d.C a Alejandría. Le  encomendó a su hijo Tito la tarea de completar la ofensiva. Tito reforzó su ejército con nuevas tropas, incluida la Legio XII Fulminata, la cual había perdido su águila contra los judíos durante unos años antes. Estaba terminando abril cuando Tito llegó a Jerusalén junto a tres de sus legiones, a quienes se les unió más tarde la Legio X Fretensis. Tito mandó a construir dos campamentos alrededor de la ciudad. Esta, tenía tres murallas y un millón de judíos dispuestos a luchar entre ellas.

Ataque a Jerusalén. Saqueo del Templo. Tito. Vespasiano.

Armas de asedio romanas (Peter Dennis)


El 25 de mayo, tras un constante hostigamiento por parte de ambos contingentes, los romanos consiguieron llegar a la muralla y abrir una brecha. Los rebeldes judíos se vieron obligados a huir hacia la segunda muralla, perdiendo el control de la Ciudad Nueva. La segunda muralla más alta y gruesa que la anterior, lo que daba esperanzas a los judíos. Para lamento de estos, tras cinco días de duras luchas, se abrió una brecha y una de las torres defensivas se derrumbó. Los soldados romanos, motivados por el triunfo, comenzaron a  perseguir a los judíos que huían a la última muralla. Una fuerte resistencia y las estrechas calles que hacían de los romanos un blanco fácil para la emboscada, hicieron que estos tuvieran que retirarse de nuevo a la segunda muralla.


Ataque a Jerusalén. Saqueo del Templo. Tito. Vespasiano.

El complicado avance romano por las calles de la ciudad (Peter Dennis)


Pocos días después, consiguieron abrirse paso hasta la Fortaleza Antonia y la explanada del Templo. Tito interrumpió el asedio unos días para dar descanso a sus tropas, a las cuales solo les quedaba un último anillo defensivo por tomar, la primera muralla.

Ataque a Jerusalén. Saqueo del Templo. Tito. Vespasiano.


Reanudado el combate tras la negativa a negociar por parte de los judíos, las legiones recibieron la orden de ocupar la Ciudad Alta y la Fortaleza Antonina, defendias por  Simón Bar Giora y Juan de Giscala respectivamente. Para este último asalto, más complejo que los anteriores, cada legión tuvo que construir una rampa de asedio. Tras diecisiete días de trabajo, las salidas y hostigamiento de los defensores provocó la destrucción de varias de las rampas y de gran parte de las máquinas de asedio, haciendo perder la posición a los romanos. Por suerte para estos, Tito llegó con refuerzos, salvando la situación. El general, tras perder la mayoría de la maquinaria de asedio y no disponer de suficiente madera, optó entonces por una nueva táctica. Se contruyó un terraplén alrededor de la ciudad impiendo la salida de los defensores, lo que dió lugar a la escacez de alimentos entre los judíos, y por ende el caos entre ellos. Tras varios días de luchas y ataques fallidos entre ambos bandos, la Fortaleza Antonina cayó. Su captura dió acceso al Templo, que terminó siendo tomado por los romanos a pesar de la destacable y desesperada defensa de los defensores.


Ataque a Jerusalén. Saqueo del Templo. Tito. Vespasiano.

Asalto al acceso del Templo (Peter Dennis)




Ataque a Jerusalén. Saqueo del Templo. Tito. Vespasiano.

Toma de la explanada del Templo (Peter Connolly)




Durante el ataque, un legionario lanzó una antorcha incendiandolo. Tito ordenó a sus oficiales extinguir el fuego, pero sin éxito. En el caos provocado, las tropas romanas asaltaron su interior asesinando a los defensores y saqueando sus tesoros. 

Ataque a Jerusalén. Saqueo del Templo. Tito. Vespasiano.

Legionarios romanos robando la menorá del Templo (Radu Oltean)

La baja moral de los defensores junto al hambre que sufrían, dió lugar a deserciones entre los propios judíos. El ataque romano era ya imparable. Solo quedaba el palacio de Herodes, la pieza más fuerte defensivamente. Cuando los romanos consiguieron abrir una brecha en esta, los defensores huyeron sin luchar. El resto de la ciudad cayó rapidamente, y los líderes judíos capturados mientras intenraban escapar. Los días posteriores a la toma de la ciudad se caracterizó por las persecuciones, el pillaje, el saqueo...etc. Tras cuatro duros meses, Jerusalén había caido, aunque la revuelta no había sido aplastada todavía.

Fuente: 

-Desperta Ferro Historia Antigua y medieval  n.º 23 "La Primera Guerra Judeo-Romana"

-Legiones de Roma: La historia definitiva de todas las legiones imperiales romanas (Stephen Dando Collins)



La contraofensiva romana




Ilustración superior de Jhon Shumate, la inferior de Peter Dennis


La contraofensiva romana era inevitable, y tras tres meses de preparativos, Roma estaba preparada. El gobernador de Siria, Cestio Galo, partió de Antioquía con la legión XII Fulminata y 12 cohortes pertenecientes a otras legiones. Una vez en Cesarea (Judea), unió sus tropas con los supervivientes y junto con otros quince mil soldados aportados por reyes clientes de Roma. Una vez asegurada Galilea, el ejército de Galo se adentró en Judea y alcanzó Jerusalén en noviembre del año 66 d.C. Tras un asalto a la ciudad no muy bien preparado que duró 5 días, Galo, inexplicablemente, retiró a sus fuerzas. Durante su retirada hacia la costa, los romanos sufrieron numerosos ataques y hostigamientos por parte de los rebeldes. La fracasada misión de Galo costó la vida de 5.680 hombres, además del águila de la Legio XII Fulminata. El mismo Galo falleció poco después.



Ilustración de Peter Dennis


Pasado noviembre y llegado diciembre, Nerón asignó a Vespasiano (futuro emperador) el liderazgo de una nueva contraofensiva contra los judíos rebeldes. Para ello reunió a 60.000 hombres de distintas legiones, a quienes se les unieron algunas tropas de la fracasada ofensiva y tropas aportadas nuevamente por los reyes clientes. Vespasiano ignoró a la mayoría de soldados que fracasaron en la campaña de Galo. LLegado Junio del año 67 d.C, el ejército de Vespasiano marchó a Galilea . Allí sitió y tomó la ciudad de Jotapata, donde el cabecilla rebelde Josefo resistía. Este, fue uno de los pocos supervivientes tras la destrucción de la ciudad, siendo tomado como prisionero. Sería liberado años después, convirtiéndose en ciudadano romano y pasando a formar parte del séquito del emperador Tito, además de convertirse en el autor de muchas importantes obras, destacando Antigüedades judías, la fuente principal de la guerra de la que ahora hablamos. Al igual que Jopata, una tras una fueron cayendo todos los focos de resistencia judíos, como Gamala o Migdal. Tras acabar con Galilea, ciudad por ciudad, rebelde por rebelde, marchó hacia Judea, con la idea de aislar a Jerusalén. Para el año 69 d.C, casi toda Judea había sido sometida, pero todavía quedaba lo más importante...  tomar Jerusalén.

Fuente: 

-Desperta Ferro Historia Antigua y medieval  n.º 23 "La Primera Guerra Judeo-Romana"

-Legiones de Roma: La historia definitiva de todas las legiones imperiales romanas (Stephen Dando Collins)




Revuelta y estallido de la guerra

 

Ilustración inferior de Peter Dennis


Nos situamos en Judea, que recordemos que era una provincia romana. La brutalidad del procurador de la subprovincia Gersio Floro había hecho avivar las brasas revolucionarias de los judíos hasta convertirlas en una llama devastadora. El 3 de Junio de 66 d.C, Floro llegó a Jerusalén con dos cohortes con la intención de castigar a los judíos por sus recientes disturbios. El resultado fue que una vasta turba de judíos acabara rodeando la fortaleza Antonina, donde se encontraban los romanos. Tras llegar a un acuerdo, a Gersio Floro se le permitió abandonar la ciudad acompañado de una de las cohortes. Con la intención de que la revuelta no acabase en una rebelión, el rey Agripa envió a dos mil soldados para apaciguar los tumultos, pero para cuando llegaron era tarde. La solitaria cohorte de la III Gallica había sido sitiada y resistía en la fortaleza Antonina, el templo y el Palacio de Herodes. 


Jerusalén. Templo. Fortaleza Antonina


Los soldados de Agripa se unieron a los romanos y resistieron en una épica defensa durante 10 días, tras los cuales la guardia de Agripa se retiró, dejando solos a los pocos supervivientes romanos. El centurión de primera clase Metilio, acabó rindiéndose con la condición de que se les permitiera salir con vida de Jerusalén, aunque nada pudo evitar su trágico final. Una vez fuera del palacio y desarmados, los romanos fueron atacados y masacrados a traición por los judíos, sobreviviendo solo Metilio que había jurado convertirse al judaísmo si le dejaban con vida.


Mientras todo ello ocurría, otras guarniciones romanas repartidas por la provincia, eran atacadas por sorpresa y masacradas por grupos revolucionarios judíos, como los zelotes. La caída de Masada, una gran fortaleza, hizo que los rebeldes consiguieran un gran arsenal de armas para diez mil hombres. En Agosto, Roma había perdido la mayor parte de Judea y mil quinientos romanos habían muerto. La contraofensiva romana era inevitable.

Fuente: 

-Desperta Ferro Historia Antigua y medieval  n.º 23 "La Primera Guerra Judeo-Romana"

-Legiones de Roma: La historia definitiva de todas las legiones imperiales romanas (Stephen Dando Collins)




La batalla de Rafia

 


Ilustración inferior de J.D Cabrera


Nos situamos en la Cuarta Guerra Siria, dentro de las Guerras de los Diádocos. La guerra la inició el rey seléucida Antíoco III, deseoso de echar mano a las riquezas egipcias. Este se dirigió a Palestina, para desde allí iniciar la invasión del Egipto. Su ejército se componía de 62.000 infantes, 6.000 de a caballo y 102 elefantes. La invasión no podía haber llegado en peor momento, si bien Egipto era rico y próspero, su ejército había sido descuidado, así que Ptolomeo IV tuvo que montar un ejército de manera casi improvisada, consiguiendo juntar unos efectivos de 70.000 infantes, 5.000 jinetes y 73 elefantes de guerra. Tras ello, partió de Alejandría para presentar batallar a sus rivales seléucidas.


La batalla tuvo lugar el 22 de junio del 217 a. C. cerca de la ciudad de Rafah en Siria. Ambos ejércitos se desplegaron colocando la infantería en el centro y los elefantes, la caballería y la infantería ligera en los flancos.



Los elefantes hindúes de Antíoco, que eran mucho más grandes y fuertes que los elefantes africanos de Ptolomeo, destrozaron con la ayuda de la caballería y los  arqueros el ala izquierda del faraón egipcio quien tuvo que huir de la zona. A pesar de ello, Ptolomeo supo defender el flanco de la falange con la ayuda de los hipaspistas. Además, la caballería seléucida se dedicó a perseguir a la caballería enemiga en vez de rodear al ejército ptolemaico.




En el centro de la batalla, la falange seléucida aguantó la embestida enemiga, pero al cabo de un tiempo se produjo una grieta en las fuerzas del general seleúcida Ninarco, donde las fuerzas ptolemaicas penetraron, rompiendo la falange seleúcida. Por otro lado, el flanco izquierdo de Antíoco había caído y su falange estaba siendo rodeada. El destino de la batalla era claro y la victoria de Ptolomeo era un hecho.



Los elefantes seléucidas derrotando a los de Ptolomeo (Peter Dennis)


El balance de bajas era favorable al vencedor, el cual solo sufrió alrededor de 2.200 bajas, mientras que Antíoco sufrió unas 10.300. La decisiva victoria permitió a Ptolomeo ocupar las ciudades seléucidas pertenecientes a Siria y Fenicia, cuyas gentes apoyaron enseguida a su nuevo rey. Lo que comenzó con una peligrosa guerra para un Egipto inferior militarmente a los seléucidas, acabó con la expansión territorial de este con la anexión de nuevos territorios. Por otro lado, la paz no tardó en llegar. Antíoco ofreció una tregua a Ptolomeo, quien aceptó, dándose así el final de la cuarta guerra siria.


La expedición de los Diez Mil

 

Ilustración inferior de Mikel Olazabal

Tras la muerte de Darío II rey del Imperio Persia, en el año 404 a. C., su hijo Artajerjes II heredó el trono legítimamente. Sin embargo, su hermano menor Ciro el Joven, conspiró para conseguir la corona. A pesar de lo que esperaba, solo consiguió el control de parte de la costa jónica (parte de la actual Turquía), muy lejos de la sede central del imperio aqueménida. Allí acudió a sus anfitriones para reclutar un ejército de mercenarios griegos. No fue muy difícil, ya que numerosos veteranos se encontraban inactivos a finales de la Guerra del Peloponeso, además de que la costa jónica estaba plagada de ciudades griegas. Entre estos mercenarios, muchos eran veteranos espartanos enviados por la misma polis para ayudar al rebelde persa.


Ciro mintió a su ejército diciéndole que su objetivo era someter la región rebelde de Pisidia. De este modo partió de la ciudad de Sardes junto a 50.000 persas y en torno a 12.000 griegos rumbo Babilonia. Tras pasar Pisidia, los soldados se indignaron, pero se apaciguaron por la promesa de generosas pagas. Finalmente Artajerjes presentó batalla a su hermano Ciro, teniendo lugar la batalla de Cunaxa, en el 401 a. C.





El enfrentamiento se puso rápidamente a favor de Ciro el Joven debido a los mercenarios, quienes vencieron al ala izquierda de Artajerjes. Todo cambió cuando Ciro se precipitó con su caballería contra su rival, cayendo en el ataque. Debido a ello su ejército comenzó la retirada, en excepción de los mercenarios griegos que se mantuvieron firmes. A pesar de encontrarse solos en el campo de batalla, las grandes bajas que estaba sufriendo Artajerjes en su ejército le obligó a ordenar la retirada de sus tropas. Jenofonte en Anábasis cuenta que no hubo pérdidas en el contingente griego, solo algunos heridos. Los mercenarios griegos habían logrado la victoria pero ahora se encontraban solos y aislados en medio del enorme imperio persa. El destino de todos ellos aún estaba por escribirse.


Tras la batalla de Cunaxa y la muerte de Ciro el Joven, los mercenarios griegos se encontraban aislados en mitad del inmenso imperio persa. Lo primero que debían hacer para volver a sus lejanas tierras era firmar la paz con el imperio persa. Para ello los líderes griegos encabezados por Clearco se dirigieron al campamento persa donde cayeron en una trampa y fueron asesinados. El ejército griego se vió obligado a nombrar nuevos líderes, siendo ahora el espartano Chirisophus el comandante general. Entre los nuevos líderes hay que destacar a Jenofonte, de quien hablaremos más adelante. 



Atravesaron primero el desierto de Siria, Babilonia, después la Armenia nevada, para regresar a su patria. Al final, después de varios meses de marcha y de numerosos enfrentamientos con los pueblos de los territorios que cruzaban, llegaron al Mar Negro en Trapezunte. Les quedaban aún 1.000 km por recorrer, con escasez de alimento y agua.



Descansando en las ruinas de Nínive, Asiria (Milek Jakubiec)



Los griegos cruzando Armenia (Johnny Shumate ) 


Sin embargo, los griegos no se habían librado: les hacían falta barcos. Quirísofo, estratego comandante en jefe, partió a Bizancio para conseguirlos. Las ciudades griegas del litoral, en lugar de acogerles, les mantuvieron a distancia, por miedo a posibles pillajes. Muchos griegos se negaban a regresar sin recompensas y los arcadios y aqueos acabaron por hacer secesión. El ejército estuvo a punto de ceder al pánico cuando se propagó el rumor de que Jenofonte deseaba fundar una colonia en Asia, este lo desmintió y renunció a su puesto para mantener la unidad del ejército.



Finalmente llegaron a Grecia tras su agotadora y peligrosa expedición. Jenofonte, tras su regreso a Ática, escribirá su obra Anábasis. Gracias a ella conocemos esta historia, la expedición de los Diez Mil. El hecho de que un “pequeño” grupo de mercenarios griegos llegará al mismísimo corazón del imperio persa y sobreviviera demostró lo frágil que era el imperio aqueménida y lo superior que eran militarmente los griegos. Esto será recordado especialmente por Alejandro Magno, quien 70 años después invadiría el imperio persa con un pequeño ejército de 40.000 soldados griegos, pequeño en comparación con el gran ejército persa al que se enfrentaría.



Entradas populares