Simón el mago

 

El otro Jesús de Nazaret. El otro mesías


En torno al Mediterráneo oriental y durante los siglos I y II d. C. surgieron numerosas religiones, sectas, corrientes de pensamiento...etc. Además de Jesús, fueron muchos los personajes que reunían numerosos discípulos que seguían sus enseñanzas. En esta ocasión hablaremos de Simón el mago, cuya historia es tan desconocida como interesante. Lo primero que debemos tener en cuenta es que es una figura muy misteriosa rodeada de leyendas, de quien no sabemos nada seguro, incluso se discute si existió como tal o es la mezcla de varias personas. Hablaremos de él  sin profundizar, ya que son muchas las versiones de él, ninguna más verdadera que otra. 

Simón el Mago, llamado también Simón de Gitta, fue un líder religioso procedente de Samaria. Se le considera de carácter gnóstico, es decir, perteneciente a una doctrina religiosa en la que se prometía a sus seguidores conseguir un conocimiento intuitivo, misterioso y secreto de las cosas divinas que les conduciría a la salvación. Lo que sabemos de él procede exclusivamente de textos cristianos, como de Hechos de los Apóstoles y menciones en sus escritos por parte de importantes cristianos del siglo II d. C. como Ireneo de Lyon. De él se nos cuenta lo siguiente. 

Simón fue un hombre conocido por sus grandes poderes divinos, de ahí el sobrenombre de "el mago", el cual consiguió reunir una gran cantidad de seguidores tras él, e incluso llegó a ser considerado por muchos judíos como el verdadero mesías. En busca de nuevos poderes, decidió bautizarse y convertirse al cristianismo, llegando incluso a ofrecerle dinero a San Juan y San Pedro a cambio del poder de transmitir el Espíritu Santo, proposición que ambos apóstoles rechazaron escandalizados. 



En el texto cristiano apócrifo de los Hechos de Pedro se narra una de las fantasiosas leyendas más conocidas acerca de Simón el Mago. Cuando exhibía sus poderes mágicos en Roma, volando ante el emperador romano Nerón en el Foro Romano para probar su condición divina, los apóstoles Pedro y Pablo rogaron a Dios que detuviese su vuelo. Simón paró en seco y cayó a tierra, donde murió. 



Tras su muerte y durante el siglo II d. C., surgió el simonianismo. Esta secta gnóstica consideraba a Simón como un dios en forma humana. Los simonianos creían que Ennoia fue el primer pensamiento, surgido de la mente de Dios Padre, manifestándose a través de los ángeles. Según Simón, estos ángeles fueron los que realmente crearon el mundo tangible y expulsaron lejos al primer pensamiento, celosos de su poder. Ennoia, como no podía retornar a Dios, se vio obligada a pasar de humano a humano durante años, culminando en la posesión de Helena (la consorte del propio Simón) por parte de Ennoia. Por tanto los simonianos siguen a aquel Simón que no es otro que el Padre bajo forma humana, intentando reunirse con el primer pensamiento para traer así la salvación al mundo. Eran Simón y Helena quienes decidirán los destinos de la raza mortal, determinando quién iría al cielo y al infierno.


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