Belisario, el último gran general romano

 

El Imperio de Occidente había caído, pero una situación muy diferente se daba en Oriente, donde bajo el reinado de Justiniano I, se vivió una época de esplendor. Uno de los motivos de aquella situación fue gracias a Belisario.

Ilustración superior de John Shumate,  la inferior de Igor Dzis

Que aquellos tiempos de gloria y expansión militar habían acabado para el Imperio romano, era una realidad a principios del siglo VI d. C. El Imperio de Occidente había caído, pero una situación muy diferente se daba en Oriente, donde bajo el reinado de Justiniano I, se vivió una época de esplendor. Uno de los motivos de aquella situación fue gracias a Belisario.

Nacido probablemente en torno al 505 d. C. en la ciudad de Germania (en la actual Bulgaria), se hizo soldado muy joven, y sirvió en la guardia del emperador Justino I.​ Tras la muerte de Justino, el nuevo emperador, Justiniano I, lo nombró comandante de las fuerzas imperiales en Oriente a sus 22 años. Contra los sasánidas obtuvo la victoria tanto en la batalla de Dara, como en la batalla de Calinico en el Éufrates. Los éxitos en el campo de batalla llevaron a bizantinos y sasánidas a negociar la que sería llamada "Paz Eterna".
 

El Imperio de Occidente había caído, pero una situación muy diferente se daba en Oriente, donde bajo el reinado de Justiniano I, se vivió una época de esplendor. Uno de los motivos de aquella situación fue gracias a Belisario.

Belisario junto a sus tropas tras una batalla (Mariusz Kozik)


En 532 d. C. era el oficial militar de mayor rango en la capital imperial, Constantinopla, cuando se produjeron las revueltas de Niká, las cuales aplastó mediante un baño de sangre en la que pudo acabar con la vida de hasta 30.000 personas. El emperador Justiniano I se caracterizó por buscar revivir la antigua grandeza del Imperio romano clásico durante su reinado, queriendo además recuperar los territorios occidentales. Es por ello que nombró a Belisario comandante de una gran expedición terrestre y marítima contra el reino de los vándalos, quienes se encontraban asentados en el norte de África. Junto a 15.000 hombres, Belisario tomó Cartago tras la ajustada victoria en la batalla de Ad Decimum (533 d. C.) y recuperó las antiguas provincias romanas del norte de África. 

En el 535 d. C., Justiano I mandó a Belisario a Italia contra los ostrogodos. El general bizantino conquistó rápidamente la isla de Sicilia y luego cruzó a Italia, donde tomó Nápoles y Roma al año siguiente. Tras defender esta última de un atque, se dirigió al norte, donde tomó Milán y la capital ostrogoda, Rávena. Durante su campaña, los ostrogodos le ofrecieron a Belisario  convertirse en el emperador de Occidente, lo cual rechazó. Sin embargo, eso pudo hacer sospechar a Justiniano I, quien decidió mandarlo a Siria contra los persas. Su participación en la guerra gótica había acabado, aunque solo por un tiempo.


El Imperio de Occidente había caído, pero una situación muy diferente se daba en Oriente, donde bajo el reinado de Justiniano I, se vivió una época de esplendor. Uno de los motivos de aquella situación fue gracias a Belisario.

El Imperio de Occidente había caído, pero una situación muy diferente se daba en Oriente, donde bajo el reinado de Justiniano I, se vivió una época de esplendor. Uno de los motivos de aquella situación fue gracias a Belisario.

Belisario defendiendo Roma


Tras ser mandado a Siria para combatir a los persas, llevó a cabo una breve campaña militar durante los años 541 y 542. Finalmente logró negociar una tregua (ayudado con el pago de una cuantiosa suma de dinero), en la cual los persas se comprometieron a no atacar territorios bizantinos en un plazo de cinco años. Belisario volvió a Italia en el 544 d. C., donde los ostrogodos habían reconquistado gran parte de la península itálica. Allí consiguió volver a tomar Roma, pero su campaña resultaría ser un fracaso, principalmente gracias a la ausencia de apoyo en cuanto a provisiones y refuerzos desde Constantinopla. Por aquel entonces el emperador veía en Belisario un peligroso candidato potencial al trono, por lo que lo relevó del cargo, dejando al mando al eunuco Narsés, que fue capaz de llevar la campaña a buen término (en este caso, con un apoyo imperial mayor). Por su parte, Belisario se retiró temporalmente de la vida militar.


El Imperio de Occidente había caído, pero una situación muy diferente se daba en Oriente, donde bajo el reinado de Justiniano I, se vivió una época de esplendor. Uno de los motivos de aquella situación fue gracias a Belisario.

Enfrentamiento entre romanos y ostrogodos (Igor Dzis)

Justiniano le encargó años después defender la capital del Imperio frente a un repentino ataque de los kutriguros, un pueblo estepario, a quienes venció armando a toda prisa un ejército con veteranos que ya habían servido a sus órdenes.

En el año 563 d. C., Belisario fue juzgado en Constantinopla acusado de corrupción, declarado culpable y encarcelado, aunque Justiniano lo perdonó, ordenó su puesta en libertad y le devolvió el favor real en la corte. Los historiadores actuales consideran falsa la acusación, la cual se le asigna a un enemigo político suyo. Según una leyenda, se le fueron sacados los ojos y acabó pidiendo limosna por las calles de Constantinopla, aunque probablemente esta leyenda sea falsa. 

Belisario y Justiniano murieron con pocas semanas de diferencia entre ellos, ambos en el año 565 d. C. Juntos habían agrandado enormemente los territorios del imperio bizantino y habían llevado a cabo el último intento de restaurar el antiguo Imperio romano. Por ello, Belisario es considerado uno de los mejores generales de la historia, y junto a ello, como el último gran romano.


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