Efialtes, el traidor de las Termópilas

 



Ilustración superior de Arte Asgerd. Ilustración inferior de Steve Noon


Toda gran historia suele tener entre sus líneas un gran acto de traición, y la batalla de las Termópilas no es una excepción. Todos conocemos la gran hazaña que llevaron a cabo los griegos en aquella batalla, al igual que el fin de sus días llegó acompañado de la traición de un hombre llamado Efialtes, que desveló a los persas un camino hacia la retaguardia del ejército griego. Pero, ¿qué sabemos de él y qué hay de cierto en su historia?

Para conocer a esta desconocida figura debemos irnos al libro VII de Historias de Heródoto. Allí, el autor griego nos relata lo siguiente. Estando confuso el rey persa sobre qué hacer, ya que los griegos resistían con éxito, se le presentó en audiencia un tal Efialtes (Nombre traducido curiosamente a "La pesadilla"), hijo de Euridemo, de patria meliense. Los melios eran una tribu griega asentada en la región de Tesalia, cuya ciudad más importante era Traquinia. Esto coincide con lo que nos cuenta Diodoro, quien no da nombre al traidor griego sino que sólo nos indica que era de Traquinia. Si bien esto puede parecer que da veracidad a lo que nos cuenta Heródoto, Diodoro es un autor del siglo I a. C., es decir, de alrededor de 400 años después, el cual bebe directamente de autores como el propio Heródoto. 

Volviendo al pasaje, Efialtes les habló a los persas de la existencia de la senda Anopea, un camino de montaña que partía antes del comienzo del paso, trepando por el curso del río Adopo hasta lo alto del monte Calídromo, y que permitía del descenso junto a la costa en las cercanías de Alpeno, en la retaguardia griega (Hdt. VII.216). Su motivación no era más que salir bien recompensado. La imagen de Efialtes como un jorobado deforme que solo busca vengarse de los espartanos tras no ser aceptado por estos, la cual aparece en la película 300, es falsa. 



Efialtes guiando a los persas por la senda Anopea. 
Grabado anónimo de 1893, obtenido  de akg images


Temiendo la venganza de los lacedemonios, Heródoto nos cuenta que huyó a Tesalia, a su tierra natal. Además, los griegos en asamblea (hablamos de la Anfictionía), le pusieron precio a su cabeza. Tiempo después, habiendo vuelto a la ciudad de Anticira, murió a manos de de Atenades, natural de Traquinia. Cabe destacar aquí que Heródoto nos cuenta que se restituyó a Anticira, por lo cual podría ser el lugar donde vivía cuando desveló el sendero a los persas, sin desmentir que fuese natural de Traquina como dice Diodoro y como probablemente fuere, al igual que su asesino. En cuanto a este, no se nos dice más que su identificación. Su motivación para asesinar a Efialtes se nos dice lo siguiente: “... si bien es verdad que Atenades le quitó la vida por cierto motivo, como yo en otro lugar explicaré, con todo, no se lo premiaron menos los Lacedemonios…” (Hdt. VII. 216).

Mencionemos también lo que Heródoto nos cuenta a continuación, que también es de gran importancia. El autor griego nos dice que hay otra versión donde son Onetes, hijo de Fanágoras, y Coridalo, natural de Anticira, quienes en vez de un tal Efialtes, desvelan el camino a los persas. ¿Qué hay de cierto en esta versión? El propio Heródoto nos dice que no se la cree, pues la Anfictionía puso precio por la cabeza de Efialtes y no por la de los otros, y él, el autor, confía plenamente en su juicio.

Por último, sería un error hablar de Efialtes como aquel que dió la victoria a los persas, porque si bien adelantó lo que podría considerarse inevitable, los exploradores persas acabarían encontrando una ruta para rodear a los griegos liderados por Leónidas, con ayuda de Efialtes o no, o al menos en eso coinciden gran parte de los historiadores actuales. 


¿Un traidor?

Efialtes ha pasado a la historia como el gran architraidor para los griegos, y esa imagen ha llegado incluso hasta nuestros días. Sin embargo, si atendemos a un juicio más objetivo, no podemos hablar de un caso claro de traición. Si hiciésemos una lista con los nombres de todos aquellos griegos que ayudaron a los persas, tardaríamos bastante en acabarla. Sin irnos más lejos de la propia segunda guerra médica, Jerjes contaba con sus propios consejeros griegos. Además, si bien los griegos tenían un sentimiento de pertenencia hacia una misma cultura o identidad, no hablamos de una nación unida ni un mismo país. Los propios griegos como bien es sabido se enfrentaban constantemente entre ellos. Por otro lado, Efialtes parece ser que procedía de Tesalia, una región que había caído ante el Imperio persa pasando a la sumisión por no haber recibido ayuda, al igual que muchas otras ciudades del norte de las Termópilas que se rindieron. Y es más, los propios espartanos se aliarán con frecuencia con los persas para hacer frente a Atenas entre otras polis. Ahora bien, el hecho de que fuese un griego, cuya patria había sido sometida por el invasor, quién ayudase a estos a vencer al ejército griego reunido a cambio de una recompensa, es perfectamente considerable un acto de traición para un griego de la época. 


Bibliografía:

-Historias Libro VII Heródoto

-Biblioteca histórica Libro XI Diodoro de Sicilia. Gredos.

-La batalla de las Termópilas. Desperta Ferro Antigua y medieval, Nº 67. 





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