Nerón y el gran incendio de Roma

 


Las fuentes escritas mencionan hasta 88 grandes incendios en la historia de Roma antigua, sin embargo, uno ha destacado por encima de los demás, el gran incendio ocurrido bajo el reinado de Nerón.

Ilustración superior de ª RU-MOR para Desperta Ferro


Las fuentes escritas mencionan hasta 88 grandes incendios en la historia de Roma antigua, sin embargo, uno ha destacado por encima de los demás, el gran incendio ocurrido bajo el reinado de Nerón. En él los primeros cristianos de la urbe fueron convertidos en culpables oficiales del gran desastre y condenados por ello. 

Nos han llegado muy pocas fuentes y breves sobre el incendio, aunque gracias a Tácito conocemos los detalles de este. El fuego se inició en la noche del 18 al 19 de julio del año 64  d. C. en uno de los extremos del Circo Máximo, donde en el 36 d. C. ya se había declarado otro, además, ese día precisamente era el aniversario del gran incendio de Roma provocado por el galo Breno en el año 390 d. C. Volviendo al del año 64 d. C., este coincidió con un violento temporal de vientos cálidos que hicieron avanzar el fuego rápidamente por las estrechas calles de los barrios próximos al Circo, donde los productos combustibles de las numerosas tiendas no hacían más que avivarlo. Por un lado se extendió a través del Palatino llegando al foro imperial. Por otro lado, llegaba a la imponente Domus Transitoria de Nerón y a los barrios donde sería construido el Coliseo en un futuro. El caos se apoderó de la ciudad. Nerón mientras tanto se encontraba en una villa a 60 km de la ciudad, y no fue hasta 3 días después cuando volvió a Roma. Sin embargo, se extendió el rumor de que Nerón se encontraba en una torre mientras observaba la ciudad en llamas y cantaba una canción sobre la destrucción de Troya. Este rumor ha llegado hasta nuestros días en forma de mito. 

Según Tácito se tomaron medidas efectivas y urgentes en auxilio de los damnificados, y al cabo de 6 días, se consiguió detener el incendio a través de demoliciones de edificios para que este no se extendiese más. Para lamento de los habitantes de la gran urbe, las llamas se reavivaron en los barrios del Quirinal, al otro lado de la ciudad, dando motivo a pensar de que se trataba de fuegos provocados. Finalmente, ambos terminaron por consumirse. Según Suetonio, grupos de incendiarios con antorchas fueron vistos por la ciudad, los cuales habrían sido mandado por el propio Nerón para quemar Roma y así destruir sus antiguos y feos edificios, pudiendo reconstruirla de una forma más bella. 


Mapa del incendio de la ciudad. Las zonas más afectadas son las de color rojo


Los resultados del incendio fueron catastróficos debido a su extensión. Fueron destruidos numerosos monumentos emblemáticos de la ciudad, incluso ardió la propia Domus Transitoria de Nerón, aún en construcción. También se perdieron muchas obras de arte trasladadas a Roma durante las conquistas militares. La reconstrucción constó de recursos ilimitados económicamente. Los viejos barrios destruidos fueron reconstruidos siguiendo un plan urbanístico regular y planificado con grandes insulae. También se comenzó a construir la gigantesca y famosa Domus Aurea, en un lugar cuyos edificios fueron pastos de las llamas y donde se construiría posteriormente el Coliseo. Si bien como hemos dicho el gran fuego provocó numerosos destrozos y daños, la reconstrucción embelleció la ciudad y trajo consigo un mejor plano urbanístico.

Al incendio se le intentó buscar una explicación religiosa, y se realizaron numerosas ofrendas y acciones de carácter religioso. También se llevó a cabo una gran operación policial acompañada de numerosas torturas y ejecuciones. Parece ser que la mayoría de ellos serían cristianos, y esto acabó convirtiéndose en una gran persecución hacia todos ellos. Fueron rápidamente ejecutados como criminales, no por provocar supuestamente el incendio, sino por sectarios.



El rumor de Nerón tocando la lira

Nerón ha pasado a la historia representado con una lira en sus manos mientras Roma ardía tras él. Culpable de ello, en parte, es la película Quo Vadis, donde se representa esta escena, y la cual a través de la gran pantalla se ha hecho un hueco en la cultura popular. Pero los principales culpables de este falso mito no son otros que los propios autores romanos, exactamente Suetonio y Dion Casio. Estos inmortalizaron en sus escritos el rumor que se extendió de que Nerón se había subido a una torre en los jardines de Mecenas para contemplar la ciudad en llamas cantando una canción sobre la  destrucción de Troya. El rumor sin duda parecía real, pues ese mismo año, antes del incendio, Nerón mostró su interés por el arte y la música cuando debutó cantando ante el público en Neapolis.  Durante la actuación, un terremoto sacudió el teatro habiendo fallecidos, sin embargo, el emperador no dejó de cantar y prohibió que nadie se fuese del espectáculo. Esto nos lo relata Tácito en Anales.


se extendió el rumor de que Nerón se encontraba en una torre mientras observaba la ciudad en llamas y cantaba una canción sobre la destrucción de Troya. Este rumor ha llegado hasta nuestros días en forma de mito.

Representación del mito de Nerón tocando la lira mientras ve arder Roma


Volviendo al incendio de Roma, si bien los autores Suetonio y Dion Casio relatan el rumor como un acontecimiento verídico, los historiadores actuales coinciden en que debió de ser solo un rumor extendido como hemos dicho en un principio. Además, según Tácito, Nerón ni siquiera se encontraba en la capital cuando comenzó el incendio, si no que estaba en su villa de Anzio, a 60 km, y volvió a Roma tres días después.


Bibliografía: 

-Desperta Ferro Historia Arqueología e historia  n.º 27 "La Roma de Nerón" (Artículo de María del Mar Gabaldón Martínez)



El legendario encuentro entre Alejandro y Diógenes

 


Apártate que me tapas el sol.

Cuadro (zona inferior) "Diógenes" de  Jean-Léon Gerôme

A veces la historia nos deja episodios tan increíbles que nos resulta complicado saber si son leyenda o no. Este tiene como protagonistas a dos hombres tan importantes como distintos. Diógenes el Cínico era un famoso filósofo que pensaba que la verdadera felicidad del hombre residía en una vida natural, evitando los placeres terrenales. Residía en una tinaja, comía junto a sus perros y hacía todas sus necesidades en público. Diógenes solía meterse en problemas bastante a menudo a causa de sus enseñanzas y estilo de vida rebeldes.

Estando en Corinto, Alejandro, quien conocía las enseñanzas del filósofo, llegó a la ciudad en plena expansión militar por Grecia. Entre ellos se produjo un encuentro el cual Plutarco nos relata de la siguiente manera:

“Acto seguido, muchos hombres de estado y filósofos se acercaron a Alejandro para felicitarle, y esperaban que Diógenes de Sinope, quien llevaba un tiempo en Corinto, haría igual. Pero al no tener el filósofo la más mínima noticia de Alejandro, continuó disfrutando de su ocio en los suburbios de Craneion, por lo que Alejandro decidió acudir personalmente a verle, encontrándole tendido al sol. Diógenes se incorporó un poco cuando vio tanta gente encaminándose hacia él, y fijó sus ojos en Alejandro. Cuando el conquistador se dirigió a él saludándole, y le preguntó si quería algo de él, Diógenes le respondió “Sí. Apártate que me tapas el sol.” Se cuenta que Alejandro quedó tan impresionado por esta respuesta, y sintió tanta admiración por la altivez y la grandeza del hombre que parecía no sentir sino desprecio hacia él, que dijo a sus seguidores, que se burlaban y reían del filósofo mientras se marchaba: “Si no fuera Alejandro Magno, me hubiera gustado ser Diógenes.”


Fuentes:

-Vidas paralelas (Plutarco)


El ojo de Filipo II

 


Todos conocemos al padre de Alejandro Magno, a Filipo II,  un hombre con una herida de su ojo derecho.

Ilustración superior de Panaiotis Kruklidis, inferior de Seán Ó’Brógáin


Todos conocemos al padre de Alejandro Magno, a Filipo II, como a un hombre con una destacable barba y una cara llena de cicatrices. Pero entre todas ellas, podemos destacar una, una herida que le acompañó gran parte de su vida y describe perfectamente a este gran héroe macedonio. Hablamos de la herida de su ojo derecho. 

A pesar de las varias teorías existentes y el debate aún existente de su origen, la teoría que más fuerza tiene es la que ha llegado de las fuentes de Diodoro, Justino y Estrabón. Estos afirman que sucedió durante el asedio de la ciudad de Metone (Macedonia), y que fue causada por una flecha lanzada por un defensor. Esta ciudad, controlada por los atenienses, cayó en manos de los macedonios en el siglo IV a. C., tras un largo asedio dirigido por Filipo II, quien quedó tuerto tras la batalla.

Una herida que demuestra la valentía del rey macedonio al estar en primera línea de batalla junto a sus soldados, una valentía que heredará su hijo, Alejandro Magno.


El origen de la Navidad

 

El nacimiento de Jesús, cuando nació Jesús

Para entender el origen de la Navidad debemos empezar por el principio, por el nacimiento de Jesús, acontecimiento sobre el cual gira la festividad. ¿Nació Jesús un 25 de diciembre? El día exacto es casi imposible de saber y en cuanto al mes, la teoría más aceptada es en septiembre u octubre. Pero entonces, ¿por qué se celebra en diciembre?. 


Diferentes culturas realizaban festividades durante el solsticio de invierno, el cual tiene lugar entre el 20 y el 23 de diciembre. Los romanos celebraban Las Saturnales, fiestas dedicadas a Saturno desde el 17 al 23. Estas fiestas se caracterizaban por ser siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos. Los esclavos se libraban de sus obligaciones e incluso se detenían las guerras. Estas fiestas son el origen de la forma actual de celebrar la Navidad y el conocido como “espíritu navideño”.  Además, durante el siglo III d. C., el emperador Aureliano creó el Dies Natalis Solis Invicti, una festividad dedicada al culto del Sol y el cual finalizaba el 25 de diciembre, fecha en la cual también se celebraba el nacimiento de Mitra. 


Por otro lado los germanos y escandinavos celebraban el 26 de diciembre el nacimiento de Frey, dios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad. En esas fiestas adornaban un árbol de hoja perenne, que representaba al Yggdrasil o árbol del Universo, costumbre que se transformó en el árbol de Navidad cuando llegó el Cristianismo al Norte de Europa.  Incluso aztecas e incas, culturas muy lejanas, tenían sus propias festividades relacionadas con el Sol durante esas fechas. Aprovechando la coincidencia de fechas, los primeros evangelizadores, los religiosos agustinos, promovieron la celebración de la Navidad y así desapareció el dios prehispánico y mantuvieron la celebración, dándole características cristianas.


Volviendo al nacimiento de Jesús, las primeras referencias a celebraciones variaban de fecha según el lugar. Pensadores como Clemente de Alejandría situaron el acontecimiento en fechas muy lejanas a diciembre. No fue hasta el año 335 d. C. cuando el Papa Julio I propuso la actual fecha, y en el 354 d. C., el Papa Liberio decretó que esa sería la fecha oficial, sobreviviendo hasta hoy en día. El motivo posiblemente fuese para vincularlo con la mencionada festividad del Sol Invicto, ya que al “unirlas”, atraería a más paganos a la nueva fe. Aunque no sabemos cuándo nació Jesús realmente, la Navidad tiene una historia tan larga como interesante, y es que es la mezcla de diferentes fiestas de distintas culturas, porque la Navidad al final es eso, un tiempo de celebración y unión. 


El Rubicón y su importancia en la historia de Roma


El río que cruzó Julio César pronunciendo "alea jacta est"

Ilustración superior de Peter Dennis, inferior de Petter Conolly

El río Rubicón o Rubico en latín,  es un río del nordeste de Italia que  desemboca en el mar Adriático. Parece que el nombre deriva del color del agua, ya que discurre por una región arcillosa, que tiñe el agua de un color rubí. 

Este río tiene una gran importancia en la historia de Roma, pues durante la República Romana, ningún cónsul podía cruzar el río Rubicón con sus legiones cuando se encontraba en una campaña militar. De esta forma, se evitaba que pudieran dar un golpe de estado en Roma, ya que las legiones no podían entrar en las provincias romanas, cuya frontera era el río. Cualquiera que cruzara el Rubicón con sus legiones, era declarado inmediatamente enemigo del Senado y del pueblo de Roma. 

Esto fue así hasta que en la noche del 11 al 12 de enero del 49 a. C., alguien cruzó el Rubicón sin permiso, hablamos de Julio César. Fue con esta acción como comenzó la segunda guerra civil romana y mediante la cual, César se convirtió en dictador, dándose comienzo así al final de la República. De este suceso proviene la expresión "cruzar el Rubicón", que se refiere a tomar una decisión de la que, una vez tomada, ya no hay ni habrá vuelta atrás.  



Suetonio nos dice en su obra Vidas de los doce césares, que cuando dió la orden a sus tropas de cruzar el río pronunció la famosa frase "alea iacta est" (la suerte está echada). Por otro lado,  Plutarco en Vidas paralelas, nos dice que César citó en griego la frase del dramaturgo ateniense Menandro: "¡Que empiece el juego!".


Un simple gesto que cambió la historia de Roma. Si bien es por un motivo simbólico, el rio Rubicón siempre formará parte de la historia de la ciudad eterna.

 



Los extravagantes banquetes romanos




En época imperial el banquete se convirtió en símbolo de estatus para la aristocracia. Desde Grecia llegó a Roma la moda de celebrar banquetes tumbados en lechos, un tipo de cama con capacidad para tres personas, los cuales se colocaban alrededor de una mesa central. La sala del banquete tomó el nombre de triclinio o triclinium en latín. El nombre procede de la palabra griega triklinion, formado por "tri-" de "tres", y klinē, el nombre griego que recibían los lechos. Sobre estos se colocaba una gran servilleta que traía cada invitado y con la cual podía envolver y llevarse las sobras de la comida que el anfitrión ofrecía. Plinio el Joven nos habló de un triclinio donde los comensales se tumbaban en lechos en un extremo de la piscina mientras los sirvientes empujaban sobre el agua las bandejas de comida para que llegasen flotando hacia los invitados.  

Debido al hecho de que se encontraban tumbados mientras comían, usaban solo las manos, y no cubiertos, los cuales eran difíciles de usar en esa postura. La comida estaba cortada en trozos pequeños, para que fuese más fácil de comer con las manos, las cuales se limpiaban con miga de pan. Y aunque esté muy extendido el mito de que los romanos vomitaban queriendo para vaciar su estómago y seguir comiendo, no es cierto, es totalmente falso.



Banquete romano (Peter Dennis)


En el imperio romano también se contrataban cocineros profesionales, especialmente griegos y orientales, quienes además de cocinar platos exóticos, se les pedía en muchas ocasiones que creasen auténticas obras de arte sobre la mesa. Destaca entre otros Apicio, un gastrónomo del siglo I d. C. a quien se atribuye De re coquinaria, un manual culinario considerado la obra gastronómica más famosa del mundo antiguo. En él encontramos hasta trucos para esconder el gusto original de los alimentos mediante especias y otros ingredientes y hasta una receta de arenques sin arenques. 

Un plato muy famoso y refinado era el porcus troianus: un cerdo relleno de salchichas con salsas aromáticas y verduras, recordando al caballo de troya con los soldados griegos en su interior. Hay que tener en cuenta, como en la actualidad, que en el mundo gastronómico había bastantes modas, como por ejemplo una muy extendida entre los ricos que consistia en usar nieve para enfriar los alimentos, incluso hacían sorbetes con la nieve a base de leche, huevos y miel, ¿helados?.

Los pavos reales, muy caros, se servían enteros y decorados con sus plumas. Otros platos extraños, para nosotros y no para ellos, eran la lengua de flamenco (un auténtico manjar de la época), los talones de camello, el cerebro de avestruz, o la carne de cachorro de perro. 



Mosaico romano de un banquete (La villa de Tellaro, Sicilia)


Por último, mencionemos el Satiricón de Petronio, una obra de fantasía, pero seguramente inspirada en modas reales del siglo I d. C. En ella se habla un banquete donde se sirvió un jabalí cocinado entero y rodeado de lechones hechos con pasta de almendras y dos cestas de dátiles colgadas de sus colmillos. Ya es extraña la extravagancia del plato, pero lo realmente peculiar es cuando el cocinero clavó el cuchillo en el animal, pues salieron pájaros volando, los cuales enseguida fueron capturados, cocinados y servidos.

Bibliografía:

-Revista Historia National Geographic N.º 175. Artículo "Manjares en la Roma Imperial: el arte del exceso", por Bárbara Faenza.

 

La novena legión

 
Películas como “Centurión”, “La última legión” o “La Legión del Águila” han inmortalizado en la pantalla a la famosa Legio IX Hispana.

Ilustración inferior de Mariusz Kozik

El desconocimiento de que fue de esta legión dió lugar a numerosas leyendas impulsadas por historiadores y escritores que hicieron de esta legión posiblemente la más conocida hoy en día.

La novena legión comienza a crear su propia historia bajo Julio César, con quien luchó en la guerra de las Galias y a quien fue fiel durante su guerra contra Pompeyo. En tiempos de Octavio Augusto luchó junto a este en la decisiva batalla de Actium y participó en las guerras cántabras, en Hispania. Fue entonces cuando se ganó el sobrenombre de Hispana, ya que se estacionó allí.  Sus destinos fueron varios antes de llegar a Britania en el 43 d. C., participando en su invasión. En Britania fundó la actual ciudad de York, donde nace el origen de la leyenda de su desaparición. Tras ser reemplazada por la Legio VI Victrix, se perdieron las pistas sobre qué fue de ella. 

Fueron muchas las novelas que aprovecharon esto para crear numerosas leyendas. La más destacada y extendida fue la de la muy popular novela de R. Sutcliff The Eagle of the Ninth, de 1954, donde era exterminada por tribus britanas del norte. Sin embargo, en 1970 se descubrió que la Legio IX Hispana fue trasladada a la actual Holanda, donde estuvo hasta el año 132 d. C., cuando fue enviada a Oriente. Es allí donde comienza el verdadero misterio de su desaparición, pues se le pierde el rastro. En una relación de legiones de época de Marco Aurelio ya no se la menciona. Existe la posibilidad de que Roma no quisiera dejar constancia de la IX debido a que hubiera sufrido alguna derrota marcada, o porque sus legionarios hubieran cometido algún acto deshonroso, como huir del campo de batalla. 

Otro final pudo ser la destrucción de la unidad en Judea, lugar en el que se había sucedido una revuelta en época de Adriano o que también hubiera sido aniquilada por tropas partas en el 161 d. C., durante la invasión de estos de Armenia y Siria. Lo único cierto es que se desconoce qué fue exactamente de ella, de la legión que pasó a la historia más por su misteriosa desaparición que por sus hazañas,  de la conocida como... la novena legión.


El submarino de Alejandro Magno

 


La conocida obra Romance de Alexandre, cuenta entre sus numerosas míticas hazañas de Alejandro Magno una bastante curiosa y difícil de creer, y es que no hay ningún motivo para pensar que fuese cierto, aunque eso no quita que esta leyenda deba ser conocida. Según se nos cuenta, Aristóteles, el filósofo, junto a su alumno Alejandro inventaron un aparato llamado lebeta. 

La lebeta griega fue el primer prototipo de campana húmeda que se diseñó. Aunque Alejandro Magno no tiene que ver nada con ello, si existe un texto real que escribió el propio Aristóteles llamado Problemata (313 a. C.), donde encontramos la mención más antigua respecto a la lebeta griega, pudiendo ser realmente su inventor. Sin embargo, en la obra se nos dice que Aristóteles diseñó una lebeta con las paredes de cristal, la cual usó Alejandro Magno para conocer los desconocidos fondos marinos. He aquí parte de la obra antes mencionada Romance de Alexandre


"¡El mar infecundo de Homero! ¡Palabras insensatas! Los hombres, Aristóteles, nunca han visto más que aguas agitadas por el viento, nunca han contemplado más que espumas centelleantes, nunca han estado sentados más que en la tapa del cofre. En cuanto apoyé la frente contra el vidrio transparente, vi, como bajo el sol que disipa las brumas de Hidaspes, un mundo fabuloso. Los cofres del mar desbordaban riquezas vivientes, más asombrosas que los mil tesoros de Susa y ofrecidas a mí envueltas en polvo de oro. Mira esta tierra desolada y maléfica de Gedrosia. Desde que el mar la cubre todo es fertilidad, belleza, frondosidades vírgenes, exuberancia. Estate seguro, Aristóteles, de que los hombres irán un día a conquistar sus riquezas y apoderarse de ellas. Por los campos de algas pasan manadas de peces a los que otros, enormes, siguen para devorarlos. El fondo del mar está cubierto de conchas, de animales que son acaso flores y de plantas que he visto transformarse en criaturas animadas, tendiendo sus garras y abriendo sus fauces. Bajo el mar ocurren cosas que mis ojos han visto sin que mi mente pueda comprender. Todo parece regido por la magia y los caprichos demenciales de dioses monstruosos (…)"




Dibujo de época medieval sobre el pasaje mencionado



El origen de Halloween

 

Es bien conocido por todos que su origen más lejano se remonta al Samhain, la festividad celta. Y aunque esto es cierto, el significado de esta fiesta es muy distinto al que hoy en día tiene Halloween.

Halloween, celebrado por muchos y conocido por muchos más. Hoy en día se ha convertido en una de las festividades con más importancia, pero, aunque su origen se remonta hasta hace más de dos mil años, debemos entender esta festividad como la evolución y unión de muchas otras. Es bien conocido por todos que su origen más lejano se remonta al Samhain, la festividad celta. Y aunque esto es cierto, el significado de esta fiesta es muy distinto al que hoy en día tiene Halloween.
Para los celtas, el lugar de los espíritus era un lugar de felicidad perfecta en la que no había hambre ni dolor. Ellos celebraban esta fiesta con ritos en los cuales los druidas, se comunicaban con sus antepasados en espera de ser guiados en esta vida hacia la inmortal. Se dice que los "espíritus" de los ancestros llegaban en esa fecha a visitar sus antiguos hogares. Algo diferente al sentido actual de Halloween. Sin embargo, si encontramos mucha similitud con la fiesta romana llamada Lemuria. Durante esta, los romanos realizaban ritos para exorcizar a los malévolos y temerosos fantasmas de los muertos de sus hogares. Seguramente, al igual que Samhain, esta fiesta se cristianizó y se mezcló con el Día de Todos los Santos, al igual que pasó con muchas otras festividades romanas, que también se cristianizaron cuando se declaró el cristianismo religión oficial.


Mosaico de un esqueleto (Museo arqueológico de Nápoles)

No podemos olvidar en esta unión otras festividades de origen pagano que influyeron en este día, como Walpurgisnacht, la noche de las brujas, la cual hoy se sigue celebrando, aunque de forma muy distinta. En América por ejemplo, la forma de celebrar Halloween se ve influenciada por las tradiciones precolombinas y su relación con los espíritus y los muertos. 

Desde la antigüedad hemos visto cómo distintos pueblos y culturas muy diferentes han dedicado gran atención al mundo de los muertos. Hoy en día, aunque de forma diferente, siguen existiendo esas creencias y ese interés por los espíritus y por los muertos. Y es que hay algo que nos caracteriza como seres humanos, algo que nos influye en nuestra forma de ser y de actuar, algo que por mucho que no queramos, siempre estará ahí. El miedo a la muerte.


Los bacanales, las orgías romanas y sus falsos mitos


En el imaginario popular, las bacanales son un sinónimo de desenfreno sexual sin límites, sin embargo, no se sabe mucho de ellos debido al secretismo y ocultismo con el que se llevaban a cabo.


Son muchos los falsos mitos que existen sobre la sexualidad en la antigua roma, como los bacanales y las orgías. En una fiesta romana normal, si dos personas querían mantener relaciones sexuales, se retiraban a una sala aparte en privado. En el imaginario popular, las bacanales son un sinónimo de desenfreno sexual sin límites, sin embargo, no se sabe mucho de ellos debido al secretismo y ocultismo con el que se llevaban a cabo. Tito Livio, la principal fuente que nos ha llegado hasta nuestros días, hablaba, según él, de simples rumores. Los bacanales, eran fiestas en honor al dios Baco las cuales se celebraban 5 veces al mes, y donde se buscaba el placer como una forma de llegar a conectar con el dios . Llegaron a Roma por influencia griega en torno al 200 a. C. En ese contexto de desesperación moral en el que muchas familias habían perdido a sus varones en la segunda guerra púnica , cultos mistéricos como este se presentaban como una alternativa atractiva. Originalmente sólo se permitían mujeres, sin embargo, finalmente se admitieron hombres. 

El miedo por parte del Senado y las autoridades hacia este culto, llevaron a prohibir en su mayoría los bacanales en el 186 a. C., condenando a muerte a aquellos que lo incumplieran. Sí, los famosos bacanales celebrados en Roma duraron apenas 20 años. El Senado no quiso acabar el culto a Baco, pero si lo limitó, ya que era impensable ir en contra de un dios. Recordemos que en Roma eran muy importantes los valores y los pilares tradicionales romanos, y que un culto de origen extranjero envuelto de secretismo se extendiese entre la población era un peligro para la estabilidad del pueblo romano. 

En cuanto al sexo en grupo, no hay ninguna evidencia de que fuese algo común en los bacanales. El secretismo que envolvía a este culto, ha hecho que no sepamos cómo eran realmente los bacanales, sin embargo, podemos asegurar que lo que dice la cultura popular sobre ellos, forma más parte del imaginario colectivo que de la realidad.

El emperador Honorio y su gallina Roma

 

El emperador Teodosio, al morir en el 395 d. C., dividió el imperio entre sus dos hijos, siendo la parte occidental para su hijo menor Honorio


Cuadro (parte superior)  Las favoritas del emperador Honorio  (John William Waterhouse)


El emperador Teodosio, al morir en el 395 d. C., dividió el imperio entre sus dos hijos, siendo la parte occidental para su hijo menor Honorio, el cual tenía 9 años en aquel momento. En esa época el verdadero poder lo solía tener el magister militum, el mayor cargo militar. Su figura era comparable a los famosos válidos de los reyes españoles durante los siglos XVI y XVII. Para suerte de Honorio, el magister militum era Estilicón, un brillante militar que mantuvo a raya las invasiones bárbaras. Evidentemente la relevancia política de Honorio era prácticamente inexistente ya que el peso de la gestión del imperio lo llevaba Estilicón. Aún así, este último se propuso darle una educación al emperador adecuada a su cargo, pero Honorio hacía oídos sordos y se pasaba el día jugando con sus gallinas, a las que tenía por animales domésticos. 

En el año 408 d. C., Honorio condena a muerte a Estilicón tras creerse diversas acusaciones difundidas por conspiradores. El emperador no era consciente del error que había cometido, cuyas consecuencias no tardarían en llegar. Muerto Estilicón, el rey visigodo Alarico consigue llegar hasta Roma, y el 24 de agosto del 410 d. C., la ciudad es saqueada. Honorio, quien se encontraba en Rávena, la capital del imperio por aquel entonces, recibió las noticias de la catástrofe de una forma no menos curiosa. Cuando le comunicaron que Roma había sido tomada por los bárbaros, Honorio exclamó preocupado "¿Pero cómo puede ser? ¡Si ahora mismo estaba entre mis pies!". Había entendido que se trataba una de las gallinas con las que jugaba, a la cual llamaba con el nombre de Roma. Cuando le comunicaron que se trataba de la ciudad y no su gallina, respiró aliviado.

Hoy en día se piensa que seguramente esta “anécdota” fuese una exageración de sus opositores, pero es posible que tuviese un origen real. Independientemente de ello, es un claro ejemplo de la mala gestión política del imperio en sus últimos años de vida, algo que sin discusión alguna, fue uno de los motivos principales de la caída de uno de los mayores imperios de la historia.  


Aníbal tras la batalla de Zama

 

Aníbal, es conocido por su participación en la segunda guerra púnica, derrotado por Escipión en la batalla de Zama.

Ilustración superior de Bruce Brenneise, inferior de Giuseppe Rava 


Aníbal, para muchos uno de los mejores estrategas de la historia, es conocido por su participación en la segunda guerra púnica y sus numerosas victorias frente a los romanos antes de ser derrotado por Escipión en la batalla de Zama. Pero su historia no acaba allí. Obligado a firmar un tratado de paz con Roma en el 201 a. C.,​ que privaba a Cartago de su antiguo imperio, Aníbal, que entonces contaba con 46 años, decidió entrar a formar parte de la vida política cartaginesa. 

La ciudad estaba dividida en dos importantes corrientes ideológicas. Por un lado estaba el partido democrático, al cual pertenecía Aníbal, y el cual tenía una política expansionista. Por el otro lado, encontramos un movimiento político basado en una oligarquía conservadora, centrada en el progreso económico a partir del comercio y los impuestos. Siendo elegido sufete en el 196 a. C., un puesto importante en el senado cartaginés, restauró la autoridad y el poder del Estado, representando así una amenaza para los oligarcas,​ que le acusaron de haber traicionado a su país al no tomar Roma cuando pudo. Los enfrentamientos entre Aníbal y los oligarcas llevaron a estos a contactar con los romanos quienes, alarmados por la nueva prosperidad de Cartago, exigieron la entrega de Aníbal con el pretexto de que mantenía contacto con Antíoco III, rival de Roma. Aníbal decidió voluntariamente exiliarse​, siendo el año 195 a. C.

Al llegar a  Éfeso  fue recibido con honores militares por el rey Antíoco III Megas de Siria,​ que se preparaba para la guerra contra Roma.​ Aníbal se ofreció como general pero no recibió ni apoyo ni confianza por parte del rey, y terminó huyendo por miedo a ser entregado. Tras ello, lo que fue del cartaginés resulta algo incierto. El mismo que casi venció a Roma, ahora se encontraba perdido. Viajó por diferentes territorios helenísticos y participó como consejero y general en diferentes guerras. Finalmente, estando bajo el mando de Prusias I de Bitinia, decidió suicidarse cuando iba a ser traicionado y entregado por éste a los romanos. De esta trágica forma acaba la historia de un hombre que puso en jaque a las legiones romanas, un estratega como pocos ha conocido este mundo, hablamos de... Aníbal Barca.


La vestimenta y armamento del pretoriano romano

 


Desde siempre hemos visto a los pretorianos como la élite del imperio romano, siempre mejor armados que el resto de los legionarios, con capa, plumas en el casco... etc. Pero todo ello es falso. A continuación hablaré de cómo iban realmente los soldados de la Guardia Pretoriana.

La función principal de los pretorianos era una especie de cuerpo de policía política que se encargaba de la seguridad y protección de Roma. Siendo la única legión regular a la que se le permitía acuartelarse en Roma. Por tanto, casi siempre se encontraban medio armados, ya que servían como guardia y no en el campo de batalla. Vestían con túnicas y cotas de mallas, uniformes ligeros. Aun así, cuando un emperador iba en persona a una campaña militar, llevaba consigo a los pretorianos.



Una vez en batalla, los pretorianos sí iban bien armados, pero prácticamente igual que el resto de los legionarios. Ni capa, ni plumas, ni mejores armaduras. Lo único que los diferenciaba del resto de soldados era que llevaban los escudos más curvos y con diferentes símbolos. 



Ilustración de Richard Hook


Además de esto, hay otras diferencias como el portaestandarte que  llevaba una figura diferente a la de un águila, la diosa Victoria, y en la cabeza llevaba piel de león. Si es cierto que al cobrar más que los legionarios normales, tuvieran armaduras más adornadas y decoradas, pero estas se reservaban para los desfiles y triunfos.






Relieve de la guardía pretoriana de gala en un desfile (Museo del Louvre)



Ilustración de un pretoriano basada en el relieve de la imagen anterior (John Shumate)


La letra lambda en los escudos espartanos

 


Ilustración de arriba a la derecha de Richard Hook


La letra Lambda, actual “L”, era la primera letra de la palabra  “Laconia”. Laconia o también llamada Lacedemonia, era la región o parte del Peloponeso de la cual Esparta era el centro y núcleo. Durante las guerras entre los hoplitas, era muy difícil diferenciar a un enemigo de un aliado, ya que no había símbolos ni distinciones entre los soldados de los diferentes ejércitos. Es por ello, que entorno al 460-470 a. C., los soldados espartanos comenzaron a pintar principalmente en  rojo la letra griega lambda mayúscula (Λ) en sus escudos para identificarse como soldados de Lacedonia. Esta práctica fue imitada en muchas ciudades, que hicieron lo mismo con símbolos propios de sus polis.

Aunque el uso de este tipo de símbolos en los escudos se generalizó, lo más probable es que no todos los soldados hicieran lo mismo, y que muchos siguieran llevando sus propios símbolos. 


Veni, vidi, vici

 


Ilustración superior de Andrey Karashchuk


"Veni, vidi, vici" es una frase muy conocida que todos hemos oído al menos una vez, pero…¿cúal es su origen?.  En el siglo I a. C., aprovechando la guerra civil que sufría Roma, el rey de Ponto Farnaces II, invadió los territorios romanos fronterizos a su reino. Julio César, quien acababa de vencer en Egipto, partió enseguida con el objetivo de acabar con su rival. Teniendo en cuenta la mala situación que había en Roma, César quería acabar con su campaña asiática lo más pronto posible, pues Roma le reclamaba, y así fue. Tras 5 días de campaña, César acabaría con la guerra tras vencer en la batalla de Zela (47 a. C.)  y ser asesinado Farnaces II. 

Fue tan rápida y contundente la victoria que Plutarco menciona que César dijo: "Veni, vidi, vici", cuyo significado es "Vine, ví y vencí". Con esta frase quería simbolizar lo fácil que fue para él acabar con esa guerra que ponía en peligro a Roma. 

Era costumbre que al realizar el triunfo correspondiente a la victoria, se exhibiese al líder enemigo como prisionero. Sin embargo, Farnaces II había muerto en combate, y no podía llevarlo en su desfile triunfal por Roma, por lo que lo sustituyó por un cartel donde estaba escrito el "Veni, vidi, vici". La grandeza de César en una sola frase, un juego de palabras con una sencilla historia que curiosamente sobrevivirá al paso del tiempo, siendo conocida por todos hoy en día.



Sestercio romano con la frase "Veni, vidi, vici"

Los animales de Alejandro Magno


El caballo de Alejandro Magno Bucéfalo y el perro de Alejandro Magno Péritas


Los animales han acompañado al ser humano durante toda su historia. Son muchos los personajes históricos que han pasado a la historia junto a sus mascotas y Alejandro Magno no es una excepción. Cuando pensamos en el rey macedonio, es muy probable que la imagen que se nos venga a la cabeza sea de él a lomos de un imponente caballo negro, este caballo es Bucéfalo. Su nombre significa en griego "cabeza de buey", apodo que posiblemente recibió por la forma de su cabeza, donde además resplandecía una mancha blanca en forma de estrella. Según nos cuenta Plutarco, un hombre procedente de Tesalia, región conocida por sus caballos, quiso venderle el animal a Filipo por 13 talentos. Cuando fueron a probar el animal, nadie era capaz de montarlo, pues resultaba ser salvaje y hosco, sin embargo, Alejandro insistió ante su padre en probar él y pagar su precio. Tras intentar montarlo, lo consiguió sin apenas dificultad. 

Bucéfalo acompañó a su amo durante toda su campaña en Asia, participando siempre en batalla. La muerte la encontraría a los 30 años tras la batalla del Hidaspes, posiblemente de agotamiento y debido a su vieja edad. En el lugar de su muerte, en el año 326 a. C., Alejandro fundó en la ribera occidental del río una ciudad llamada Alejandría Bucéfala, en honor a su caballo. Este fue enterrado en el centro de la ciudad, la cual no duraría más de un siglo. Pero esta no fué la única ciudad que Alejandro fundó en honor a un animal suyo. 

Aunque desconocemos el nombre, sabemos de la existencia de una ciudad fundada en honor a Péritas, un perro. Son varias las historias que nos han llegado sobre él, aunque muchas parecen más bien leyendas, como cuando se enfrentó a un león y a continuación un elefante, venciendo a ambos. Según Plinio el Viejo, Péritas fue un regalo de su tío Alejandro I de Épiro, y aunque no se conoce la raza, se apunta a que fuese un moloso. La muerte de éste llegó durante el asedio a una ciudad, donde cayó protegiendo a Alejandro, a quien puede que salvara la vida en esa batalla. Ambos animales demostraron ser parecidos a su dueño en cuanto a carácter y valentía. Animales a los que el rey macedonio quiso inmortalizar fundando y nombrando dos ciudades en honor. Animales cuyos nombres siempre estarán en los libros de historia, Bucéfalo y Péritas.

Fuentes:

-Vidas paralelas, (Plutarco)


¡Por Tutatis!


La famosa frase de Asterix y Obelix, por Tutatis

 

¡Por Tutatis! A veces un simple par de palabras nos pueden transportar a nuestra infancia. No son pocos los que reconocen esta expresión por haber leído Asterix el Galo. También a otros les sonará por la famosa saga de videojuegos Imperium. Pero… ¿es históricamente correcta esta expresión? ¿quién es “Tutatis”? . 

Tutatis o Teutates era el dios celta de la guerra y su nombre proviene de teuta, "tribu, clan" y tes, "jefe, padre", por lo que se podría traducir como “jefe o padre de la tribu”, aunque hay debate con si realmente se traduciría como “unidos tribalmente”. En cualquier caso era símbolo de unión en la tribu y entre las tribus.También se le consideraba  el dios padre y rey del mundo. Pero como hemos dicho al principio, era el dios de la guerra y se caracterizaba por los sacrificios humanos que se le realizaban, principalmente con presos de guerra, algo que tal vez no resulte “cómodo” de escuchar teniendo en cuenta la de veces que lo hemos oído de nuestros queridos héroes Asterix y Obelix. 

En cuanto a si esta expresión era realmente utilizada, no hay ninguna evidencia, aunque no resultaría extraño pensar que los galos nombrasen a su dios de la guerra antes o durante una batalla. La utilizarán o no, esta frase nos ha acompañado a todos aquellos amantes de la historia que hemos crecido leyendo a los dos héroes galos y en cuanto a si realmente bebían una poción mágica... eso ya es otra historia.

La ciudad de Jaén

 

Jaén, ciudad española situada en Andalucía, era el más importante santuario religioso de Oretania, y lugar de peregrinación en época prerromana.


Jaén, ciudad española situada en Andalucía, era el más importante santuario religioso de Oretania, y lugar de peregrinación en época prerromana. Los oretanos resistieron fuertemente contra los cartagineses hasta que Aníbal Barca logró casarse con la princesa Himilce y unir Oretania a sus posesiones. Este hecho dió lugar a la entrada de estos en Jaén, convirtiéndose la ciudad en un palacio fortificado para Aníbal por su situación estratégica. Gracias a ello Jaén creció y entablo contacto comercial con otros pueblos y culturas  como los griegos.



Alrededor del año 207 a. C., la ciudad es tomada por Escipión el Africano y arrebatada a los cartagineses. Desde el momento de su conquista los romanos la consideraron una "ciudad estipendiaria", es decir, bajo vigilancia militar y tributo debido a su apoyo a Cartago. Tito Livio la describiría como una ciudad opulenta y Estrabón dejó constancia de la gran fertilidad de la tierra. ​Desde el final de la República romana hasta el comienzo del Imperio romano, la ciudad fue romanizándose hasta que a finales del siglo I d. C. el emperador Vespasiano o tal vez su hijo Tito Flavio Sabino Vespasiano le concedieron el rango de municipio con derecho latino, conociéndose en adelante como Municipio Flavio Aurgitano o Aurgi.

La importancia del aceite de oliva y las aceitunas en Jaén viene dado por la gran importancia del cultivo de estos en Hispania y sobre todo la Baetica, donde la gran fertilidad de la tierra llevó a esta provincia a ser una gran exportadora de aceite en el Imperio romano. A pesar de ello, Jaén no tenía tanta importancia como actualmente en la producción de estos alimentos.


Los romanos y las Islas Canarias

 

El descubrimiento de las Canarias. Hannon el navegante. Las Islas Afortunata


Es difícil separar los relatos de los mitos oceánicos de la antigüedad y las referencias directas a las Islas. En la antigüedad clásica, el Atlántico era el límite del mundo conocido y los relatos míticos sobre los Campos Elíseos o el Jardín de las Hespérides se mezclan con los conocimientos geográficos de la época. Las citas más antiguas son dudosas y probablemente hacían referencia a distintos puntos del Mediterráneo occidental y de la costa atlántica norteafricana. En los escritos del romano Plinio el Viejo, las islas Canarias aparecen ya citadas y descritas.

Posiblemente, las islas fueron descubiertas por primera vez por el explorador cartaginés Hannón el navegante en el 570 a.  C. El primer documento escrito con una referencia directa a Canarias se debe a Plinio el Viejo, que cita el viaje del rey Juba II de Mauritania a las islas en el 40 a. C., y se refiere a ellas por primera vez como islas de los Afortunados (Fortunatae Insulae). Este nombre procede de la mitología griega, quienes afirmaban que por esta zona del  Atlántico se encontraban islas donde había una especie de paraíso. En torno a esa época, se fundó al menos una colonia en la isla.



El nombre de Canarias es de origen romano, aunque se desconoce el porqué.  Los romanos bautizaron a cada una de las islas como; Ninguaria o Nivaria (Tenerife), Canaria (Gran Canaria), Pluvialia o Invale (Lanzarote), Ombrion (La Palma), Planasia (Fuerteventura), Iunonia o Junonia (El Hierro) y Capraria (La Gomera). El geógrafo hispanorromano Pomponio Mela las situó por primera vez con exactitud en un mapa.

Durante mil años, entre los siglos IV y XIV, las islas parecen desaparecer de la historia. El único testimonio documental de esta época, muy dudoso, es el viaje de San Borondón, cuya leyenda se extendió durante siglos por la Europa cristiana. Durante la Edad Media fueron visitadas por los árabes y en el siglo XIV se produce el redescubrimiento de las islas. 


La ciudad de Itálica

 

Historia de Itálica romana, Sevilla. Ruinas de Itálica.


Itálica fue una antigua ciudad romana situada en el actual término municipal de Santiponce (Sevilla), en la comunidad autónoma de Andalucía, España.

La ciudad romana de Itálica estuvo ubicada en el Bajo Guadalquivir, a medio camino entre Sevilla (Hispalis) y Alcalá del Río (Ilipa). Desempeñó un importante papel estratégico, tanto en lo político-militar, como en lo económico, durante el Alto Imperio Romano. Prueba de ello es que llegó a ocupar una superficie aproximada de 52 hectáreas. Itálica fue incluso la primera ciudad romana fundada en Hispania y también fuera de territorio italiano. 


Los orígenes del Conjunto Arqueológico de Itálica se remontan al año 206 a. C., cuando el general Publio Cornelio Escipión, en el contexto de la segunda Guerra Púnica, derrotó a los cartagineses en la Batalla de Ilipa y estableció un destacamento de legionarios heridos  en el Cerro de San Antonio, lugar donde ya existía una población turdetana desde el siglo IV a. C. El nombre de la ciudad probablemente venga del hecho de que los legionarios allí establecidos fueran de procedencia itálica, es decir, de Italia. 

Si bien al principio ambas comunidades convivieron en este espacio próximo al Guadalquivir, pronto el elemento romano impuso sus modos sociales y políticos. En la segunda mitad del siglo I a. C., la ciudad adquiere el estatuto municipal y, pasado el tiempo, durante el gobierno del emperador Adriano (117-138 d. C.), el de colonia, con lo que se equipara administrativamente a la metrópoli. Fue cuna de los emperadores Trajano y Adriano, y punto de origen de buena parte de los senadores de la época.


Anfiteatro de Itálica

Fotografía del anfiteatro romano desde su interior

La ciudad se fue reduciendo con el paso del tiempo, aunque sigió existiendo cuando los visigodos. Se consta que sus murallas fueron restauradas por Leovigildo en el año 583 d. C. en el marco de sus luchas contra Hermenegildo. ​ 

Itálica llegó aún viva a la época musulmana, cuando varios autores árabes la mencionan con el nombre de Talikah (Taliqa). No es hasta el siglo XII cuando debió de ser realmente abandonada, pasando a ser un despoblado.

Teatro de Itálica

Fotografía aérea del teatro romano

Actualmente, el Conjunto Arqueológico de Itálica muestra al visitante un espléndido conjunto de restos arqueológicos, entre los que se encuentran el anfiteatro y el teatro, así como el trazado original de las calles de la ciudad.

Cirene y su mítica fundación

 

Cirene. Libia. Baso I.


Cirene fue una antigua ciudad griega en la actual Libia, la más importante de las cinco colonias griegas de la región, a la que dio el nombre de Cirenaica, utilizado todavía hoy en día. Está situada en el valle de Jebel Akhdar. En esta ciudad nacieron numerosos matemáticos, filósofos y geógrafos como Eratóstenes o Sinesio de Cirene, entre otros.

Cirene fue fundada por griegos procedentes de la isla de Tera, actual Santorini, en el 632 a. C., y siguiendo los consejos del Oráculo de Delfos. 



El líder de aquella expedición y primer rey de la ciudad fue Bato I. Según Justino, su nombre original era Aristeo, mientras que Píndaro lo llama Aristóteles. Su nombre habría sido sustituido con el tiempo por el de Bato, que según Herodoto es una palabra libia cuyo significa es rey. Otras teorías dicen que deriva tal vez del término battarízō (tartamudear). Era hijo de Polimnesto de Tera y supuestamente de una princesa de Creta llamada Frónima. Aunque la mitología dice otra cosa.



En la mitología griega, Cirene era una ninfa tesalia quien  renunció a las labores propias de las mujeres y se dedicó a llevar una vida salvaje, vigilando los rebaños de su padre en los bosques del Pindo. En una ocasión en la que tuvo que lidiar contra un león, Cirene luchó contra él y lo dominó. Esta hazaña llamó tanto la atención del dios Apolo que éste se enamoró de ella y la raptó. Tuvieron un hijo al cual le dieron el nombre de Aristeo. Apolo, su padre, según Píndaro le aconsejó fundar una ciudad en el norte de Libia, Cirene.

Lo que sí es cierto es que tras su fundación Cirene se convirtió pronto en la ciudad principal de la región libia comprendida entre Egipto y Cartago, aumentando las relaciones comerciales con todas las ciudades griegas. Tras numerosos enfrentamientos con el imperio persa durante el siglo VI a. C., se convirtió en una república en el año 460 a. C. 


Teatro de CireneTeatro de Cirene

Tras pactar con Alejandro Magno en el 331 a. C., se convirtió en una  dependencia autónoma de Macedonia, y después de un breve gobierno de Tibrón, pasó al dominio de Ptolomeo I Sóter de Egipto. Durante dos siglos siguió perteneciendo a los ptolomeos, un tiempo donde la ciudad disfrutó de una gran prosperidad. Finalmente se convirtió en un protectorado romano, y no fue hasta el reinado de Vespasiano cuando pasó a ser colonia romana con el nombre de Flavia Cirene.

Perteneciendo al imperio romano bizantino, su población creció hasta convertirse en una de las ciudades más pobladas de Egipto, sin embargo, tras la ocupación musulmana, acabó siendo abandonada.

Hoy en día los restos de la ciudad ofrecen un increíble complejo  arqueológico, ya que se conservan las ruinas de una gran cantidad de edificios.


Ruinas de Cirene

Vista aérea de las ruinas de Cirene

Algunas imágenes de este artículo han sido sacadas del videojuego Assassin´s Creed Origins, donde vemos una recreación aproximada de la ciudad de Cirene.


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