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El origen de Halloween

 



Halloween, celebrado por muchos y conocido por muchos más. Hoy en día se ha convertido en una de las festividades con más importancia, pero, aunque su origen se remonta hasta hace más de dos mil años, debemos entender esta festividad como la evolución y unión de muchas otras. Es bien conocido por todos que su origen más lejano se remonta al Samhain, la festividad celta. Y aunque esto es cierto, el significado de esta fiesta es muy distinto al que hoy en día tiene Halloween.
Para los celtas, el lugar de los espíritus era un lugar de felicidad perfecta en la que no había hambre ni dolor. Ellos celebraban esta fiesta con ritos en los cuales los druidas, se comunicaban con sus antepasados en espera de ser guiados en esta vida hacia la inmortal. Se dice que los "espíritus" de los ancestros llegaban en esa fecha a visitar sus antiguos hogares. Algo diferente al sentido actual de Halloween. Sin embargo, si encontramos mucha similitud con la fiesta romana llamada Lemuria. Durante esta, los romanos realizaban ritos para exorcizar a los malévolos y temerosos fantasmas de los muertos de sus hogares. Seguramente, al igual que Samhain, esta fiesta se cristianizó y se mezcló con el Día de Todos los Santos, al igual que pasó con muchas otras festividades romanas, que también se cristianizaron cuando se declaró el cristianismo religión oficial.


Mosaico de un esqueleto (Museo arqueológico de Nápoles)


No podemos olvidar en esta unión otras festividades de origen pagano que influyeron en este día, como Walpurgisnacht, la noche de las brujas, la cual hoy se sigue celebrando, aunque de forma muy distinta. En América por ejemplo, la forma de celebrar Halloween se ve influenciada por las tradiciones precolombinas y su relación con los espíritus y los muertos. 

Desde la antigüedad hemos visto cómo distintos pueblos y culturas muy diferentes han dedicado gran atención al mundo de los muertos. Hoy en día, aunque de forma diferente, siguen existiendo esas creencias y ese interés por los espíritus y por los muertos. Y es que hay algo que nos caracteriza como seres humanos, algo que nos influye en nuestra forma de ser y de actuar, algo que por mucho que no queramos, siempre estará ahí. El miedo a la muerte.


¡Por Tutatis!




 

¡Por Tutatis! A veces un simple par de palabras nos pueden transportar a nuestra infancia. No son pocos los que reconocen esta expresión por haber leído Asterix el Galo. También a otros les sonará por la famosa saga de videojuegos Imperium. Pero… ¿es históricamente correcta esta expresión? ¿quién es “Tutatis”? . 

Tutatis o Teutates era el dios celta de la guerra y su nombre proviene de teuta, "tribu, clan" y tes, "jefe, padre", por lo que se podría traducir como “jefe o padre de la tribu”, aunque hay debate con si realmente se traduciría como “unidos tribalmente”. En cualquier caso era símbolo de unión en la tribu y entre las tribus.También se le consideraba  el dios padre y rey del mundo. Pero como hemos dicho al principio, era el dios de la guerra y se caracterizaba por los sacrificios humanos que se le realizaban, principalmente con presos de guerra, algo que tal vez no resulte “cómodo” de escuchar teniendo en cuenta la de veces que lo hemos oído de nuestros queridos héroes Asterix y Obelix. 

En cuanto a si esta expresión era realmente utilizada, no hay ninguna evidencia, aunque no resultaría extraño pensar que los galos nombrasen a su dios de la guerra antes o durante una batalla. La utilizarán o no, esta frase nos ha acompañado a todos aquellos amantes de la historia que hemos crecido leyendo a los dos héroes galos y en cuanto a si realmente bebían una poción mágica... eso ya es otra historia.

Los gálatas, una cultura entre culturas

 

Ilustración superior de Jose Daniel Cabrera, inferior de Angus McBride


La historia nos deja grandes historias donde se mezclan culturas tan distintas como interesantes, y este es un gran caso de ello. Este es el extraordinario caso de cómo se llegaron a unir la cultura celta con la cultura oriental y el helenismo griego.

Según cuenta el historiador y geógrafo griego del siglo II, Pausanias, en el año 279 a. C., algunas tribus de galos se dirigieron hacia Grecia a través de los Balcanes llegando a atacar el oráculo de Delfos y el santuario de Apolo, siendo finalmente derrotados, resultando muerto su comandante Breno.

Tras haber sido rechazada su invasión de los Balcanes, los gálatas, ahora comandados por Comontoris, uno de los generales de Breno, se establecieron en Tracia, donde fundaron una ciudad-estado llamada Tilis,​ que sobrevivirá hasta el siglo III a. C. Mientras asediaban la ciudad de Bizancio en el 277 a. C., una delegación bitinia los invitó a cruzar a Asia Menor para asistir a Nicomedes en la guerra civil contra su hermano Cipetes, que usurpaba una parte del reino. Tras ser provistos con los medios adecuados para atravesar el mar de Mármara, los gálatas, liderados ahora por Leonorio y Lutario, desembarcaron en la otra orilla del mar, y junto a Nicomedes, derrotaron y dieron muerte a Cipetes.



En vista de los resultados obtenidos por su vecino con ayuda de la fuerza extranjera, Mitrídates I del Ponto, aliado del rey seléucida Antíoco I, se decidió a reclutarlos contra el rey egipcio Ptolomeo II en la Primera Guerra Siria. Pronto pudo saber lo acertada que fue su elección, pues sus nuevos mercenarios obtuvieron numerosas victorias en Capadocia. Eventualmente, y quizá como recompensa por sus servicios a Mitrídates, se les permitió asentarse en la región que posteriormente sería conocida como Galacia. 


Mercenarios gálatas desfilando victoriosos en Egipto (Angus McBride)


Los gálatas sobrevivieron a través del comercio, los saqueos y sus grandes servicios como mercenarios. En el año 25 a. C., la región pasó a ser provincia romana.

Hacia el siglo V d. C. tenemos testimonios de que los gálatas, quienes aun habiendo adoptado una cultura y modo de vida ya típicamente griegos, conservaron su lengua. Así Pablo en la carta a los gálatas menciona nombres claramente celtas, y San Jerónimo dejó constancia en sus escritos de que la lengua de los gálatas resultaba parecida al dialecto galo de Tréveris.



Figura de un guerrero gálata junto a otro etíope



Ricimero, el bárbaro que ponía y quitaba emperadores

 


Ilustración superior de Angus Mc Bride. Imagen inferior de un mosaico
de  la villa romana del Casale (Piazza Armerina, Sicilia) (S. IV) 

Nos situamos en Gallaecia (actual Galicia), en el año 472 d. C. Allí los suevos habían creado un reino bajo el dominio de Roma. Es entonces cuando nace Flavio Ricimero, hijo del príncipe suevo Requila y de una hija de Walia, el rey de los visigodos.

Pasó su juventud en la corte del emperador romano de Occidente Valentiniano III, donde se destacó luchando a las órdenes de Aecio, el magister militum de Valentiniano. Al mando de un ejército de mercenarios fue escalando en la jerarquía militar romana hasta el punto de ser nombrado magister militum, la máxima autoridad militar romana, lo que le daba una gran influencia en la corte romana. 

Siendo de origen bárbaro no podía ser emperador, pero eso no le impidió controlar la corona imperial, ya que con el gran poder e influencia que tenía se dedicó a colocar emperadores débiles a quienes pudiese controlar. Ellos serían Julio Valerio Mayoriano, Libio Severo, Procopio Antemio y Anicio Olibrio, todos en apenas 11 años. Para ello se llevaron a cabo numerosas intrigas, asesinatos, y conflictos militares entre los propios romanos, hasta el punto de que el mismo Ricimero acabó saqueando la mismísima Roma con su ejército de mercenarios germanos. 

El 18 de agosto del 472 d. C. Ricimero murió, se desconoce si asesinado o por enfermedad. Pocos años después el imperio romano de Occidente llegaría a su fin. Sus éxitos militares en la defensa de  las provincias romanas frente a los ostrogodos, alanos y vándalos no fueron pocos, pero sus ansias de poder e individualismo fueron unas de las causas que aceleró la caída del imperio romano, tal vez inevitable. Aún así, su gran trayectoria y logros merecen mención. De ser hijo de un príncipe suevo, a dirigir el imperio romano de Occidente.


La reina Boudica

 


Ilustraciones de Peter Dennis


Poco sabemos acerca de la vida de la mujer que puso en jaque a los romanos en Britania. El historiador Dión Casio señala que era bastante alta, de mirada fiera y con una larga melena pelirroja que le cubría la espalda. Estaba casada con el rey de los icenos, siendo por tanto la reina. Se piensa que su nombre era Boudica, aunque encontramos también Boadicea en muchos textos. Lo que sí sabemos es que procedería de la palabra celta bouda, que significa "victoria".

Nos situamos en el año 60 d. C., casi 20 años después de la invasión romana del emperador Claudio. Los icenos por entonces eran un reino cliente de Roma, aunque esto cambió con la muerte del rey Prasutago, el marido de Boudica. Los romanos no cumplieron el testamento del rey iceno y enviaron secretarios los cuales asaltaron su vivienda, maltratando a su familia, esclavizando a muchos y haciéndose por la fuerza con sus propiedades. Lo mismo le ocurrió a muchos otros miembros de la élite icena. Boudica juró venganza y extendió la llama de la rebelión por todas las demás tribus, que uniéndose a ella, hicieron de la llama un incendio, un incendio que ponía en peligro la presencia romana en Britania.
 



Congregó al ejército más grande jamás visto en la isla, unos 120.000 hombres, según Dión Casio, aunque se considera una cifra exagerada. El primer golpe de Boudica fue asaltar Camulodunum, cuando las tropas romanas se encontraban en campaña en otros territorios. El asalto fué una masacre, la ciudad fue totalmente destruida y su población asesinada.  Londinium sufrió el mismo destino, aunque esta vez tras ser evacuada, no del todo, por Suetonio, el cual veía imposible defender la urbe. Muchos veteranos y heridos se quedaron para defender la ciudad, como vemos en la ilustración inferior de la portada de este artículo.  Tras atacar otra ciudad más, llegó la batalla definitiva, la Batalla de Watling Street. 

El ejército de Boudica había crecido, y Suetonio por su parte, contaba con dos legiones, un total de 10.000 hombres. A pesar de la superioridad de los rebeldes, la calidad de las tropas romanas fue clave, y causa de la aplastante victoria romana. Boudica murió al poco, bien por enfermedad o bien por suicidio, las fuentes se contradicen. Tras ello, sin su líder, los rebeldes se disolvieron.


Arenga de Boudica a sus tropas antes de la batalla (Radu Oltean)

La respuesta y represión fue tan violenta y cruel por parte de Suetonio que hasta se le fueé denegado el triunfo militar por parte de Nerón, e incluso se le apartó del cargo. Boudica pasó a la historia como una enorme líder que supo reunir y comandar a diferentes tribus en nombre de la libertad. Aunque su liderazgo y tenacidad lo adquirió de la misma forma que adquirió su crueldad y deseo de venganza, tras sufrir de una forma horrible los abusos romanos. Su exceso de confianza así como la falta de entrenamiento y de armamento por parte de su ejército fueron causa de su aplastante derrota. Pero eso no quita que  Boudica fuese recordada con tanta importancia como para que Dión Casio y Tácito, historiadores romanos, contasen su historia muchos años después, una historia que devino en leyenda, la leyenda de Boudica.


Bibliografía:

-Desperta Ferro Historia Antigua y medieval N.º 55 "Roma conquista Britania"


Los saqueos sufridos por Roma a lo largo de su historia





Roma podría ser considerada como  la ciudad más poderosa o más fuerte de toda la historia, pero no fueron ni una ni dos las veces que Roma fue vencida y saqueada. 

En el año 387 a. C., cuando Roma no era más que una ciudad, fue atacada por los galos y saqueada, aunque no vencida del todo. Los supervivientes se refugiaron en la colina capitolina y tras recibir refuerzos consiguieron expulsar a los galos. Tras estar a las puertas de la desaparición, Roma comenzó a expandirse y a convertirse en una de las ciudades más poderosas de todo el Mediterráneo. No fue hasta 800 años después cuando ya en decadencia, sufrió un gran saqueo por  los visigodos, comandados por Alarico I. Este fue el primero de los tres saqueos que sufrió Roma a manos de bárbaros, el siguiente en el 455 d. C., por los vándalos, y el último en el 472 d. C. por Ricimero y su ejército de mercenarios germanos.


Durante la guerra gótica entre los ostrogodos y el imperio bizantino, Roma sufrió tres asedios entre los años 546 d. C. y 550 d. C., acabando el primero con un nuevo saqueo de la ciudad. En el segundo la defensa fue un éxito, pero en el tercer asedio Roma fue derrotada y estuvo a punto de ser destruida. Las súplicas de sus habitantes ante Totila, el rey de los ostrogodos, quien quería destruir la ciudad, le hicieron cambiar de opinión, el cual decidió repoblar, reconstruir y defender la ciudad contra todos los ataques futuros de los bizantinos. La ciudad eterna sufriría otros tres saqueos a lo largo de su historia, los cuales tendrían lugar en los siglos IX, XI, y XVI. El primero por los sarracenos, aunque solo de los alrededores de la ciudad, el segundo por normandos contratados por el propio papa Gregorio VII, y el último por el emperador Carlos I de España y V de Alemania.


Hasta alrededor de 8 saqueos sufrió Roma a lo largo de la historia, aparte de los numerosos asedios y ataques a los que se enfrentó. A pesar de ello nunca consiguió ser destruida y es por ello que se ganó el nombre de... la Ciudad Eterna.


El final de la Britania romana

 

Invasión sajones. El rey Arturo


Nos remontamos al siglo V d. C., el final del imperio romano era cuestión de tiempo. En las costas del norte de Europa se asentaban los pueblos germánicos sajones, anglos, frisios y jutos, los cuales mediante expediciones y saqueos intentaban desde tiempo atrás invadir los territorios romanos. Estos pueblos eran de tradición guerrera y con gran experiencia en el mar, donde eran temidos. Para su lamento, Roma no podía permitirse la defensa de Britania. La decadencia del imperio romano de Occidente ya había comenzado. Mientras tanto las constantes expediciones y saqueos por parte de los pueblos germanos, y los ataques de los britanos desde el norte, hicieron que los romanos  no pudieran  hacerle frente a la situación y se centraran solo en la defensa de las grandes ciudades como Londinium, abandonando las costas y zonas rurales, donde se encontraban pequeñas tribus britanas de origen celta.

El abandono de los romanos de sus costas hizo que a mitad del siglo V d. C., los sajones, anglos, frisios y brutos, comenzaran a emigrar en masa a Britania, atacando y saqueando las costas de la isla. A pesar de que los romanos no opusieron apenas resistencia, los britanos celtas si lo hicieron, aunque nada pudo detener a los feroces germanos y sus temibles navíos. 


Invasión pueblos bárbaros, invasión de Britania. Sajones. El rey Arturo.

Mapa con los movimientos de las invasiones bárbaras 


A esto le siguió una época oscura donde la falta de documentación, ha dado lugar a leyendas como la de El Rey Arturo. Lo que sí sabemos es que en el siglo VI d. C., Britania ya había caído, y los pueblos de origen germánico que se habían asentado en la isla, se dividieron el territorio formando 7 reinos. Esto supuso una nueva etapa para las islas británicas, donde la cultura, religión y lenguas germánicas se impusieron en poco tiempo. Por otro lado, los celtas se refugiaron en el norte, en las actuales Escocia e  Irlanda. Los romanos por su parte, nunca más volverían a pisar estas tierras. 

Décadas después, la historia se repetiría,  los sucesores de los germanos que no emigraron, volverían a atacar y saquear las costas británicas que sus antepasados conquistaron. Pero esta vez no como germanos, esta vez con el nombre de... vikingos.


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