Ricimero, el bárbaro que ponía y quitaba emperadores

 


Ilustración superior de Angus Mc Bride

Nos situamos en Gallaecia (actual Galicia), en el año 472 d. C. Allí los suevos habían creado un reino bajo el dominio de Roma. Es entonces cuando nace Flavio Ricimero, hijo del príncipe suevo Requila y de una hija de Walia, el rey de los visigodos.

Pasó su juventud en la corte del emperador romano de Occidente Valentiniano III, donde se destacó luchando a las órdenes de Aecio, el magister militum de Valentiniano. Al mando de un ejército de mercenarios fue escalando en la jerarquía militar romana hasta el punto de ser nombrado magister militum, la máxima autoridad militar romana, lo que le daba una gran influencia en la corte romana. 

Siendo de origen bárbaro no podía ser emperador, pero eso no le impidió controlar la corona imperial, ya que con el gran poder e influencia que tenía se dedicó a colocar emperadores débiles a quienes pudiese controlar. Ellos serían Julio Valerio Mayoriano, Libio Severo, Procopio Antemio y Anicio Olibrio, todos en apenas 11 años. Para ello se llevaron a cabo numerosas intrigas, asesinatos, y conflictos militares entre los propios romanos, hasta el punto de que el mismo Ricimero acabó saqueando la mismísima Roma con su ejército de mercenarios germanos. 

El 18 de agosto del 472 d. C. Ricimero murió, se desconoce si asesinado o por enfermedad. Pocos años después el imperio romano de Occidente llegaría a su fin. Sus éxitos militares en la defensa de  las provincias romanas frente a los ostrogodos, alanos y vándalos no fueron pocos, pero sus ansias de poder e individualismo fueron unas de las causas que aceleró la caída del imperio romano, tal vez inevitable. Aún así, su gran trayectoria y logros merecen mención. De ser hijo de un príncipe suevo, a dirigir el imperio romano de Occidente.


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