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El legendario encuentro entre Alejandro y Diógenes

 


Cuadro (zona inferior) "Diógenes" de  Jean-Léon Gerôme

A veces la historia nos deja episodios tan increíbles que nos resulta complicado saber si son leyenda o no. Este tiene como protagonistas a dos hombres tan importantes como distintos. Diógenes el Cínico era un famoso filósofo que pensaba que la verdadera felicidad del hombre residía en una vida natural, evitando los placeres terrenales. Residía en una tinaja, comía junto a sus perros y hacía todas sus necesidades en público. Diógenes solía meterse en problemas bastante a menudo a causa de sus enseñanzas y estilo de vida rebeldes.

Estando en Corinto, Alejandro, quien conocía las enseñanzas del filósofo, llegó a la ciudad en plena expansión militar por Grecia. Entre ellos se produjo un encuentro el cual Plutarco nos relata de la siguiente manera:

“Acto seguido, muchos hombres de estado y filósofos se acercaron a Alejandro para felicitarle, y esperaban que Diógenes de Sinope, quien llevaba un tiempo en Corinto, haría igual. Pero al no tener el filósofo la más mínima noticia de Alejandro, continuó disfrutando de su ocio en los suburbios de Craneion, por lo que Alejandro decidió acudir personalmente a verle, encontrándole tendido al sol. Diógenes se incorporó un poco cuando vio tanta gente encaminándose hacia él, y fijó sus ojos en Alejandro. Cuando el conquistador se dirigió a él saludándole, y le preguntó si quería algo de él, Diógenes le respondió “Sí. Apártate que me tapas el sol.” Se cuenta que Alejandro quedó tan impresionado por esta respuesta, y sintió tanta admiración por la altivez y la grandeza del hombre que parecía no sentir sino desprecio hacia él, que dijo a sus seguidores, que se burlaban y reían del filósofo mientras se marchaba: “Si no fuera Alejandro Magno, me hubiera gustado ser Diógenes.”


Fuentes:

-Vidas paralelas (Plutarco)


Hipatia de Alejandría

 




Hipatia de Alejandría fue la primera mujer dedicada a la ciencia cuya vida está bien documentada. En un tiempo en el que las mujeres no tenían acceso al saber, Hipatia consiguió abrirse camino en la ciencia y llegar a tener un gran reconocimiento público, aunque para ello tuvo que renunciar al matrimonio y a su faceta más femenina. 

Con el tiempo se convertiría en una mujer brillante y una de las mejores científicas y filósofas de la época. Nació alrededor del  370 d.C., en Alejandría. Su padre fue el filósofo y matemático Teón, quien siempre vigiló muy de cerca su educación. Éste deseaba que su hija fuera "un ser humano perfecto". Es por ello que se cuido tanto su físico como su mente. Pese a su gran belleza, Hipatia rechazó casarse para poder dedicarse íntegramente a cultivar su mente. Fue miembro de la Escuela neoplatónica de Alejandría, la cual terminó dirigiendo y desde donde educó a diferentes aristócratas que terminaron ocupando altos cargos. 



Imagen de la película Ágora (2009)

Pero aquellos eran tiempos difíciles para los paganos. El cristianismo estaba imponiéndose en la ciudad y muchos paganos eran perseguidos. Hipatia se negó a convertirse al cristianismo y tras una serie de hechos y acusaciones, mientras regresaba a casa, un grupo de fanáticos religiosos la golpearon y arrastraron por toda la ciudad. Tras ello la desnudaron y la descuartizaron, después sus restos fueron paseados, en señal de triunfo, por toda la ciudad. Finalmente fue incinerada.

Aunque todos sus escritos se han perdido, existen numerosas referencias a ellos. Se dedicó a la filosofía, la música, las matemáticas y la astronomía, destacando en estas dos últimas donde hizo grandes avances. Además de sus grandes obras y comentarios creó diferentes instrumentos científicos de importante uso. 

Tras la muerte de Hipatia, el mundo tuvo que esperar más de mil años para poder ver a otra mujer destacar tanto en el mundo de la ciencia. Esta es la historia de una mujer que consiguió desafiar a su época y dedicar su vida entera al conocimiento. Una mujer digna de admiración cuyo destino fue tan triste como el de otros muchos personajes de la historia, cuyas muertes llegaron por adelantarse a su tiempo. 




Galeno de Pérgamo

 



Galeno representa la culminación de la medicina antigua, marcada por el griego Hipócrates. La trascendencia de la obra de Galeno dentro del mundo de la medicina fue tal que aún no ha existido un médico cuya obra haya sobrepasado la misma.

Galeno nació en Pérgamo (en la actual Turquía) en el año 130 d. C., durante el reinado de Trajano. Miembro de una familia acomodada, estudió  medicina en su ciudad natal, pero también viajó por otras ciudades como Alejandría. Recordemos que Pérgamo y la costa jónica eran de cultura griega y eso influyó notablemente en su medicina, ya que retomó la medicina hipocrática y su teoría de los cuatro humores. Galeno llegó a idolatrar a Hipócrates hasta el punto de considerarse su discípulo y heredero directo, a pesar de haber nacido 500 años después. 

Además de sus conocimientos acerca del que era su oficio, Galeno se introdujo en el mundo de la filosofía, incorporando elementos filosóficos de Platón y Aristóteles en sus obras de medicina. Tras ejercer en Pérgamo como médico de gladiadores durante cuatro años, Galeno se desplazó a Roma donde adquirió un gran prestigio, llegando  a ser nombrado médico en la corte del emperador Marco Aurelio.

A lo largo de su vida, Galeno ejerció como maestro admitiendo discípulos para la enseñanza y se le atribuye la autoría de casi 400 obras de medicina, filosofía y retórica. El llamado Corpus Galenicum es el conjunto de los 117 escritos que hizo sobre medicina y representa el producto final de lo que llamamos medicina hipocrática.




Murió en el año 201 o 216 d. C., dejando como legado la mayor obra sobre medicina conocida. Toda la construcción de la medicina moderna se ha hecho frente a Galeno, ya que era “lo establecido”. No sería hasta 14 siglos más tarde cuando se empezaría a poner en duda al hombre conocido como uno de los padres de la medicina, Galeno.



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