El Vesubio y el fin de Pompeya

 

Antigua Roma. Pompeya. Pompeii. Vesubio

Ilustración superior de Michael Heath. Óleo inferior titulado "El último día de Pompeya", 
realizado por Karl Briulov (1830-1833). Museo Estatal de San Petersburgo, Rusia.



Pompeya no era más que una de las muchas ciudades que formaban parte del extenso Imperio romano. Si hiciésemos una lista de todas las poblaciones romanas de la época, ordenadas por popularidad, no tendría ni mucho menos un lugar destacado. De orígenes diversos, habiendo sido poblada tanto por etruscos, griegos, samnitas, y romanos, fue organizada como colonia en el año 80 a.C. pasando a llamarse como Colonia Cornelia Veneria Pompeianorum, en honor al dictador Sila y a la diosa Venus, protectora de la ciudad.  Para el siglo I d.C., Pompeya era una próspera ciudad de la Campania de unos 10.000 habitantes (gran parte eran esclavos) donde la producción de vino y garum eran dos de sus principales actividades, siendo un rico centro comercial. Por ello entre sus calles nos encontrábamos con una clase media acomodada de comerciantes y terratenientes ricos. Calles por las cuales podían escucharse tanto el griego, como el osco, como el latín. Recordemos sus diferentes orígenes culturales, que habían dejado su huella tras 8 siglos de historia. Estaba muy cerca de la orilla del mar, teniendo puerto, además estaba conectada con el río Sarno, aunque desconocemos las distancias exactas. Por otro lado, desde no hacía mucho se había convertido en uno de los lugares de retiro preferidos por la aristocracia romana. El clima, las vistas hermosas, y la fertilidad de las tierras, motivaron la construcción de lujosas villas de ocio donde hombres como Cicerón, aprovechaban para retirarse. En definitiva, una tranquila ciudad comercial, típica de provincia, sin ningún peso económico ni político en el imperio, pero muy próspera. 


Calle de Pompeya. Autor Peter Connolly.


Si volviésemos a hacer una lista con las ciudades romanas más populares, pero esta vez en la cultura popular de hoy en día, la posición de Pompeya sería muy diferente, quedando en un lugar destacado. Y esto, como bien es sabido, es porque la ciudad formó parte de un gran evento, aunque no positivo. Aquello que permitió que Pompeya viajase en el tiempo hasta nuestra época, no se debe a otra cosa que a su propio final. Aquello, que la destruyó para siempre, fue lo que la hizo inmortal. Y aquello, tiene nombre: Vesubio.

La relación entre Pompeya y el monte Vesubio no se limita al famoso episodio. Este daba lugar a extensas tierras fértiles a su alrededor, y la explotación agrícola y la actividad comercial de la que vivía la ciudad, dependía en gran parte de ellas. Pero no todo era bueno. Tener un volcán cerca también suele provocar movimientos sísmicos, y los pompeyanos estaban acostumbrados a ello, así nos lo cuenta Plinio (Cartas VI.20). No obstante, a veces las consecuencias eran peores de lo esperado. El 5 de febrero del año 62 d. C. (o 63 según Séneca), fue testigo de ello. Sabemos que ese día un terremoto destruyó parte de la ciudad, y así lo demuestra la arqueología. 

Vesubio

Fresco "Baco y el Vesubio", hallado en la llamada 
Casa del Centenario (Pompeya).


Para el año 79 d.C., muchos edificios de Pompeya se encontraban en plena reconstrucción, aunque nunca serían terminados, pues una nueva catástrofe, mucho peor que la anterior, paralizó la vida de la ciudad para siempre. Aquella solitaria y siempre vigilante montaña, despertó para sorpresa y lamento de todos los habitantes de los alrededores, incluidos los pompeyanos. Se desconoce si fue un 24 de agosto o de octubre, hay debate entre los investigadores. Pero lo que pasó, sí lo conocemos con bastante detalle. Desde las 9 de la mañana comenzó a haber pequeñas explosiones que anunciaban lo que ocurriría. Ya a medio día, la presión del gas de la cámara magmática, salió de esta dando lugar a su expansión y violentas explosiones. Una lluvía de cenizas, lapilli y pumita empezó a caer sobre Pompeya y sus alrededores. La lluvía volcánica comenzó a producir los primeros daños significativos a la ciudad. Fue entonces cuando aparece en escena el escritor Plinio El Viejo, autor de la famosa enciclopedia titulada Historia Natural. Este era también prefecto de la flota romana, estacionada en el cercano puerto de Miseno, por lo que acudió a socorrer a la población afectada. La correspondencia entre él y Plinio el Joven, su sobrino e hijo adoptivo, y todo lo que este último escribió para Tácito documentando lo ocurrido, nos permite conocer los detalles de la catástrofe.

Desperta Ferro. Destrucción de Pompeya.

Los pompeyanos huyen de la ciudad.
ªRU-MOR para Desperta Ferro.


Las horas siguieron pasando, y ya por la tarde, la cenizas y materiales que el Vesubio había hecho llegar hasta las calles de Pompeya, cubrían hasta medio metro de estas. Los techos seguían derrumbándose, y los habitantes afectados huían aterrorizadas, se escondían, o buscaban poner a salvo sus pertenencias. El gran peligro al que se enfrentaban no eran solo los incendios provocados ni las rocas que caían sobre sus cabezas, ni siquiera incluso todos aquellos que aprovecharon para dedicarse al vandalismo. El gran peligro era la asfixia provocada por la densidad de las cenizas en el aire. Tan contaminado estaba este, que en la lejanía era difícil ver que estaba ocurriendo en realidad. De hecho el propio Plinio descansaba en la casa de su viejo amigo Pomponiano, esperando con la mente tranquila a que todo pasase. Por su parte, muchos pompeyanos esperaban igualmente a la calma, aunque desde dentro de la tormenta. Ya por la noche, la columna pliniana alcanzaba los 32 km de cota, desencadenando dos oleadas mortales que sepultaron diferentes ciudades como Herculano o Terzigno. Pompeya por su parte, se encontraba ya con un manto de cenizas y rocas de 2,5 m de altura.


Mapa Pompeya y el Vesubio

Mapa donde se muestra la expansión de las cenizas y rocas. 
Línea de la costa actual. Fuente Wikipedia.


La noche acabó y regresó el día, pero no la luz. El peligro no solo no había acabado, sino que aumentó. Muchos pompeyanos que habían intentado regresar a sus viviendas para salvar lo que pudiesen, se encontraron con nuevas oleadas que acabaron con sus vidas. Plinio el Viejo, también se encontró por sorpresa con que la furia del Vesubio no se había apaciguado, y mientras intentaba huir de la casa en la que se encontraba con un cojín atado a la cabeza, murió. La última fase de la erupción fue la más destructiva y violenta. Cada vez había más terremotos y la espesa nube de ceniza se extendió cubriendo el golfo de Nápoles alcanzando a mucha población en fuga. A las ocho, Pompeya fue cubierta casi por completo por la última de las oleadas, llegando el manto de depósitos volcánicos hasta los cuatro metros, nivelándose con las viviendas. Fue entonces cuando el Vesubio se calmó, acompañado por un eterno silencio que se adueñó para siempre de la vida de la ciudad.




Recreación de la destrucción de Pompeya por parte del Vesubio. 
Ver vídeo realizado por Zero One Animation pulsando este enlace.


Sin duda, se trató de un infierno. La caída de materiales volcánicos, el probable caos y la violencia provocados, el shock térmico por las altas temperaturas, y sobre todo la asfixia, acabaron con la vida de bastantes personas. No obstante, solo 1.000 cuerpos han sido encontrados en Pompeya. Aunque hay que tener en cuenta que tal destino fatal también les llegó a muchos en los alrededores, y sobre todo en otras poblaciones, lo que ocurrió en Pompeya aquellos dos días, sólo supuso la muerte de una pequeña parte de la población. Esto no quita lo catastrófico de lo ocurrido, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de las personas que allí se encontraban, sobrevivieron. De hecho, otra erupción ocurrida en el 1631, produjo más muertes. Y es que el Vesubio, volvió a despertarse más veces, siendo la última en el 1944. Pompeya por su parte, durmió para siempre.

Estuvo totalmente sepultada hasta que en el siglo XVIII, comenzó a excavarse. Desde entonces, y sobre todo en la actualidad gracias a la arqueología, se ha convertido en una ventana del pasado. Pompeya no es sólo una de nuestras mejores fuentes para conocer el mundo romano, sino también una gran transmisora de su propia historia a través de sus ruinas. 



Vista aérea de las ruinas de Pompeya. Fuente Civitatis.



Quién le iba a decir a los propios pompeyanos, que su final les daría vida para el resto de la Historia. Y es que a pesar de que contamos con muchos y muy bien conservados restos de la ciudad, así como podemos conocer el final de muchos de sus habitantes a través de los famosos moldes de yeso, resulta difícil imaginar la catástrofe que ocurrió. Y así lo pensaban los propios romanos, como el poeta Papinio Estacio cuando escribió: “¿Podrán creer las generaciones venideras, cuando de nuevo crezcan las mieses y verdeen estos desiertos, que yacen debajo ciudades y gentes, y que las campiñas de sus antepasados han sucumbido en un mar de fuego”  (Silvas IV.4.78-86). 

Pompeya no era más que una de las muchas ciudades que formaban parte del extenso Imperio romano, pero dejó de serlo para siempre.


-Bibliografía: 


-Revista "Los últimos días de Pompeya" de Desperta Ferro: Arqueología E Historia Nº 24.

-Pompeya. Arqueología. National Geographic. Textos de Elena Castillo.







El primer pelota de la Historia

 



Sumeria. Sumer. Colegio en la antigüedad. Escuela. La historia comienza en Sumer. Sumerian.


Todos hemos sido pelotas alguna vez, halagando a una persona o actuando hacía ella con la intención de obtener beneficios por su parte, probablemente con nuestros padres, algún profesor o algún jefe. Y llevamos siéndolo toda la historia, o al menos, cuatro mil años. Y es que ha llegado hasta nuestros días un texto sumerio del 2.000 a. C. donde aparece el primer caso de peloteo registrado. En el texto en cuestión, escrito por un maestro de escuela anónimo, un alumno relata lo vivido un par de días en relación a la escuela. Resulta de lo más curioso e interesante el hecho de que no es muy diferente a lo que vive un niño en el colegio hoy en día. Se levanta, su madre le da el desayuno, va a la escuela, se le castiga por portarse mal, y vuelve a su casa para hacer la tarea y enseñarsela orgulloso a su padre. Eso sí, con la afortunada diferencia de que actualmente los profesores no suelen golpear al alumno si no se porta correctamente. 


El niño, tras la pregunta del profesor de que ha hecho en la escuela, cuenta todo lo que veremos a continuación. Comienza comentando que ha hecho distintas tareas relacionadas con la escritura de tablillas, tanto recitación como escritura. Después, fue a su casa y le contó a su padre lo que había hecho, recitándole su tablilla, tras lo cual el padre quedó muy contento. 


Sumeria. Sumer. La historia comienza en Sumer. Sumerian.

Ilustración que recrea una escuela sumeria. Autor desconocido.


Al día siguiente se levantó y le pidió a su madre que le diese el almuerzo, dándole esta dos “panecillos”. A pesar de apremiar a la madre por miedo a llegar tarde, no consiguió llegar a tiempo y tuvo que pedirle perdón al profesor. No fue seguro el mejor día de colegio para él, pues nos cuenta que fue azotado varias veces tanto por hablar durante la clase como por levantarse o salir indebidamente del recinto. Incluso porque su escritura no era buena, lo cual fue acompañado de la riña del profesor. Sin duda parece que no fue un alumno ejemplar ese día, y seguramente tampoco lo fuese por lo general. Para arreglar la situación, en vez de trabajar más y mejor y cambiar su actitud en clase, el niño decidió recurrir a algo que nunca falla, el peloteo. Cuando llegó a su casa insinuó a su padre que sería buena idea invitar al maestro a casa y ablandarlo con algunos regalos. Le pareció buena idea, y así lo hicieron. No solo se le trató como invitado de honor al profesor, sino que además de ofrecerserle vino y comida, se le regaló un traje nuevo y un anillo. Nuestro alumno aprovechó también y, poniendo algo de su parte, hizo ostentación de lo aprendido ante su padre y bajo la atención de su profesor. ¿Sirvió todo esto? Sí, el peloteo fue más que efectivo. El maestro, ante el buen trato recibido, dijo lo siguiente:

«Muchacho: puesto que no has desdeñado mi palabra, ni la has echado en olvido, te deseo que puedas alcanzar el pináculo del arte de escriba y que puedas alcanzarlo plenamente.... Que puedas ser el guía de tus hermanos y el jefe de tus amigos; que puedas conseguir el más alto rango entre los alumnos.... Has cumplido bien con tus tareas escolares, y hete aquí que te has transformado en un hombre de saber». Así termina el texto.

Tuvo que ser muy popular en su época ya que se han encontrado hasta 21 copias en distintos estados de conservación. A partir de todas estas se ha podido reconstruir el texto, lo cual no fue posible hasta el 1949, aunque todavía quedan algunos puntos que traducir con más exactitud. Gracias a todo el trabajo que hay detrás de ello, podemos conocer como era, en cierto modo, la vida de un alumno sumerio, que ya hemos visto que no era muy diferente al del alumno actual. Y además, como nos dice directamente el título de este artículo, podemos conocer el “primer caso de peloteo de la historia” (del que tenemos registro claro).

 


-Bibliografía: 


-Samuel Noah Kramer, "La historia empieza en Sumer", 2019.



Cuando los gansos salvaron Roma


Ilustración inferior (recortada) de Plamen Genov para SEGA.



Roma fue salvada a lo largo de su historia por protagonistas tan importantes como diferentes. Desde el joven Escipión ante el invencible Aníbal, hasta las siempre presentes epidemias que frenaron al insaciable Atila cuando se disponía a arrasar Roma. Sin embargo, otras veces, el destino de Roma no se salvó por el ingenio de un hombre o por el mortal capricho de la naturaleza, sino por otros motivos como pueden ser unos pequeños animales inexpresivos, plumados y de cuello largo, unos gansos.

Nos situamos en el año 390 o 387 a.C., dependiendo de la tradición romana o griega. Diferentes tribus galas habían invadido el norte de Italia, llegando los seunones, liderados por Breno, hasta el interior de la península. Según nos cuenta Tito Livio, por quien conocemos toda la historia aquí contada, la ciudad etrusca de Clusium pidió ayuda a Roma, la cual envió embajadores a negociar terminando el encuentro con la muerte de un jefe galo y el consecuente ataque de estos a la propia Roma. Los romanos, para frenar el avance galo, mandaron a su ejército produciéndose una batalla en las orillas del río Alia, aunque para su lamento, fueron derrotados. Seguidamente, los galos entraron en Roma cometiendo un gran saqueo de la ciudad provocando la huida de los supervivientes a la ciudadela de la Colina Capitolina. Debido a lo escarpada que era esta, los allí presentes parecían seguros. No era así.

Una noche, los asaltantes encontraron una forma de acceder al recinto. Silenciosamente, consiguieron subir sin alertar ni a los guardias ni a los perros. Es aquí cuando aparecen los protagonistas de nuestra historia. Debido a la presencia de un templo dedicado a Juno, allí se encontraban gansos sagrados de esta diosa. Estos sí se percataron de la llegada de los galos y con sus graznidos y aleteos, alertaron al soldado Marco Manlio.
 

Ilustración de Henry Motte.


Este se dispuso enseguida a dar la voz de alarma y derribar al galo que a punto se encontraba de llegar a la cima, llegando seguidamente el resto de la guarnición y provocando la huida de los atacantes galos. Al amanecer fue Manlio fue recompensado así como asesinado aquel vigía al que se le culpó de no haber estado alerta. Los días posteriores, el hambre y las enfermedades marcaron el devenir de aquella situación, llegando a una tregua y produciendose un acuerdo según el cual Roma debía pagar una gran cantidad de oro a los galos a cambio de su partida. 


Ilustración de Jarek Nocon para Desperta Ferro (enlace).


Pago que no se llegó a realizar debido a la llegada de Marco Furio Camilo, uno de los grandes héroes de Roma, con un ejército. La victoria sería para Roma, la derrota para los galos. Si bien así lo relata Tito Livio, tal vez este último enfrentamiento fuese una invención con tal de borrar la humillación sufrida, y ese pago sí se llegase a producir. Leyendo a Polibio (cf. 2.18.3), así podría entenderse. En cualquier caso, Roma se salvó del que podría haber sido su final, mucho antes de convertirse en la potencia que más tarde será. Así lo quiso Juno, que intervino en el mundo de los hombres para salvar a la gran Urbe por medio de sus pequeños amigos. O bien, simplemente, un ganso se asustó al ver a un hombre en mitad de la noche.

Fuese cual fuese el culpable de salvar el destino de Roma, desde entonces, cada año, entre julio y agosto, se empezó a celebrar el supplicia canum. En esta festividad se realizaba una procesión donde se llevaban gansos entre oro y púrpura mientras se sacrificaban perros. De esta forma se honraba a los gansos en representación de Juno así como se castigaba a los perros por no ladrar aquel día. En realidad, hay que tener en cuenta, que habría un mayor trasfondo mágico, y no siendo el sacrificio de los perros únicamente un “castigo”. Esta celebración sería abandonada con la llegada del cristianismo. No obstante, para entonces, unos pequeños animales inexpresivos, plumados y de cuello largo, ya habrían entrado entre la exclusiva lista de aquellos protagonistas que salvaron Roma para convertirla en la Ciudad Eterna.


"Ganso sagrado del Capitolio"  Henri Paul Motte, 1889.

-Bibliografía: 


-Tito Livio, Ad Urbe Condita.

-Peter Jones, "Veni, vidi, vici: hechos, personajes y curiosidades de la antigua Roma", 2013.

-Artículo: "La Invasión de Roma por los Galos según la Historia Regum Britanniae" de Gloria Torres Asensio, 2018-2019.

-Artículo Web de National Geopraphic: "Los gansos que salvaron Roma de los galos" de Abel G.M. (enlace).


El Reino Indogriego

 

Reino Bactria. Reino grecobactriano. Demetrio I. Buda.

Ilustración superior de Ugo Pinson (en realidad son bactrianos). Fotografía inferior 
Relieve de Buda s. II d.C. (Museo Británico, Londres) (enlace).

De todos los reinos y pueblos que existieron en la antigüedad, hay uno bastante interesante y que curiosamente es muy poco conocido por la mayoría de los interesados en estos temas, igualmente por la historiografía directamente. Hablamos del reino indogriego, un reino gobernado por griegos en territorio indio, sobre el cual hablaremos a continuación. 


Reino indogriego. Grecia e India. Reino Bactria. Reino grecobactriano. Demetrio I. Buda.

Mapa de la zona aproximada que ocuparía el Reino Indogriego.



La existencia de la India ya era conocida por los griegos mucho antes de la llegada de Alejandro Magno. Principalmente gracias a un conocido común, el Imperio Persa. El rey Dario I, con la intención de asegurar la frontera, llevó una expedición más allá del valle del río Indo. Según Heródoto, quien en su obra nos habla y describe aquel lejano territorio, al servicio del rey persa se encontraba el explorador griego Escílax de Carianda. También otros griegos escribieron acerca de la India, aunque sus obras se han perdido y sólo nos han llegado fragmentos y menciones de autores posteriores. No podemos olvidarnos aquí de otro griego que supuestamente viajó a la India incluso fundando ciudades, que no es otro que el dios Dioniso. Al menos según la mitología. 

Siguiendo los pasos de éste y buscando llegar hasta los que se consideraban los límites de la oikoumene, Alejandro Magno alcanzó la India conquistando cierto territorio antes de tener que volver por las dificultades que presentaba la campaña así como los deseos de volver de sus tropas. Los límites de su imperio se encontrarían en el valle del Indo, territorio donde se terminaría produciendo cierta mezcla cultural entre los conquistadores griegos y los nativos indios. Con la muerte del monarca macedonio en el 323 a.C., el imperio entraría en un periodo de constante desintegración y debilitamiento que hará que los territorios indios pertenecientes pasaran a dominio del también moderno Imperio Maurya. Exactamente Gandhara y Aracosia. Este reino se había expandido por toda la India, pero tras la muerte de Asóka, entorno al 185 a.C., se dividió en distintos estados. 


Procesión del rey Ashoka en su carroza, relive de la Gran estupa 
de Sanchi (s.III a.C.) (enlace).


Esta situación sería aprovechada por el vecino Reino Greco-bactriano. Éste surgió con la independencia de la satrapía de Bactria del poder seléucida sobre el 250 a.C., y se convirtió en un extenso, próspero y rico reino helenístico. El más oriental de los existentes. En el 180 a.C., su entonces rey Demetrio I, aprovechando la situación de la India, se lanzó a la conquista anexionándose aquellos territorios que una vez pertenecieron al imperio de Alejandro Magno, correspondientes con la actual Pakistán. Fue entonces cuando un tal Eucrátides, tal vez un general, se hizo con el poder del reino greco-bactraino, expulsando a los Eutidémicos del trono. Estos pasarían a controlar unicamente los nuevos territorios conquistados, formándose el Reino indogriego. Hubo intentos de recuperar el trono perdido, ya que sabemos que un rey llamado Demetrio, seguramente Demetrio II, intentó recuperar el trono pero fue derrotado por el nuevo rey. Eucrátides por su parte, también lanzaría campañas militares contra el nuevo reino. Dentro de los reyes indogriegos destaca sin duda Menandro I, el más exitoso y destacado de todos, quién expandió el reino llegando parece ser más al oriente que ningún otro griego, superando claro, a Alejandro Magno. Tras la muerte de Menandro I en el 130 a.C., parece que el reino indogriego redujo su territorio y permaneció dividido, siendo más una entidad cultural que política. Apenas sabemos de aquella época más allá del registro arqueológico y numismático. Durante la existencia de este reino se produjo una interesante mezcla cultural entre los griegos e indios, sobre todo mediante el budismo, el cual tuvo una gran importancia en este intercambio. Así se puede ver el arte. 

Reino indogriego. Grecia e India. Reino Bactria. Reino grecobactriano. Demetrio I. Buda.Reino indogriego. Grecia e India. Reino Bactria. Reino grecobactriano. Demetrio I. Buda.

Representación de la historia del caballo de Troya en el arte de Gandhara 
(arte greco-budista) (Museo Británico, Londres) (enlace).


En el año 10 d.C., los últimos territorios que quedaban bajo control de reyes indogriegos, exactamente Estratón II y III, fueron conquistados, poniéndose fin a la presencia directa de la cultura occidental en aquellos territorios. Desde Alejandro Magno hasta entonces, pasaron 300 años donde la presencia griega dió lugar a un importante intercambio cultural no tanto por su impacto o consecuencias sino por lo atractivo e interesante de mezclar dos culturas completamente lejanas. Dos culturas unidas sobre todo gracias al comentado reino, el reino indogriego.

-Bibliografía: 


-Heródoto, Libro IV de Historias.

-"Indogriegos, nómadas y Guptas" de Roberto Eduardo García Fernández, (enlace).

-"Tras los pasos de Dioniso: la expedición de Alejandro a la India" de Leslie Lagos Aburto en "Viajes, interacciones e identidades en el mundo antiguo y medieval" (editores: Daniel Nieto Orriols y Pablo Castro Hernández).

-Entrada de la Wikipedia "El Reino indogriego" (enlace).

-"Armies of the Hellenistic States 323 BC-AD 30" de Gabriele Esposito.


El Hado y las hadas

 


Imagen superior obtenida de (enlace). Imágen inferior títulada 'Fairy Islands' 
del libro "Elves and Fairies" (1916) de Ida Rentoul Outhwaite.


Cuando lo conocido se mezcla con lo desconocido, la historia da paso a la leyenda, la leyenda al mito y el mito, en ocasiones, a la magia. Y qué hay más mágico que el misterioso mundo de las hadas. Por ello, en este breve artículo nos saldremos de lo conocido para explorar lo desconocido y descubrir el origen de las hadas.


Las hadas son unos personajes fantásticos con forma humanoide y extensas alas, que han cobrado una importante presencia en nuestra cultura popular. Siempre se les relaciona con la naturaleza, tanto con el mundo vegetal como animal, viviendo entre flores y bellas plantas, dando paso a la ansiada primavera. ¿Pero qué hay de cierto en todo esto? ¿Quiénes son realmente las hadas? Estos personajes del mundo de la fantasía aparecen mencionados por primera vez en la Edad Media por autores como Jean d'Arras y Chrétien de Troyes, donde ya muestran características bellas y su fuerte relación con el mundo del bosque y la magia. Desde entonces veremos distintas personificaciones y papeles en las hadas de las novelas medievales, encontrándonos sobre todo con el hada amante y el hada madrina. Siguiendo a la filóloga y académica Victoria Cirlot, estos dos tipos de figuras, al menos el de la madrina, tienen como antecedentes a las parcas, personificaciones del Destino del mundo grecorromano. Y es que si nos fijamos bien, tanto el hada madrina como el hada amante son definitorios en el destino de la persona con la que interactúan, ya sea por medio del uso de magia para marcar su vida desde el nacimiento, en el caso de la primera, o por medio del amor, magia que no necesita presentación, en el caso de la segunda. 



Viviane y Lancelot. Manuscrito 113 fol. 156v. S. XV. BNF. (Enlace)

A continuación hablaremos de las mencionadas parcas, puesto que al fin y al cabo, esto es un espacio dedicado a la historia antigua. Eso sí, indagando en el mito, y a través de Hesíodo. Debemos irnos para ello al origen de todo, cuando Gea y Caos comienzan a tener hijos. Este último será el progenitor de todas las fuerzas dañinas y negativas a través de su hija la Noche (Nyx), y ya que la peor de todas las fuerzas negativas es la muerte, puesto que anula nuestra propia existencia, no sorprende que Hesíodo encabece la lista de los hijos de la Noche con la odiosa Moro, la personificación del Destino ("Fatum" o "Hado" para los romanos) con el significado especial de muerte señalada de un ser humano (Robin Hard p. 59). 


Nos es ningún secreto que la mitología griega cuenta con contradicciones y distintas versiones de una misma idea, y esta no es una excepción. El Moro o la Moira no siempre fue una única divinidad, pues aparece en Hesíodo como las moiras “un grupo de diosas que asignan los destinos individuales a los mortales cuando nacen, particularmente con vistas a la hora de su muerte”, (Robin Hard p.60), ¿no recuerda esto a la figura del hada madrina? Según Hesíodo y otros autores, eran tres, Cloto, Láquesis y Atropo, y se les representa como tejedoras, ya que tejen el hilo del destino de cada mortal, llegando su vida a su fin cuando este se rompe. También se les representa como hermosas mujeres en el arte, aunque la literatura las imagine siempre como ancianas. Tal vez hayáis caído ya en que seguramente “conozcáis” a estas tres hermanas, ya que tuvieron su papel en la película de Hércules de Disney, aunque lejos quedan de ser una buena representación.



Escena de la película Hércules de Disney (Enlace).

El significado de la palabra moira viene de “porción” o “asignación”, y es usada aquí en referencia al destino que se le asigna a una persona. Los romanos darán a estas diosas el nombre de parcas, palabra con su propia etimología. Aparecen además en otras mitologías como en la germánica y nórdica, con el nombre de Nornas. Posiblemente debido a un origen común indoeuropeo. En cuanto a su gran relación con la muerte y esta como destino fatal, podría explicar aquel carácter malvado que muchas veces se les da a las hadas.



Las tres Moiras. Relieve, tumba de Alexander von der Mark, por 
Johann Gottfried Schadow. Antigua Galería Nacional, Berlín.


Ahora bien, las parcas quedan todavía lejos de las figuras de las hadas como tales. Como ya comentamos anteriormente, las hadas surgen en la literatura medieval, y es qué es ahí donde el Hado y las parcas parece que se mezclan con otros tipos de personajes. Por un lado, adoptan características de las ninfas, cuya relación con la naturaleza está mñas que presente, así como con la figura del amante. Por otro lado, se mezlcan con personajes de la mitología celta (muy presente en la literatura mencionada, donde además la fantasía tiene un papel protagonista) como con los Aos Sí. Lo que ocurre aquí es que la mitología celta nos ha llegado principalmente a través de la irlandesa y escocesa, teniendo como base la tradición oral y la cultura popular. No contamos con obras antiguas que nos permitan reconstruir los mitos celtas ni sus protagonistas, más allá de cuentos y leyendas. Incluso aparecen por ahí los Cait Sith, unos “gatos hada”. Al menos a mí, como historiador, este es un campo que se me escapa. Por ello dejo en ustedes el investigar y leer sobre este asunto, limitándome en mi caso a mencionar la influencia celta en la figura del hada, además, de como he hecho, profundizar en su origen y relación con el mundo grecorromano. Claro está que, a todo lo mencionado, hay que añadir la propia evolución que ha sufrido la figura del hada como ocurre naturalmente a todo personaje dentro de la cultura popular. 


¿Qué son entonces las hadas? Más allá de lo comentado, no lo sabemos, ya que no existen como tales, sino sólo dentro de aquellas personas que piensen en ellas. Es cada persona, dentro de su imaginario, la que crea y define al hada, como si de magia se tratase. Y es que como dijimos al principio, a veces la historia se mezcla con la magia gracias al mito, pudiendo explicarse sólo lo conocido a través de lo desconocido. Y si bien es el permanente deseo de conocer y entender todo lo que mueve al ser humano, es lo que no se puede conocer aquello que mueve su alma.


-Bibliografía: 

-Hesíodo, Teogonía. Introducción, traducción y notas de Pérez Jiménez A. y Matínez Díez A. (Biblioteca Clásica Gredos 197), Madrid 1994.

-"El Gran Libro de la Mitología Griega" de Robin Hard, 2008.

- Conferencia "Hadas: lo maravilloso femenino" de Victoria Cirlot (enlace).


Calípatra, una mujer en las Olimpiadas. Los Juegos Olímpicos y las mujeres.

 


Calipatra. Ferenice. Mujeres Deporte. Olimpiadas Antigua Grecia.

Ilustración superior de María Dolores Mirón en Desperta Ferro. Cuadro de la parte 
inferior de Auguste Vinchon.

La relación entre los Juegos Olímpicos y las mujeres siempre ha sido tan compleja como casi nula en muchas ocasiones. En la Antigua Grecia, solo las mujeres vírgenes podían asistir a los Juegos, aunque como espectadoras claro. Así nos lo dice Pausanias, al menos en el s. II d.C. No sería hasta el siglo XX cuando a éstas se les permitió participar al igual que lo hacían los hombres, siendo la primera en hacerlo la tenista Charlotte Cooper. Hasta entonces, las mujeres se habían visto limitadas a competir en torneos paralelos reservadas solo para ellas. Ya desde la Antigüedad, en la propia Olimpia, encontramos la que sería la versión femenina de los Juegos Olímpicos, los Juegos Hereos. A diferencia de los juegos masculinos, dedicados a Zeus, estos estaban dedicados a Hera, su esposa, y su participación era exclusivamente femenina. Se celebraban también cada cuatro años, y compartían muchas similitudes con los Olímpicos, aunque también tenían bastantes diferencias empezando con que contaban con muchísima menor fama y prestigio. Por ello, nos son bastantes desconocidos hoy en dia.



Mujer en el deporte Historia
Figurilla de bronce de una joven corriendo (520-500 a.C.) expuesta en el Museo Británico. Aunque fue encontrada en Albania, probablemente fuese de factura espartana. Fotografía de: Caeciliusinhorto (CC BY-SA 4.0). Imágen obtenida de National Geographic



Su origen se confunde entre la historia y la mitología, pero sin duda es antiguo. Y en cuanto a su desarrollo, apenas tenemos la información dada por Pausanias (V. 16), según el cual los Juegos Hereos, organizadas por el colegio de las Dieciséis Mujeres, consistían únicamente en carreras pedestres (a pie), como los Olímpicos en su origen, aunque la distancia recorrida sería de 160 m aprox., seis veces menor que en las masculinas. Sus protagonistas serían únicamente parthenoi, mujeres no casadas, y por tanto, vírgenes. La participación directa de las mujeres en las competiciones celebradas en Olimpia, por tanto, se limitaba a los Juegos Hereos, y esa es la verdad. Pero todas las verdades tienen su excepción, y esta historia gira en torno a una. 


Calíapatra. Mujeres Olimpiadas. Juegos Olímpicos. Juegos Hereos.

Óleo de Prospero Piatti (1901). Imágen obtenida de: Wikipedia Commons.



La excepción se llama Calípatra, una mujer que sí participó en los Juegos Olímpicos. Calípatra, o Ferenice, era hija de Diágoras de Rodas (s. V a.C.), uno de los más exitosos atletas de la antigüedad, el cual triunfó tanto en los juegos olímpicos como en los nemeos, ístmicos y píticos dentro de la categoría de pancracio. Pero Calípatra no sólo era hija de un campeón olímpico, sino también hermana, ya que sus hermanos Damageto, Dorieo y Acusilao también resultaron vencedores. Y pronto, además, pasaría no solo a ser hija y hermana de campeones olímpicos, sino también madre. Su hijo Pisírrodo, siguiendo la tradición familiar, también obtuvo un triunfo. Durante este, debido a que su padre había fallecido, quién le acompañó como entrenador fue la propia Calípatra, disfrazada, eso sí, de hombre. Lo que ocurrió entonces, nos lo relata Pausanias (V. 6.7-8) de la siguiente manera: “cuando ganó Pisírodo, Calípatira, al intentar saltar por encima de la tapia donde tienen confinados a los entrenadores se quedó desnuda. Así se descubrió que era mujer, pero la dejaron marchar sin castigo por consideración a su padre, sus hermanos y su hijo -pues todos ellos habían conseguido victorias olímpicas-; con todo promulgaron una ley según la cual en adelante los entrenadores entrasen desnudos en los Juegos”.


De esta forma, Calípatra se convirtió en la única mujer conocida que estuvo presente y “participó” en unos Juegos Olímpicos en la Antigua Grecia, teniendo la suerte de no ser castigada con la pena de muerte gracias a su legado familiar. También participaron de forma indirecta otras mujeres como la espartana de sangre real Cinisca, vencedora en las carreras de carros de cuatro caballos del año 396 a.C., victoria que repetiría en los siguientes juegos. La espartana fue tratada como heroína siendo la primera vencedora olímpica. No obstante, ella no conducía el carro, sino que únicamente era quién crió a los caballos. En aquel entonces, era el dueño o la dueña de los caballos quién ganaba la corona y resultaba vencedor o vencedora, y no el auriga que condujese el carro. El mismo caso de Cinisca se repetiría más adelante con otras mujeres, pero ninguna participaría directamente como lo hizo Calípatra, la primera mujer en competir, aunque en calidad de entrenador, en unos Juegos Olímpicos.


-Bibliografía: 

-Pausanias, Descripción de Grecia. Libros III-VI. Introducción, traducción y notas de Herrero Ingelmo, M.C. (Biblioteca Clásica Gredos 197), Madrid 1994.

-Artículo "Mujeres en los juegos", de María Dolores Mirón, en "Las primeras Olimpiadas" Nº 56 de Desperta Ferro Arqueología E Historia.

- El deporte femenino en la Antigua Grecia, de Fernando García Romero, Universidad Complutense (enlace).




La ciudad de Badajoz

 

Historia de Badajoz desde época romana hasta fundación árabe y musulmana de Ibn Marwán


“El tiempo es un jardín poblado, de tactos y amapolas del Guadiana. Tiempo por donde todos vamos dejando versos y nostalgias” Jesús Delgado Valhondo Ed. Hoy (Badajoz, 20-6-75)

El tiempo, por naturaleza, tiende a esconder y ocultar tras de sí el pasado, apoyándose en su siempre compañero el olvido. Sin embargo, es a su vez aquello que da vida e historia a algo, ¿qué es?, por tanto, ¿una ciudad sin su historia, sin su pasado, sin su tiempo, si es este quién le hace ser lo que es?. Por eso, dedicaremos este espacio para hablar del pasado de Badajoz, aquel que se oculta tras un manto de amapolas del Guadiana.

La ciudad de Badajoz es actualmente un municipio y ciudad española, capital de la provincia homónima, perteneciente a la comunidad autónoma de Extremadura. 

Historia de Badajoz


Esta posee el privilegio de tener diversos relatos históricos que nos hablan sobre su origen fundacional, privilegio con el cual pocas ciudades de la Península Ibérica cuentan. Incluso su fundación tiene nombre propio, Ibn Marwán al-Yiliqi. Este pertenecía a una familia de muladíes, es decir,  hispanorromanos convertidos al islam, y era además hijo del gobernador de Mérida. Tras rebelarse contra el emir de Córdoba y rendirse, le fue asignada la localización de la actual Badajoz a cambio de no levantarse más. Allí residiría junto a muchos provenientes principalmente de Mérida. Fundaría de esta forma Mu'assassat Batalyaws, que significa la "Fundación de Batalyaws", en el 875, en una muy buena localización debido sobre todo a su buena posición estratégica. Exactamente sobre el Cerro de la Muela, una colina a orillas del Guadiana. Este está actualmente ocupado principalmente por la Alcazaba (ciudadela), actualmente la más grande de época musulmana conservada en toda Europa.


Historia de Badajoz

Estatua de Ibn Marwan en Badajoz (enlace)

Alcazaba Badajoz. Historia romana Badajoz

Alcazaba sobre el Cerro de la Muela (enlace)


Si bien conocemos cómo se fundó la actual ciudad de Badajoz, nos preguntamos, ¿había ya alguna población antes de la llegada de Ibn Marwán? ¿Qué pasado oculta ese jardín poblado que es el tiempo?

En época de Augusto, la provincia romana de Lusitania se dividía en tres: Conventus Pacencis, Conventus Scallabitanus (Santarém) y Conventus Emeritensis (Mérida). Avanzando en el tiempo, en el siglo XIII, tras ser conquistada Badajoz por Alfonso IX de León, se crea la diócesis de Badajoz con el nombre de diócesis pacensis, en imitación del antiguo conventus romano. Sin embargo, la capital de este era la ciudad de Pax Julia o Civitas Pacensis, la actual Beja, una ciudad situada cerca de Badajoz, a unos 160 km, y que pertenece a Portugal. Este “error” dió lugar a que hoy en día el gentilicio de la provincia sea “pacense”. 

Otro error de gran importancia sobre el origen de la ciudad lo vemos sobre la identificación de Badajoz con una supuesta ciudad llamada Pax Augusta, mencionada por el geógrafo griego Estrabón de los siglos I a. C. y I d. C. No obstante, hoy en día se coincide en la opinión de que esta ciudad nunca existió como tal, sino que se corresponde en realidad a la antes mencionada Pax Julia, y que el célebre griego la llamaba con el otro nombre. Esto pudo haberse cometido debido a alguna errata como mezclar los nombres de Pax Julia (Beja) y Emérita Augusta (Mérida) o simplemente nombrarnos la ciudad romana con un nombre acertado que no nos ha llegado en ninguna otra fuente. El caso es que el más importante de los geógrafos árabes, Abu-l-Fidá b. Ayyub, en su obra geográfica, víncula a Batalyaws con Pax Augusta, al igual que hará tiempo después Antonio de Nebrija en el siglo XV o el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator, en su mapa titulado Castillae veteris et novae descriptio, publicado en 1606, donde se cita a Badajoz con el nombre culto Pax Augusta. Esta errónea teoría fue defendida y argumentada por estudiosos de peso que buscaban una ascendencia fundacional del prestigio de una ciudad romana, así como una mayor antigüedad de su sede episcopal. Tuvo que llegar el conocido político Pascual Madoz para que en 1846 desmintiera tan arraigada creencia, que se seguirá repitiendo hasta finales de su siglo. 

Hoy en día, como dijimos anteriormente, ya está aceptado y apoyado que Badajoz no era ninguna ciudad llamada Pax Augusta, que debía ser la actual Beja. Pero eso no nos responde definitivamente a la cuestión de si hubo alguna población romana, y por ello, recurriremos a la arqueología. 

En la primera campaña de excavaciones de 1977, Fernando Valdés ya atestiguó una ocupación persistente del Cerro de la Muela desde la prehistoria. El poblamiento se remontaría a la etapa Calcolítica y seguía en la Edad del Hierro. En cuanto a época romana encontramos restos de una necrópolis en el punto elevado de una ladera, dentro del actual plano urbanístico de Badajoz, y que nos está informando indirectamente de la existencia de un camino, pues se solían colocar junto a estos para que los difuntos sean recordados. Este camino conduciría  a la parte alta del Cerro de la Muela donde por su altura (hoy en día con el paso del tiempo se ha aplanado) y su posición estratégica, se localizaba el yacimiento de la Edad del Hierro. Sin embargo, no encontramos restos de ocupación romana republicana como solemos estar acostumbrados en los yacimientos prerromanos, y el área funeraria descubierta se encuadra en el Alto Imperio por las incineraciones, y por las inhumaciones pudiera llevarse su uso hasta la etapa tardorromana.



Comparación y localización del Cerro de la Muela en el plano actual 
de Badajoz. Imágen obtenida de Google Maps.


A partir de Augusto y ya en el Alto Imperio se produce una reorganización de los asentamientos y la explotación extensiva del campo mediante villae, viviendas rurales que formaban parte de una propiedad agrícola. Los asentamientos además se trasladaron a zonas más llanas y accesibles (con el territorio ocupado, importaba más la explotación de este que la defensa del asentamiento). Aunque sin duda muchos se mantuvieron habitados en su parte alta, como Trujillo o Cáceres, ambos de origen prerromano. Badajoz por su parte no es el caso, posiblemente al no tratarse de un castro celtíbero de importancia, o al menos no tenemos pruebas arqueológicas suficientes para pensar que lo fue. 

Sí se han descubierto diferentes elementos escultóricos de ascendencia romana y tardoantigua esparcidos por el entorno de la Alcazaba. Ante esto se ha valorado y planteado con fuerza el que no sean originarios de la propia Badajoz, sino que procediesen de Mérida, traídos con cierto valor simbólico en el momento en el que la primera relevó a la segunda, durante el siglo IX. Es más que común y frecuente la reutilización de este tipo de elementos. Pese a esto, otros restos arqueológicos no encuentran una justificación tan clara para su traslado, pero que tampoco son tan relevantes como para demostrar la existencia de un enclave urbano, aunque sí de un asentamiento rural. Hablamos de elementos epigráficos y vestigios cerámicos y numismáticos pertenecientes a la cultura romana descubiertos en el entorno de la actual ciudad. Hay que tener en cuenta que el Cerro de la Muela está ocupado por el Alcazaba, y este, de momento, dificulta el descubrimiento de datos que nos resuelvan las incógnitas planteadas.


Todo parece indicar por tanto que el asentamiento localizado en Badajoz estaba formado por una o varias villas con población adscrita a su dominio, en forma de una pequeña aldea perteneciente al dominio de la villa. Favorecido por la presencia de la calzada y el trasiego de viajeros que necesitasen cruzar el Guadiana. Augusta Emérita (Mérida) quedaría como referente urbano de esta pequeña población.


Bien, respondida la cuestión de si hubo alguna población romana, debemos preguntarnos ahora qué fue de ella. El siglo V resultaría ser una época de crisis y hostilidad, dándose la caída del imperio romano. Muchas villas y asentamientos urbanos se despoblarán quedando reducidos a aldeas (vicus), pues la gente buscará protección, principalmente en las alturas, y junto a vías importantes, abandonandose principalmente asentamientos en el llano. Badajoz cumplía esas condiciones. Sobre la época visigoda, que siguió a la romana, tenemos un gran registro arqueológico decorativo así como una necrópolis que nos muestran que Badajoz siguió poblada durante este periodo, aunque no seguiría siendo así…


Volviendo a la fundación musulmana de la actual Badajoz, el cronista árabe Ibn Adari dice: “Y le permitió el emir que se fuera a Batalyós y se estableciera allí, que entonces era una aldea". Ibn Ayyan por su parte relata: "Que se bajara a Batalyós, que entonces estaba deshabitado, y lo construyera para él y su gente"; y de igual manera Al-Razi dice: "Que salga de Alange con su gente y se fuera al castillo de Batalyós, que esos días estaba abandonado". De esto concluimos que cuando Ibn Marwán se dirigió a la actual Badajoz, la aldea visigoda de nombre Batalyós supuestamente, se encontraba despoblada. Los motivos exactos los desconocemos.


En cuanto al nombre actual de Badajoz, este procede de Batalyaws, que a su vez procede de Batalyós, mencionado por los cronistas árabes. Esta conversión muestra los rasgos típicos de la adaptación de un vocablo (topónimo o antropónimo) de origen no árabe a la fonética árabe  (ejemplos son Zaragoza o Sevilla). Esto desmiente la tradicional teoría de que Batalyaws procede de "balad al-yawz" (tierra de nogales), como sugería Fray Diego de Guadix en 1593, o tambíen la de que signfica "balad al-lawz" (tierra de almendros), sugerido por autores más modernos. El origen etimológico del nombre de la ciudad y provincia, resulta un misterio complicado de resolver. Una teoría con bastante fuerza aunque poco extendida sería la planteada por el historiador Matías Ramón Martínez, quién plantea que Batalyós procede de un nombre antropónimo hispanorromano, del que sería un propietario agrícola del asentamiento romano presente en la actual Badajoz. Cuyo nombre pasaría a designar el de la villa o aldea. Concretamente propone Battalus, un nombre romano que conocemos por un testimonio epigráfico encontrado en el norte de España, teniendo solo uno lamentablemente. Si bien esta teoría se enfrenta a diferentes dificultades, sin duda podría ser cierta. No sería la primera ciudad española cuyo nombre se habría formado de esta forma según hipótesis bien aceptadas. Jaén por ejemplo, procedería de Gaiena, "la villa de Gaius".


Nada tiene que ver el pasado romano de la ciudad de Badajoz con el de la provincia, la cual a diferencia de la capital cuenta con un rico registro de vestigios de época romana. Siendo el baluarte de estos la importante ciudad de Mérida. Además encontramos por ejemplo diferentes villas como La villa romana de Pesquero (siglos I-V), en el término municipal de Pueblonuevo del Guadiana, la de Las Tomas (siglos I y II) y La villa romana La Cocosa, (siglos I-IV) situada a unos 16 kilómetros de Badajoz por la carretera de Valverde de Leganés. Lamentablemente, se encuentran en un muy mal estado de conservación. 


Villa romana La Cocosa. Historia romana Badajoz

Vista aérea de la Villa romana de La Cocosa 

Aún así, Badajoz, junto a Cáceres,  forma una comunidad con un gran y rico pasado romano, Extremadura, donde amapolas florecen a las orillas del Guadiana entre los ecos del pasado, fruto del paso del tiempo. Tiempo por donde ya desde época romana “todos vamos dejando versos y nostalgias”.



-Bibliografía: 


Poema "Badajoz" de Jesús Delgado Valhondo,  Ed. Hoy (Badajoz, 20-6-75) (enlace a la página web donde lo obtuve)


-Pax Agusta -Página Real Academia de Extremadura (enlace)


-Conferencia "Los orígenes de la fundación de Badajoz" de XIV JORNADAS ARTILLERAS EN EXTREMADURA (enlace a la página web donde lo obtuve)


-Aproximación al conocimiento del Badajoz romano" de Jesús Cánovas Pessini y Fernando Valdés Fernández. Universidad Autónoma de Madrid (1979) (enlace)


-"Matías Ramón Martínez y el nombre de Badajoz. Su fundamentación histórico-arqueológica a partir de un nuevo tipo toponímico" por Rafael Sabio González. Revista de Estudios Extremeños, 2018, Tomo LXXIV, No. II, pp. 853-880. (enlace)


-"El oppidum de Badajoz. Ocupaciones prehistóricas en La Alcazaba" de Luis Berrocal- Rangel. Universidad Complutense de Madrid (1994). (enlace)


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