Los triunfos de César

 


Arriba fotograma de la serie Roma
abajo ilustración perteneciente al juego Imperator Rome

En época republicana era difícil superar los fastuosos triunfos celebrados por Pompeyo en el 61 a. C., pero Julio César, quien ya lo había vencido en el campo de batalla, también quiso vencerlo en cuanto a popularidad. César tenía derecho a celebrar tres triunfos al igual que Pompeyo en su momento, pues había vencido en la Galia, en Egipto y en Ponto. Pero el dictador no quería  igualarlo sino superarlo, y para ello necesitaba un cuarto triunfo. Lo cierto es que César venció en una cuarta guerra, la que tuvo contra los partidarios de Pompeyo en África, aunque era impensable que celebrase una victoria proveniente de una guerra civil. Es por ello que utilizó como excusa que en dicha guerra participaron númidas (aliados de los pompeyanos) a quienes derrotó. Era un claro abuso, pero César se había convertido en dueño de Roma y el Senado no podía negarle nada. 


Siguiendo como el dictador había planeado, se celebraron los cuatro triunfos en cuatro días distintos. Primero el de su triunfo en Alesia, con Vercingétorix como prisionero. Segundo el de Egipto, donde destacaron las jirafas, un animal desconocido para los romanos. Tercero el triunfo de Ponto, donde a falta del rey enemigo, el cual murió, destacaba un cartel con la célebre inscripción veni, vidi, vici. El cuarto y último fue el más embarazoso, el de su guerra contra el rey númida Juba II y los pompeyanos. No tuvo mucho éxito aunque César tuvo la sensatez de no representar a Pompeyo en los carteles donde aparecían los líderes enemigos vencidos. Durante el triunfo se pudieron escuchar numerosas ofensas y burlas por parte de los soldados hacia su general, lo cual estaba permitido. 


Triunfo de César (Ilustración de Peter Connolly)


Acabados los triunfos, César dió un enorme banquete al pueblo y 400 sestercios a cada ciudadanos, así como 20.000 a los soldados. Se realizaron también juegos y espectáculos. Estos se realizaron principalmente en el Circo Máximo y se tuvo que construir el que sería el primer anfiteatro de Roma. Entre los espectáculos más destacados encontramos una batalla con 20 elefantes por bandos, el primer combate naval (naumaquía) en un estanque artificial en el Campo de Marte, y una batalla con hasta dos mil hombres. Todo parecía que no podía ir mejor para César, pero el malestar por el régimen autocrático, los enormes gastos realizados y el gran número de muertes en los juegos entre otras cosas, hicieron que César se tambalease en una cuerda floja. Poco más de un año después, el Senado conspiraba contra él y acababa con su vida, con el gran Julio César.


Bibliografía:

Revista Historia National Geographic Nº 175. 


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El Filógelos y los chistes romanos

 



Si bien el mundo ha cambiado mucho desde que Roma dominaba el mediterráneo, nuestra forma de divertirnos y reírnos apenas ha cambiado. Al igual que ahora, en aquella época también contaban chistes y, curiosamente, muchos son muy similares a los actuales. 



Aunque sabemos que los chistes existían de antes, la colección de chistes más antigua que conservamos es el Philógelos (en griego antiguo, ‘amante de la risa’) escrito en griego durante el siglo IV d. C. En él podemos encontrar hasta 265 chistes, y son principalmente diálogos entre distintos personajes, casi siempre ofensivos. Hay que tener en cuenta que el humor que tenían en esa época era muy diferente al actual y que muchos de los chistes hoy no tienen gracia, ya que las bromas y los chistes van en gran parte acompañados de un contexto social y cultural. Lo interesante del Philógelos es lo valioso que resulta para conocer muchos aspectos culturales y sociales del momento, así como el hecho de que muchos de  los chistes que aparecen podrían ser perfectamente actuales, algunos incluso los son. Eso sí, no esperes reírte con ellos, tal vez en su momento serían muy graciosos, pero en su momento. A continuación encontramos algunos de esos chistes:





-El peluquero pregunta: “¿Cómo quiere que le corte el pelo?”. Y el cliente contesta: “En silencio”.




-Un tipo le dice a su amigo: “Anoche me acosté con tu mujer”. A lo que el amigo contesta: “Yo soy su marido y tengo que hacerlo, pero tú, ¿qué excusa tienes?”.




-Un tipo está abroncando a un borracho porque pierde toda noción de la realidad cuando bebe más de la cuenta. A lo que el borracho le contesta, indignado: “Mira quién habla… El tipo que tiene dos cabezas”.




-Un misógino está frente a la tumba de su mujer. Un desconocido le da el pésame: “¿Quién está descansando ahora?”. A lo que el misógino contesta: “Yo, ahora que por fin estoy solo”.




“Un hombre va al médico y dice: “Doctor, cuando me despierto me encuentro un poco mareado, pero luego cuando pasa media hora ya me encuentro bien”. A lo que el doctor responde: “Pues levántese media hora más tarde”.




-Un hombre acude al vendedor de esclavos y se queja de que uno de los que acaba de comprar se ha muerto, a lo que el vendedor responde: “¡Nunca hizo nada parecido cuando estaba conmigo!”.





-Era un hombre tan avaro que a la hora de escribir su testamento se nombró heredero a sí mismo”.






(En muchos de los chistes se meten con los intelectuales dejándolos de tontos, aquí dos ejemplos)



-Un tipo se encuentra con un intelectual y le dice: “Anoche te vi en un sueño”. “Vaya -contesta el intelectual-, estaba tan ocupado que yo no te vi a ti”. 




-Un barbero, un calvo y un intelectual están de viaje. Acampan por la noche y hacen turnos para vigilar el equipaje. Durante su turno, el barbero se aburre y le afeita la cabeza al intelectual. Cuando el barbero le despierta para que siga él, el intelectual se toca la cabeza y dice: “Este tío es tonto: ha despertado al calvo en lugar de a mí”.




La educación en la Antigua Grecia

 

Paideia. Los colegios en la Antigua Grecia. Cómo estudiaban los griegos. Peter Connolly

Ilustración superior de Peter Connolly


La importancia que se otorgó a la educación en la Grecia clásica resultó fundamental para su florecimiento y desarrollo. En gran medida, una sociedad es el resultado de la formación de sus jóvenes, y las virtudes de la educación griega fueron claves para la forja de su civilización. 


El término paideia (παιδεία), traducido como educación o formación, resulta imprescindible para concebir la importancia que los griegos otorgaban a la educación de  los niños y los jóvenes para que se convirtieran en esos auténticos ciudadanos que hemos mencionado antes. Paideia (de pâis, “niño”) comprende no sólo la educación, sino también la cultura, la tradición, y la civilización que debían recibir los futuros adultos. La educación consistía en un proceso por el que el joven asimilaba una serie de conocimientos, principios y destrezas que le harían poder servir de la forma más útil y virtuosa posible a su comunidad, de alcanzar la areté de uno mismo. Vemos la importancia que le daban los griegos al individuo, al hombre, así como a la comunidad, a su servicio a la polis. En Atenas, desde niños se les enseñaban a leer y escribir, así como matemáticas y geometría. Esto era esencial para que un futuro ciudadano pudiese ayudar a la polis. Se fomentaba el desarrollo tanto de las aptitudes mentales como corporales, en perfecta armonía entre ellas, no se entendían ambas por separadas. Esto es fundamental dentro de la educación griega, pues era esencial para todo ciudadano alcanzar un equilibrio entre ambas aptitudes. 


Desde la Grecia arcaica, los poemas homéricos eran incluidos dentro de los programas educativos pues ejercían una gran e importante influencia moral y civilizadora, y constituían el repertorio fundamental de sus códigos sociales morales y religiosos. Sus protagonistas transmitían a lo largo de las generaciones una ética colectiva e individual. Algunas ideas que captaban los jóvenes con la lectura de estas obras eran la necesidad de cumplir escrupulosamente los ritos religiosos y de no ofender a los dioses, así como de fidelidad en el matrimonio. Estos eran pilares fundamentales en la sociedad, cuya conservación tuvo mucha importancia en la antigua Grecia, ya que eran fundamentales para la supervivencia de la cultura. 


A la edad de trece años, si la familia disponía de recursos, la educación pasaba al gimnasio. Este, junto al simposio, constituía un marco fundamental de relación masculina. En él era donde se practicaba el ejercicio físico, además de que impartían lecciones filósofos y poetas. Un nuevo ejemplo de la unión que tenían tanto el cuidado de la mente como del cuerpo. “El ideal educativo de un ateniense en la época de Platón puede resumirse en el concepto del kalos kagathós: el hombre equilibrado; bello del cuerpo y bello del alma; es decir; justo” (Alcoberro Pericay, 2019). Un rasgo muy significativo de la nueva civilización griega presente en la educación que no podemos olvidar es el espíritu guerrero presente en su cultura. La guerra era el signo dominante de la época y no son pocas las representaciones de batallas y hombres armados que encontramos en el arte griego. 


La  ideología griega era de carácter esencialmente competitivo, consecuencia de ese espíritu guerrero del que hemos hablado, y tenía como objetivo principal la consecución de la excelencia o areté.  Un término que define perfectamente esta mentalidad es agón (ἀγών), traducido como competición o certamen. El agón, la competición individual y colectiva,  enseñaba que el honor era la virtud más alta por la que uno luchaba, estando por encima de su propia vida. La pérdida del honor, constituía el peor desastre. Era enseñado en los gimnasios y puesta a prueba en las competiciones, como por ejemplo las Olimpiadas, y principalmente el campo de batalla, siendo este el escenario principal de esta búsqueda de la excelencia a toda costa. También se aprendía por medio de los textos homéricos ya mencionados antes.


Ese importante servicio a la polis, junto a la competición individual en busca de la areté, se ve reflejada en el sistema de combate griego, el sistema hoplítico. Este se basaba en la falange, una formación cerrada y compacta donde todos los soldados luchaban por igual cubriéndose unos a otros. Si uno rompía la formación, ponía en peligro a sus compañeros y a su polis, por eso el mantenimiento de la formación por parte de cada uno de los combatientes era esencial para no ser derrotados. De esta forma, no se entendía la gloria individual y el triunfo de la polis por separado.



Bibliografía:

Alcoberro, R., (2019). Platón. Comprender la filosofía. Ciudad de México, México: RBA Coleccionables, S.A.U

S. Ruiperez, M., Tovar, A., (1979). Historia de Grecia. Historia de la humanidad. Barcelona, España: Montanter y Simón, S. A.

Gómez Espelosín, Francisco Javier., (2016). Historia de Grecia en la Antigüedad. Madrid, España: Ediciones Akal, S. A.

Gernet L., (1980). Antropología de la Grecia antigua. Madrid, España: Taurus Ediciones, S.A.

Penadés, A., García, Juan Carlos., (2018). El declive de Atenas. Madrid, España: National Geographic Society.

Saavedra Mayorga, Juan Javier (2007). Las ideas sobre el hombre en la Grecia antigua. Revista de la Facultad de Ciencias Económicas: Investigación y Reflexión, vol. XV(2),213-234.

Benéitez Prudencio, José Javier., (2008). El pensamiento antropológico griego
a finales de la época clásica. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, vol. LXIII, n.o 2, págs. 7-33. 


Memnón de Rodas, el gran rival de Alejandro



Ilustraciones de J. Shumate


Memnón, nacido hacia el 380 a. C. en la isla de Rodas, fue un hábil mercenario griego que estuvo al servicio de Dario III en su guerra contra Alejandro Magno. La carrera del rodio como líder mercenario estuvo ligada al principio con la de su hermano Mentor. Ambos sirvieron a Artabazo II, el sátrapa persa de Frigia. En el 358 a. C. el sátrapa se rebeló contra su rey, el aqueménida Artajerjes III y puso a Memnón y a su hermano Mentor al frente del ejército rebelde. Como recompensa los dos rodios recibieron tierras en la Tróade.

La guerra les supuso el exilio tras la derrota. Huyeron a la corte de Filipo II donde fueron bien recibidos. Allí Alejandro y Memnón se vieron las caras por primera vez, aunque ninguno se imaginaba lo que el destino tenía guardado para ellos. Años más tarde, Mentor se las arregló para hacerse perdonar por Artajerjes III y obtener del rey el permiso para que Memnón y los suyos pudieran regresar a casa. Mentor murió y Memnón heredó las tierras de la Tróade antes mencionadas. Cuando Alejandro Magno comenzó la invasión de la actual Turquía, los líderes persas se reunieron y tomaron la decisión de presentar batalla al rey macedonio, e hicieron caso omiso a Memnón, quien afirmaba que la mejor opción era llevar la flota persa a Macedonia para llevar la guerra hacia allí. El rodio sabía que la poderosa flota persa era muy superior a la griega, y si se hacía con el claro control del mar, Alejandro no podría recibir suministros desde Grecia. 

La batalla que buscaban los sátrapas persas, ocurrida en el Gránico, acabó en clara derrota. Dario III entonces interfirió confiando en él y dándole la razón. La guerra pasaría al Egeo.  




Memnón de Rodas (Joan Francesc Oliveras) 


Memnón consiguió algunas victorias y se hizo notar. Alejandro Magno se había encontrado con un gran obstáculo inesperado en su campaña, se había encontrado con aquel niño extranjero con quien un día compartió palacio. Lamentablemente para los persas, finalmente Memnón murió por causas naturales durante un asedio. Sin la presencia de tan gran estratega y líder,  la flota persa no supo hacer frente a la macedonia, que pudo continuar y apoyar a Alejandro Magno en la conquista de la costa jónica. Si bien las grandes batallas que se recuerdan sucedieron en tierra, el control del mar fue clave en la campaña del macedonio. Motivo de ello fue que Alejandro, en vez de continuar hasta el centro del Imperio persa tras atravesar la actual Turquía, se desviase para tomar la costa sirio-palestino, donde grandes puertos como Tiro, suministraban importantes cantidades de naves a la flota persa. Todos conocemos el final de la gran hazaña de Alejandro, sin embargo, si Memnón no hubiera muerto, es posible que le hubiera puesto las cosas muy difíciles a Alejandro y quien sabe si incluso la historia hubiese cambiado.

Bibliografía:

“Alejandro Magno. Guerras (Ruth Sheppard). Editorial Libsa (2008) 


 

El triunfo romano

 


Ilustración superior de Peter Dennis



Cuando la Porta Triumphus o puerta del triunfo, una puerta especial en las Muralla Servianas, se abría , y no era para un funeral de un emperador, los ciudadanos, que aguardaban impacientes el espectáculo, sabían muy bien qué significaba: se trataba de un triunfo (triumphus), la ceremonia en la que un general victorioso desfilaba por las calles para celebrar una campaña exitosa.

En época republicana, cuando un general resultaba victorioso de una campaña militar, tenía derecho a solicitar al Senado la concesión de un triunfo tras su regreso a la gran Urbe, quienes sometían a votación el concederselo o no. En muchas ocasiones, al Senado no le interesaba, ya que los triunfos daban poder y sobre todo popularidad al general protagonista, y esto podría ser peligroso en un mundo como el romano. Para que se concediera el triunfo, la campaña debía haber sido de gran escala y contra un enemigo externo, en ningún caso tras una guerra civil, y según el autor del siglo I d. C. Valerio Máximo, un triunfo sólo podría concederse a un general victorioso que hubiera matado al menos a 5.000 enemigos en una sola batalla. Para quien ganaba una guerra menor, no digna de un triunfo, estaba previsto un triunfo menor, la ovación (ovatio), donde además de muchas diferencias, el general iba a caballo y no en carro. Por otro lado,  en la República los triunfos sólo podían ser celebrados por generales de rango consular, mientras que, en la época de los emperadores, estos quedaron reservados a los miembros de la familia imperial. Si las proezas de un general hacían a este digno de un triunfo, pero no era miembro de la familia imperial, se le concedían unas condecoraciones triunfales, es decir, la parafernalia del triunfo sin la procesión por las calles.

La celebración del triunfo consistía en una procesión a través de las calles de Roma, flanqueada por multitudes vitoreantes reunidas para la ocasión. El recorrido comenzaba, como hemos comentado antes, en la Porta Triumphus, y tras dirigirse y atravesar el Circo Máximo, se seguía la vía Sacra para posteriormente atravesar el Forum Magnum y llegar tras ello a la colina capitolina y por consiguiente al templo de Júpiter Ótimo Máximo, donde se realizaban los ritos finales y el sacrificio de los animales que habían participado en el triunfo.




Recorrido del desfile triunfal



El desfile comenzaba con una fanfarria de trompetas que anunciaban que se aproximaba el triunfo. A los heraldos les seguía una columna de carros cargados con el botín de la campaña del general, tras de los cuales avanzaban unos elaborados dioramas sobre ruedas, una especie de escenarios portátiles o maquetas, que ilustraban ante el público dónde y cómo había obtenido la victoria el general. Después venía un grupo de bueyes blancos con los cuernos dorados y otros animales, en muchos casos exóticos provenientes de los territorios conquistados y que serían sacrificados. Por ejemplo, durante el triunfo de César tras su victoria en Egipto, se vieron por primera vez en suelo europeo jirafas, las cuales causaron gran sensación. Seguía el desfile los prisioneros apresados durante la campaña, cargados de cadenas, quienes eran abucheados por la muchedumbre mientras marchaban pesadamente tras ellos. Algunos prisioneros eran vendidos más tarde como esclavos, mientras que otros eran enviados al anfiteatro a combatir. A los caudillos enemigos les esperaban otros destinos muy diversos. Mientras a algunos se les perdonaba la vida, a otros se les ejecutaba en público tras finalizar el triunfo. Por fin, después de los prisioneros aparecían los magistrados y senadores dando paso al general. 




Triunfo romano a su paso por el Foro (Ilustración de Peter Connolly)


Este iba montado en un carro dorado (una cuadriga que se guardaba con reverencia en un templo), tirado por cuatro caballos blancos y adornado con hojas de laurel, el símbolo de la victoria. El general agasajado llevaba las ornamenta triumphalia: ornamentos que consistían en una corona de hojas de laurel (signo de purificación), una coraza decorada con el motivo de la palma de oro (un símbolo de victoria) y una capa púrpura con bordados de oro. El general sostenía una rama de laurel en una mano y, con frecuencia, un cetro de marfil coronado con un águila de oro.  Además llevaba el rostro pintado de color rojo en representación de Júpiter Óptimo Máximo, la divinidad principal del Estado romano. A su lado, un esclavo sostenía una corona de oro sobre su cabeza, y a la vez le recordaba que era sólo un hombre, aunque en ese momento personificara al padre de los dioses. Un triunfo, además de aportar gran popularidad y prestigio al general, se le erigía en us honor una estatua en el Foro y se le concedía un importante premio en metálico, con el que se esperaba que hiciera construir un monumento público, como, por ejemplo, un arco del triunfo.


Detrás del general, iban los músicos y las cohortes representativas de sus legiones victoriosas. Los estandartes se elevaban airosos y los legionarios marchaban con orgullo, alternando los vítores para su general triunfante y canciones o chistes irreverentes sobre él, lo cual permitía la tradición. Al llegar al Templo Capitolino, el general depositaba su rama de laurel en las rodillas de la estatua de Júpiter y, asistido por varios sacerdotes, celebraba los sacrificios rituales. A continuación y por último, se celebraba el banquete triunfal. Este solía durar varios días, e iba acompañado de fiestas y juegos en el circo.



Bibliografía:

-Legiones de Roma: La historia definitiva de todas las legiones imperiales romanas (Stephen   Dando Collins)

-Revista Historia National Geographic Nº 175





Los "ultras" y los disturbios de Niká

 


Ilustración inferior de Ángel García Pinto


Muchas veces vemos en la televisión peleas y enfrentamientos de ultras de equipos de fútbol y reflexionamos sobre si el fanatismo en el fútbol se nos está yendo de las manos. Lo curioso es que hemos avanzado mucho, y si alguna vez ha habido una verdadera pelea de ultras, fue la ocurrida hace 1500 años en el imperio bizantino, nada que ver con las que ocurren hoy en día.


Las carreras de cuadrigas en Bizancio, fueron menos importantes que las de Roma. En el siglo VI D.C, seguían existiendo los clubes, siendo los más importantes los Verdes y los Azules. No obstante, ya no eran simples equipos, sino que también ganaban influencia en lo concerniente a lo militar, la política y la teología; por ejemplo, los Verdes tendían al monofisismo mientras que los Azules permanecían en la ortodoxia. También se convirtieron en algo parecido a las actuales bandas callejeras, siendo responsables de robos y asesinatos. Durante el siglo V d .C. , los disturbios se habían descontrolado.  Procopio de Cesarea escribió lo siguiente:


“La población de las ciudades se había dividido desde hace tiempo en dos grupos, los Verdes y los Azules... sus miembros (de cada facción) luchaban contra sus adversarios... no respetando ni matrimonio ni parentesco, ni lazos de amistad, incluso aunque los que apoyaban a diferentes colores pudieran ser hermanos o tuvieran algún otro parentesco.”


Esta rivalidad estaba agravada por un trasfondo político y teológico, pues mientras que los Verdes estaban formados mayoritariamente por comerciantes y arrendatarios de servicios y bienes públicos y profesaban el monofisismo, los Azules eran principalmente terratenientes o aristócratas y practicaban el cristianismo oficial. Justiniano apoyaba a estos últimos. Tal era la rivalidad y tensión en la ciudad que durante el reinado de Justiniano I, en el año 532 d. C. , ocurrieron los famosos disturbios de Niká. La revuelta comenzó en el Hipódromo  y se fue extendiendo por toda la ciudad, atacando y destruyendo edificios públicos como el Gran Palacio y la iglesia más importante de la ciudad, Santa Sofía, que más tarde sería reconstruida por Justiniano. Los rebeldes llegaron a nombrar hasta un nuevo emperador, Hipatio. Finalmente, el famoso general Belisario, los rodeo a todos en el hipódromo matandolos a todos y creando una masacre. Se calcula que murieron 30.000 rebeldes. Desde este incidente, la popularidad de las carreras de carros fue disminuyendo, aunque no solo por lo ocurrido, sino por los altos costes económicos que llevaban consigo estas carreras.



La verdadera historia de los protagonistas de la serie "Roma"



Fotograma de la serie Roma e ilustración  de Peter Connolly


La muy conocida serie Roma de HBO, mezcla tanto historia como ficción, siendo un ejemplo de ello la historia de sus dos principales protagonistas, Lucio Voreno y Tito Pulón, centurión y legionario respectivamente de la Legio XIII Gemina. Ambos personajes están basados en dos personas que sí existieron. Para encontrar lo que realmente sabemos de ellos debemos irnos a Comentarios sobre la guerra de las Galias, del propio Julio César, exactamente al capítulo 44 del Libro V. En él, de forma más extensa, se nos cuenta lo siguiente. Siendo el 54 a. C., los nervios atacaron a la Legio IX Hispana cuando se encontraba acuartelada. 

En esta legión, había dos centuriones valerosísimos  llamados Tito  Pulón y Lucio Voreno que competían continuamente el uno con el otro por ver quien destacaba más. Durante el ataque de los nervios, Pulón le dijo a Voreno: “¿A que esperas, Voreno? ¿O cuándo piensas demostrar tu valor? Esta jornada decidirá nuestras competencias”. Tras ello, Pulón salió de las fortificaciones directo a por el enemigo. Tras resultar herido, su competidor Voreno corrió a ayudarle, desviando la atención de todos los enemigos, que daban ya a Pulón por muerto. Con gran ímpetu, Voreno consiguió matar a varios y hacer huir a otros cuantos, a los que decidió perseguir con excesivo ardor. Consecuencia de ello fue que cayese en un hoyo quedando atrapado y rodeado de enemigos. Para su fortuna, su competidor Pulón, corrió en su ayuda para rescatarlo, salvandole la vida y devolviéndole el favor. Lucharon entonces hombro con hombro, y tras matar a muchos se retiraron al campamento cubiertos de gloria. 


Centuriones romanos de época cesariana, el de la derecha preparado para el combate (Graham Sumner).  Caracterizados a semejanza de los actores de los personajes en la serie. 


César nos dice que ninguno destacó más que el otro, pues ambos se salvaron la vida, resultando la competencia entre ambos quedar en empate aquel día. Por otro lado, también nos dice que pronto serían ascendidos a los primeros órdenes. Sobre Lucio Voreno no volvemos a saber nada más, al contrario que sobre Pulón. Durante la guerra civil, tras ser obligado a rendirse, se pasó al bando pompeyano convenciendo a muchos a hacer lo mismo. Su última aparición conocida es defendiendo valerosamente el campamento de Pompeyo tras la batalla de Farsalia, pudiendo ser en esta escena donde perdiera la vida.  

Bibliografía:

-Comentarios sobre la guerra de las Galias, Julio César. Cículo de Lectores, Editorial Gredos (2007)




 

Viriato y la rebelión lusitana

 


Ilustración superior de Darren Tan, inferior de Akshay Misra


Viriato es conocido por ser uno de los mayores enemigos de Roma. Su historia ha sobrevivido al paso del tiempo gracias a Apiano y Diodoro de Sicilia, autores romanos. Sabemos poco acerca de él, ni dónde nació ni si era guerrero o pastor, las fuentes se contradicen en eso. Lo que sí sabemos es que pertenecería a alguna tribu lusitana de la cual se convirtiría en jefe por elección. En plena expansión romana por Hispania, unos 10 000 lusitanos fueron asesinados a traición por Galba cuando negociaban un acuerdo de paz, y otros 20.000 serían esclavizados. Entre los supervivientes se encontraba Viriato, el cual liderará a los lusitanos en una rebelión que traerá grandes problemas a Roma. Galba sería más tarde juzgado por el Senado pero resultaría absuelto. 


Es el año 147 a. C.  y Viriato obtiene grandes victorias tras vencer a algunos ejércitos romanos y tomar diferentes ciudades. Es entonces cuando comienza a usar la famosa táctica de guerrillas, la cual no inventó él, retirándose cuando es necesario mientras hostiga y embosca al enemigo. La situación cambia en el 145 a. C. cuando tras haber vencido a Cartago, Roma se centra en la guerra lusitana enviando nuevas tropas y recursos. Esta conseguirá hacer retroceder a los lusitanos, pero no capturar a Viriato, el objetivo principal y clave si querían acabar con la rebelión. En el año 140 a. C., con la incorporación de nuevos pueblos celtíberos a la rebelión, da comienzo la llamada tercera guerra celtíbera  y como si de una partida por turnos se tratara, es ahora Viriato quien hace retroceder a los romanos.





Desesperada, tras ver que después de muchos intentos no ha conseguido cambiar la situación, Roma envía a Serviliano junto a un enorme ejército el cual incluía hasta 10 elefantes. El cónsul romano logró liberar varias ciudades y vencer a un gran ejército lusitano no sin dificultad, pero para lamento de Roma, mientras asedia la ciudad de Erisan, es cercado por Viriato, tras lo cual se ve obligado a firmar la paz. En ese tratado se le concede la independencia a las tierras de Lusitania poseídas por Viriato,​ además de ser reconocido como jefe de los lusitanos y recibir el título de amigo del pueblo romano. El sueño de Viriato de unir a todos los lusitanos bajo un mismo reino independiente a Roma parecía haberse cumplido pero, ¿cumplirá Roma su tratado?




Poco tiempo después de haberse firmado la paz, en ese mismo año, en el 140 a. C., se retomaron las hostilidades. En Roma muchos consideraron vergonzoso el tratado llevado a cabo, ya que era sinónimo de derrota. Fue enviado a Hispania el cónsul Cepión, quien comenzó a perseguir a Viriato mientras este realizaba una difícil huida mientras era hostigado constantemente por más tropas romanas. Ahora si el fin del caudillo lusitano se acercaba. La crítica situación en la que se encontraba le hizo verse obligado a pactar con Roma, aunque las negociaciones fracasaron. En un segundo intento, el caudillo lusitano envió a los turdetanos Audax, Ditalco y Minuro como embajadores para negociar con el propio Cepión. Estos sin embargo, pactaron traicionar a Viriato y asesinarlo a cambio de riquezas y tierras.
La leyenda cuenta que, al volver al campamento lo mataron mientras dormía, clavándole un puñal en el cuello, puesto que Viriato siempre dormía con su armadura puesta.​ A continuación estos marcharon al campamento romano a cobrar la recompensa, dónde Cepión les habría negado esta con la frase: “Roma no paga a traidores”. Hoy en día se considera que posiblemente la frase fuese una invención posterior, tal vez por los propios romanos para ocultar el hecho de ser responsable de tal traicionero asesinato. No era costumbre para los romanos aprobar la muerte de un jefe rival a manos de sus propios hombres.

Asesinato de Viriato
  
  Cuadro La muerte de Viriato, jefe de los lusitanos (1807), de José de Madrazo 


Tras su muerte, Viriato recibió un magnífico funeral por parte de su ejército, el cual le fue leal durante todo el transcurso de la guerra, ya que no se conocen deserciones ni motines contra él. La muerte de Viriato supuso el comienzo del fin de la resistencia lusitana en Hispania. Táutalo, el sucesor de Viriato, tras varios fracasos, se vió obligado a firmar la paz con Cepión. Como era de esperar, ésta fue beneficiosa para los romanos, que se quedaron con la mayoría de territorios por los que se había luchado. A pesar de la derrota lusitana, los romanos no conseguirían pacificar Lusitania hasta tiempos de Augusto, más de cien años después. Viriato pasaría a la historia como un héroe, aquel que se enfrentó a la mayor potencia bélica de la época y al que solo consiguieron vencer mediante la traición. Un héroe convertido en leyenda, un héroe llamado...Viriato.



Bibliografía:

-Desperta Ferro Antigua y Medieval N.º 61: "Viriato. Terror de Roma"


Cesarión, el hijo de Roma y Egipto

 


Fotograma superior de la serie Roma, 
imagen inferior de un busto atribuido a Cesarión
 

Ptolomeo XV Filópator Filómetor César, apodado por los alejandrinos como Cesarión “Pequeño César” fue un faraón de la dinastía ptolemaica. Parece no haber duda respecto a que su madre fue Cleopatra VII, última reina de Egipto. Respecto de la atribuida paternidad de Julio César, no se puede asegurar con certeza. en todo caso, el niño era ilegítimo, y al no ser adoptado no podía ser ciudadano romano. 


Aunque no está claro cuándo vino al mundo Cesarión, lo más probable es que su madre le diera a luz en Alejandría el 23 de junio del año 47 a. C.,​ trasladándose a Roma, donde vivió hasta que se produjo el asesinato de César, ya que Cleopatra y él regresaron inmediatamente al país del Nilo. A finales del 34 a. C. en las Donaciones de Alejandría,  a Cesarión se le nombró corregente de Egipto, Chipre, Libia y la parte sur de Siria, subordinado a su madre, y también fue nombrado rey de reyes, a la vez que se le proclamaba hijo y heredero legítimo de César, pese a que él no lo había reconocido. Esta declaración fue la causa de la ruptura definitiva en las relaciones de Marco Antonio con Octavio. El poder de este descansaba fundamentalmente en el hecho de ser considerado como el heredero de César por adopción, lo cual le garantizaba el apoyo del pueblo romano y la lealtad de las legiones. El hecho de que Cesarión hubiera sido anunciado como el hijo legítimo de César y su heredero, ponía en peligro su futuro.



Cleopatra y Cesarión a la izquierda de la imagen. Templo de Dendera, Egipto

En el año 30 a. C. Octavio invadió Egipto, decidido a asesinar a Cesarión. Cleopatra intentó proteger a su hijo enviándolo al puerto de Berenice, en el mar Rojo, para que viajase a la India.​ Sin embargo, poco después de la muerte de Cleopatra, Cesarión, por consejo de su tutor, quien creía que era mejor confiar en Octavio, regresó a Alejandría, donde fue asesinado a la edad de 17 años.


Para muchos pudo haber sido una suerte ser hijo de dos de las personas más poderosas de la época, pero para él, fue su perdición. Como hemos comentado no se puede garantizar si era realmente hijo de César, pero para los ojos del pueblo egipcio y parte del romano lo era, y eso fue lo que marcó su vida, aquel niño hijo de Roma y Egipto, cuya temprana muerte supuso la inevitable pérdida de independencia del país egipcio, que quedaría finalmente anexionado a Roma.



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Arquímedes de Siracusa



(Ilustración superior es de Johnny Shumate)

Arquímedes es considerado uno de los grandes físicos y matemáticos de la historia. Nacío en el 287 a.C., en la ciudad griega de Siracusa, en la isla de Sicilia. Esta ciudad tuvo un gran importancia en su época, rivalizando con potencias como eran Cartago o Roma. Sobre su vida personal no sabemos nada, ni si se casó ni si tuvo hijos. Se sabe que un amigo de Arquímedes, Heráclides, escribió una biografía sobre él, aunque este libro se perdió. Según el historiador Diodoro, durante su juventud estudió en Alejandría, algo bastante probable. Los oficios de Arquímedes no fueron pocos; físico, ingeniero, inventor, astrónomo y matemático griego, y su legado fue impresionante. Entre sus avances en física se encuentran sus fundamentos en hidrostática, estática y la explicación del principio de la palanca. Es reconocido por haber diseñado innovadoras máquinas, incluyendo armas de asedio y el tornillo de Arquímedes. Este último, conocido actualmente como tornillo sin fin,es conocido gracias al de Siracusa, aunque hay hipótesis de que se usara en el antiguo Egipto. Sus aplicaciones hoy en día son incontables. En matemáticas también destacó notablemente. Hizo un gran trabajo en el cálculo de áreas, y dió un valor más preciso al número Pi. Arquímedes también nos dejó frases célebres como “Eureka” o “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, ambas atribuidas a él, aunque no hay evidencias de que las pronunciase realmente. Respecto a la primera frase, se cuenta que Arquímedes pronunció esta palabra tras descubrir el que ahora se denomina Principio de Arquímedes que establece la relación entre el volumen de un cuerpo sumergido y la fuerza de flotación que este experimenta. Este hallazgo lo habría realizado mientras se encontraba sumergido en la bañera y tal fue su alegría que salió corriendo a las calles de Siracusa desnudo gritando ¡Eureka! (‘¡Lo he descubierto!





Un acontecimiento clave en la vida de Arquímedes y que acabaría con esta sería el sitio de Siracusa. Este sitio, ocurrido desde el 214 a.C y el 212 a.C durante la segunda guerra púnica, acabó con la destrucción de la ciudad por parte de los romanos. Arquímedes destacó en la defensa de la ciudad, proporcionando sus conocimientos para máquinas y armas. El general Marcelo, ordenó no herir a Arquímedes, sin embargo, fue asesinado por un soldado romano mientras realizaba un problema matemático en el suelo. Son varias las versiones que se nos cuentan, y algo contradictorias, aunque todas coinciden en lo mencionado. Las últimas palabras atribuidas a Arquímedes fueron "No molestes mis círculos", en referencia a los círculos en el dibujo matemático que supuestamente estaba estudiando cuando lo interrumpió el soldado romano. Un final trágico para uno de los mayores intelectuales de la historia, Arquímedes de Siracusa.



 

Las carreras de Maratón






La historia del nombre de esta prueba deportiva, la maratón, la hemos oído en numerosas ocasiones, pero lo cierto es que en la mayoría de los casos es errónea. Su origen está en  dos personajes y episodios distintos. El primero es Filípides (o Fidípides), de quien nos habla Heródoto (VI. 105). Según nos cuenta el historiador griego, cuando el ejército persa desembarcó en la llanura de Maratón, Filípides recorrió los 225 km que separaban a Atenas de Esparta en poco más de un día para pedir ayuda a los espartanos en la guerra que se avecinaba. Ciertas tradiciones en el calendario espartano hicieron que el ejército partiera con demora y llegara tarde a la batalla, habiendo ya concluido y siendo en vano la gesta de Filípides. El segundo personaje es el heraldo Tersipo o Eucles, quien según nos cuenta Plutarco en su obra Moralia, tras acabar la batalla, recorrió los 42 km que separan la llanura de Maratón de Atenas para avisar a los atenienses de su victoria e infundirles ánimos en la defensa de la urbe ante el posible ataque que se aproximaba por parte de la flota persa.

Será Luciano de Samosata, autor del siglo II d. C., quien confundirá a ambos personajes afirmando que fue Filípides quien recorrió los 42 km hasta Atenas, y añade que al poco de llegar, murió de agotamiento. Esta confusión del autor sirio, es la historia que desafortunadamente se sigue contando hoy en día.

Siglos más tarde, en los juegos de Atenas de 1896, se incorporó la carrera de maratón, en honor a la carrera de Tersipo. Esta era de unos 42 km exactos, aunque la longitud moderna es de 42.195 metros, siguiendose la que se estableció en los Juegos Olímpicos de Londres de 1908. Por su parte, la gesta de Filípides no quedó en el olvido, y desde 1983, se celebra anualmente la Espartatlón, una carrera de 246 km que va desde Atenas a Esparta.

 


Bibliografía:

-Desperta Ferro Antigua y Medieval N.º 57: "Maratón"


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Augusta Emerita, la ciudad de Mérida





Acabadas las guerras cántabras en el norte de España, fue fundada por orden de Augusto una colonia de veteranos a orillas del Guadiana. Su nombre sería Augusta Emerita, actualmente Mérida. Este procede de “Augusta”, al haber sido fundada por Octavio Augusto, y de “Emeritus” que significa “retirado”, refiriéndose a los veteranos. Cuando un legionario se licenciaba, es decir, cumplía sus años de servicio, debía recibir parcelas de tierras como recompensa. Originalmente, estas debían estar en Italia, aunque Octavio siguió la tradición de César de entregar tierras de otras provincias del Imperio. Augusta Emerita nació para los veteranos de la Legio V Alaudae y Legio X Gemina, aunque más tarde se irían uniendo veteranos de otras legiones. 


La ciudad fue fundada en un punto estratégico, un lugar cercano a Hispalis pero más al norte de por entonces la zona más romanizada y estabilizada, la Baetica. De esta forma, podía funcionar como un punto de abastecimiento para los ejércitos del norte, zona muy inestable donde se sucedían las revueltas y los enfrentamientos. La práctica de fundar colonias de veteranos para estabilizar y romanizar zonas era muy común, procediendo de ello gran parte de las ciudades hoy en día existentes. 


Mérida creció rápidamente hasta convertirse en capital de la provincia Lusitania. Fue enorme el esplendor que llegó a alcanzar la ciudad. Su circo, su teatro, y su anfiteatro son ejemplos de ello. El siglo III d. C., devastador en todo el imperio romano, tuvo sus consecuencias en la ciudad, perdiendo el lustre de antaño. Sin embargo, cuando Diocleciano reorganizó el mapa político, Augusta Emerita fue nombrada la capital de la diócesis Hispaniarum, que abarcaba toda la península ibérica y parte de la actual Marruecos. Consecuencia de ello fue que la decadencia a la que se enfrentaba el imperio no le afectase tanto. Sin embargo, nunca más volvería a ser aquella ciudad próspera y pujante de principios de era. 


Actualmente, Mérida es una ciudad perteneciente a la provincia de Badajoz, aunque es capital de la comunidad autónoma a la que pertenece, Extremadura. Aunque la actual ciudad no se puede comparar con lo que antaño fue, su legado aún perdura.


Desperta Ferro Mérida, J.R. Casals

Recreación digital de Augusta Emerita realizada por Josep R. 
Casals para la revista Desperta Ferro


Bibliografía: 

-Desperta Ferro Arqueología e Historia  n.º 32 "Mérida romana" 


Qué lugares debes visitar (relacionados con el mundo antiguo)


A continuación una lista de los principales lugares para visitar de la ciudad, no todos. Para obtener más información sobre los diferentes monumentos y demás visita:

http://turismomerida.org/que-ver/


Teatro y anfiteatro (ver ubicación)

Uno de los teatros mejor conservados del mundo romano y seña de identidad de la ciudad,  además de Patrimonio de la Humanidad como parte del conjunto arqueológico de Mérida. Es visita obligada junto al anfiteatro romano, próximo a este.

Augusta Emerita, Mérida romana

Augusta Emerita, Mérida romana


Templo de Diana (ver ubicación)

La estructura de este templo ha sobrevivido al tiempo gracias a su reutilización en otros edificios como una iglesia o un palacio. Forma parte también del conjunto, un edificio  visitable donde podremos encontrar salas donde saber más sobre el templo y la religión romana. A modo de curiosidad, no estaba dedicado a Diana, aunque lo indique su nombre actualmente.

Augusta Emerita, Mérida romana


Museo Nacional de Arte Romano (ver ubicación)

Contiene una de las colecciones de época romana más importante y grande de toda España. La gran cantidad de hallazgos arqueológicos de la ciudad, enriquecen notablemente el museo, y dan muchos datos de como era una ciudad romana. Cabe destacar la gran cantidad de imponentes mosaicos que podremos ver, además de los restos de algunas viviendas que se encuentran dentro del museo. Visita obligada para todo amante del arte o la cultura romana.

Augusta Emerita, Mérida romana

Augusta Emerita, Mérida romana


Basílica de Santa Eulalia (ver ubicación)

Esta basílica fue construida donde según la leyenda fue construida sobre el túmulo funerario de la mártir cristiana y hoy en día patrona de la ciudad. Además del templo en sí, lo que nos interesa es la cripta. Las excavaciones han sacado a la luz las ruinas de algunas casas romanas, así como una necrópolis cristiana establecida tras el abandono de ese terreno. Destacan los vestigios del primer túmulo funerario de Santa Eulalia, el cual conserva parte de su pintura. Visita muy recomendable.

Augusta Emerita, Mérida romana


Augusta Emerita, Mérida romana

Circo romano (ver ubicación)

Erigido extramuros de la ciudad y con una planta ovalada de unos 440 m de longitud por 115 m de ancho, este circo fue uno de los más importantes de todo el Imperio Romano después el Circo Máximo de Roma. Hoy en día podemos visitar algunos restos que hacen perfectamente distinguible las dimensiones del circo. Además, se encuentran junto a un centro de interpretación con interesantes carteles que te ayudarán a comprender mejor las carreras de cuadrigas y el circo en sí.

Augusta Emerita, Mérida romana


Casa del anfiteatro (ver ubicación)

Este recinto, visitable desde 2020, es conocido como Casa del Anfiteatro, e incluye un tramo de la muralla, otro de la conducción del acueducto de San Lázaro, una torre de decantación de agua del mismo, restos de dos viviendas y un mausoleo. Las casas, datadas a finales del s. I d. C., conservan restos de sus patios, pasillos y habitaciones, algunas pavimentadas con mosaicos. 

Augusta Emerita, Mérida romana

Casa del Mitreo y columbarios (ver ubicación)

Esta casa construida a extramuros, perteneció a alguna familia con relevancia dentro de la sociedad emeritense, pues así lo indica su extensión y la decoración de algunas de sus estancias. Gracias al gran trabajo arqueológico realizado son perfectamente distinguibles las estancias, los pasillos y los tres patios de esta enorme vivienda. Además, podemos ver algunos suelos que conservan sus mosaicos así como restos de policromía en algunas paredes, lo cual facilita el imaginarse como fue un día la vivienda. En la zona del columbario, se encuentran diferentes formas de monumentos funerarios, hablamos de estelas, cupas, mausoleos y columbarios.


Augusta Emerita, Mérida romana

Augusta Emerita, Mérida romana

Acueducto de Los Milagros (ver ubicación)

Augusta Emerita, Mérida romana


Colección Visigoda (ver ubicación)

Es la mejor colección de la escultura visigoda en España. Comprende varios grupos: 

-Conjunto constituido por las piezas decoradas procedentes de la estructura arquitectónica. 
-Mobiliario litúrgico, como pilastrillas de altar, mesas y pies de altar
-Nichos u hornacinas.
-Placas de cancel como elemento mobiliario litúrgico. 
-Otro grupo constituido por una pila bautismal, un fragmento de canalización decorada y algunas inscripciones.

Augusta Emerita, Mérida romana


Puente romano (ver ubicación)


Augusta Emerita, Mérida romana


Arco de Trajano (ver ubicación)

Gran arco romano construido como tal vez puerta monumental de entrada al supuesto primer recinto de la ciudad​ o  como posible arco triunfal. Si bien es llamado Arco de Trajano, no hay ningún fundamento para considerar que existe alguna relación con el emperador romano.


Augusta Emerita, Mérida romana


Pórtico del Foro municipal (ver ubicación)

Se trata de la esquina de un pórtico monumental que formaba parte del grandioso programa propagandístico del antiguo Foro Municipal de Augusta Emerita. Se pueden observar  grandes columnas corintias sobre las cuales  descansa un ático con metopas en las que se alternan medallones y cariátides portando cráteras. Los muros de cierre presentan grandes hornacinas en las que iban dispuestas tanto estatuas de la familia imperial como de dioses y mitos ligados a la historia de Roma y a la familia de Augusto.


Augusta Emerita, Mérida romana



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